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astrid.rhys.jones@hotmail.com

domingo, 19 de diciembre de 2010

Llenemos el abismo

El acantilado y un abismo. No a tus pies, no. Dentro de ti. Empieza en el estómago y absorbe todo como un agujero negro, llenándote de nada y vaciándote de todo. Gritas y gritas pero no hay nadie en tu interior que oiga tu alma, y la persona que puede hacerlo se está tapando los oídos.

Lloras angustiada, buscando algo que te ate a la vida. Que te diga que todavía vale la pena seguir, que llene ese negro abismo, o que por lo menos te lo ilumine para mostrarte la forma de continuar.

Pero te obcecas. Quieres que sea esa persona justamente, la que se está tapando los oídos la que lo haga. Y lo intentas, y lo intentas, y lo intentas. Una y otra vez. Pero no funciona y te hunde todavía más.

Así es, sí, el mal de amores. Como yo ya lo hice, a Afrika le ha tocado pasarlo ahora. ¿Desgracia? Para nada, es parte de la vida. Los golpes te harán más fuerte, no lo olvides nunca nena.

Y entonces ocurre. Cuando comprendes que tienes que pasar por esto, que pase lo que pase vas a seguir siendo tú, con tu sonrisa, con tus locuras, con tus ideas de colores... es cuando por fin, puedes seguir adelante.

Vuelves a gritar y estiras la mano. Sorpresa, alguien te la agarra. Con firmeza, y te susurra que no te va a soltar, que llenará el vacío y el abismo. Que no dejará que te hundas y que volaréis bien alto. Es la amistad.

Un amigo, una amiga. Y de repente, ya esa persona que se tapa los oídos no parece tener ya tanta importancia. Así, con el tiempo, con lloros y risas y alguna pequeña ayudita, el abismo desaparecerá lleno de ti, de tu alegría y de tus ganas de vivir.

Afrika, cuando estés preparada, extiende la mano, no dudes de que te agarraré.

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Retazos de una vida pasada, pero no por ello menos válido.

Que no te engañen. No existen los cuentos de hadas, las princesas viven en cuentos de terror. Cuentos donde nadie dice lo que piensa, ni hace lo que desea; sino lo que se supone que tiene que decir y hacer. Allí, los vestidos y zapatos son incómodos, no dejan correr; ni vivir en realidad. Los príncipes no son tan buenos y no protegen, solo aprisionan y ahogan. Los dragones a su lado son una bendición, y es que por lo menos a esos puedes odiarlos. Porque el problema comienza cuando quien amas es quien te está matando por dentro.