Soul of music.
astrid.rhys.jones@hotmail.com
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miércoles, 11 de enero de 2012
Por bipolar.
Primera visión del día: Me hundo
Hoy echaba de menos ver a Aitor, hace muchísimo tiempo que no lo veo. Hay tantas cosas que me gustaría decirle, contarle, recordarle que me tiene aquí. No sé, tonterías mías.
Por otro lado echo de menos también a mi grupo de gentuza malnacida de bares de mala muerte. Desde Saray hasta Jon. Últimamente solo hablo con David y Bucay, los dos como yo, en un mes frenético. Echo de menos a Karl, ausentísimo y ajenísimo a mí, pero supongo que es lo suyo.
No queda otra más que cuadrar los hombres, tensar los músculos y esperar a febrero.
Segunda visión del día: Resucito
Primera etapa de este frenético mes superado, y con éxito. Esto pinta bien. Encima las chicas han conseguido hoy también alegrarme el día. Vale quizás no pueda irme de compras -estoy necesitando toda mi fuerza de voluntad para no mandar todo a paseo e irme corriendo a arrasar con toda la Gran vía- pero la cuestión es, que no me hace falta. Ya van ellas, y hoy...
Surprise! surprise! Me han whatsappeado, que habían encontrado mi mítico pintalabios, ese que taaaaaaantísimo tiempo estuve buscando y no encontré, que me lo cogían. Podrá parecer una tontería pero mira, cuando estás de papeles hasta arriba, no tienes ni tiempo para arreglarte el pelo y tus uñas parecen salidas de doce horas de lavar platos, que te digan que tu amado pintalabios está en camino te hace pensar, pensar y recordar.
Que tienes una vida, que esto no es permanente, que vale la pena y, sobre todo, que voy a poder gastar la mitad de esa barra de labios matándolas a besos.
Hoy echaba de menos ver a Aitor, hace muchísimo tiempo que no lo veo. Hay tantas cosas que me gustaría decirle, contarle, recordarle que me tiene aquí. No sé, tonterías mías.
Por otro lado echo de menos también a mi grupo de gentuza malnacida de bares de mala muerte. Desde Saray hasta Jon. Últimamente solo hablo con David y Bucay, los dos como yo, en un mes frenético. Echo de menos a Karl, ausentísimo y ajenísimo a mí, pero supongo que es lo suyo.
No queda otra más que cuadrar los hombres, tensar los músculos y esperar a febrero.
Segunda visión del día: Resucito
Primera etapa de este frenético mes superado, y con éxito. Esto pinta bien. Encima las chicas han conseguido hoy también alegrarme el día. Vale quizás no pueda irme de compras -estoy necesitando toda mi fuerza de voluntad para no mandar todo a paseo e irme corriendo a arrasar con toda la Gran vía- pero la cuestión es, que no me hace falta. Ya van ellas, y hoy...
Surprise! surprise! Me han whatsappeado, que habían encontrado mi mítico pintalabios, ese que taaaaaaantísimo tiempo estuve buscando y no encontré, que me lo cogían. Podrá parecer una tontería pero mira, cuando estás de papeles hasta arriba, no tienes ni tiempo para arreglarte el pelo y tus uñas parecen salidas de doce horas de lavar platos, que te digan que tu amado pintalabios está en camino te hace pensar, pensar y recordar.
Que tienes una vida, que esto no es permanente, que vale la pena y, sobre todo, que voy a poder gastar la mitad de esa barra de labios matándolas a besos.
domingo, 8 de enero de 2012
Amores y trabajos
En realidad debería estar durmiendo para seguir trabajando mañana... Culpable. Pero me apetecía demasiado escribir. Estos días estoy desconectada del mundo, de mis chicas, de mis chicos, de todos cuanto quiero. Y es que este va a ser un mes estresante: salgo pronto y vuelvo tarde. Pero si todo va según lo previsto, habrá valido la pena, y mucho además.
Las noticias del exterior me llegan con cuentagotas. Pero casi mejor eh, ¡que sino me dan envidia! A Bucay lo veo más porque la cercanía lo permite pero él también está de trabajo hasta arriba y con poca cosa que contar. El resto de lo que sé me viene online: Karl con un nuevo ligue -¿habrá que ponerle nombre?-, David pues con sus rollos como siempre -tengo que mantener con él una charla urgente, pero habrá que esperar a febrero... y eso siendo urgente, ay dios-, de las chicas poco nuevo la verdad. Más amores, qué pasa? últimamente todo el mundo se enamora? Debo de ser el bicho raro, a tope. Kira anda colgadísima perdida por un tío que, desde luego, me gusta para ella; tiene buen gusto. Es un buena gente, solo espero que empiece a dar pasos hacia él! Que si no te mueves nada se mueve Kira!
Siguiendo con los amores está Ela. Bueno, ya dije que tenía novio verdad? Pues que deje de acapararla del todo! Tengo ganazas de verla! Al fin y al cabo la necesito, joder, la echo en falta.
Pues así va el mundo. Mientras unos se enamoran, otros intentamos hacer lo propio con nuestro trabajo... ¡y es que alguien tendrá que levantar el país! Me gusta. Más que nunca, siento que las cosas funcionan sin que tenga que controlar nada.
Las noticias del exterior me llegan con cuentagotas. Pero casi mejor eh, ¡que sino me dan envidia! A Bucay lo veo más porque la cercanía lo permite pero él también está de trabajo hasta arriba y con poca cosa que contar. El resto de lo que sé me viene online: Karl con un nuevo ligue -¿habrá que ponerle nombre?-, David pues con sus rollos como siempre -tengo que mantener con él una charla urgente, pero habrá que esperar a febrero... y eso siendo urgente, ay dios-, de las chicas poco nuevo la verdad. Más amores, qué pasa? últimamente todo el mundo se enamora? Debo de ser el bicho raro, a tope. Kira anda colgadísima perdida por un tío que, desde luego, me gusta para ella; tiene buen gusto. Es un buena gente, solo espero que empiece a dar pasos hacia él! Que si no te mueves nada se mueve Kira!
Siguiendo con los amores está Ela. Bueno, ya dije que tenía novio verdad? Pues que deje de acapararla del todo! Tengo ganazas de verla! Al fin y al cabo la necesito, joder, la echo en falta.
Pues así va el mundo. Mientras unos se enamoran, otros intentamos hacer lo propio con nuestro trabajo... ¡y es que alguien tendrá que levantar el país! Me gusta. Más que nunca, siento que las cosas funcionan sin que tenga que controlar nada.
miércoles, 4 de enero de 2012
Que no todo lo controlo.
Supongo que de alguna manera acabo de tomar conciencia absoluta de algo: no puedo tener TODO bajo control. Es imposible porque NO TODO DEPENDE DE MÍ.
Puedo tener todo lo que quiera, o eso me digo siempre ¿y no es verdad? Si quiero sexo puedo tenerlo y es que no dependo de ningún tío en concreto. Si quiero comprarme algo tengo unos fondos más que razonables para hacerlo. Si quiero salir tengo unas amigas y unos amigos que están siempre dispuestos. No me falta nada, o ¿sí? Hoy quería algo, no sé, alguien. Quiero enamorarme y que sea correspondido. Pero no, eso no está ni a un telefonazo ni se consigue a golpe de tarjeta.
No puedo controlarlo. Nadie puede, de hecho. Aunque eso no me consuela. Porque yo soy la que tienen la obsesión con el control, con que todo encaje, con que todo fluya por donde ella quiere. Aggg, me siento estúpida. ¿Qué me pasa? No sé, quizás sea cosa de estos días. Pero me da que no.
Porque últimamente ya no quiero acostarme con nadie, últimamente solo quiero dormir con alguien.
Puedo tener todo lo que quiera, o eso me digo siempre ¿y no es verdad? Si quiero sexo puedo tenerlo y es que no dependo de ningún tío en concreto. Si quiero comprarme algo tengo unos fondos más que razonables para hacerlo. Si quiero salir tengo unas amigas y unos amigos que están siempre dispuestos. No me falta nada, o ¿sí? Hoy quería algo, no sé, alguien. Quiero enamorarme y que sea correspondido. Pero no, eso no está ni a un telefonazo ni se consigue a golpe de tarjeta.
No puedo controlarlo. Nadie puede, de hecho. Aunque eso no me consuela. Porque yo soy la que tienen la obsesión con el control, con que todo encaje, con que todo fluya por donde ella quiere. Aggg, me siento estúpida. ¿Qué me pasa? No sé, quizás sea cosa de estos días. Pero me da que no.
Porque últimamente ya no quiero acostarme con nadie, últimamente solo quiero dormir con alguien.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Placentero desconcierto.
Este fin de semana me ha dado mucho sobre lo que pensar. En otras circunstancias habría entrado en fase de ataque de nervios muy pronto, pero conseguí controlarlo, consiguió que lo controlara. Curioso, muy curioso. Ahora solo me queda recuperar mi preciosa pulsera, cero valor monetario, mucho valor sentimental. Todavía me cuesta respirar un poco, pero creo que es más por el exceso de cafeína. Al fin y al cabo me he desahogado bastante con Ela, y en nada he quedado con Bucay, espero poder hablarlo con él. Todavía recuerdo cuando la vida era sencilla... qué tiempos, y ¡qué aburridos que éramos! No cambio ninguna de estas sensaciones -ni la angustia, ni la resaca, ni la falta de control, ni el control, ni nada- por nada del mundo. Me estoy volviendo una especialista en vivir.
viernes, 25 de noviembre de 2011
Excuse moi mais je ne peux pas.
Estoy de una mal humor terrible. Enfadada con todo aquel que respire, pestañee o siquiera exista. Así que respiro despacio, cierro los ojos, cuento hasta diez y me ubico. Aquí, en este mundo. El gps de cinismo estropeado y yo con el nivel de estrógenos a la altura de su ego. Así no se puede, no.
Pero ningún imprevisto -como puede ser mi humor- va a despeinarme hoy. Hoy no. Hoy toca fiesta, aunque estoy preocupada. No por la posible bronca que tanto preocupa a Bucay y Karl para el concierto de esta noche, no. A mí los criajos no me interesan. Estoy expectante. Esperando, no sé. Al fin y al cabo Dex lleva metiéndome fichas tres semanas, al menos. Es encantador, para qué negarlo. Me habla de forma cariñosa e incluso se preocupa por mi día y, aún más importante, por mí.
Mas las circunstancias le van a hacer llevarse un chasco. Porque como siempre digo, los hombres van y vienen, los amigos son para siempre. Y yo tengo muy claro a quién soy fiel. Eso supone que, aunque oficialmente yo soy simple observadora, me importa más mi manicura que sus broncas y no tomo parte en nada eso, extraoficialmente la verdad es que no haría nunca nada que pudiera ir contra Bucay o pudiera llegar a considerarse una traición a nuestra alianza de genios malvados. Soy leal a quien tengo que serlo, eso lo tengo más claro que la incompatibilidad de un chandal con zapatos de tacón.
Por tanto, el flirteo se quedará ahí. Ni affair, ni nada. Quizás en otro momento, en otra vida, en otro universo paralelo. Pero esta noche, soy de mis amigos.
Pero ningún imprevisto -como puede ser mi humor- va a despeinarme hoy. Hoy no. Hoy toca fiesta, aunque estoy preocupada. No por la posible bronca que tanto preocupa a Bucay y Karl para el concierto de esta noche, no. A mí los criajos no me interesan. Estoy expectante. Esperando, no sé. Al fin y al cabo Dex lleva metiéndome fichas tres semanas, al menos. Es encantador, para qué negarlo. Me habla de forma cariñosa e incluso se preocupa por mi día y, aún más importante, por mí.
Mas las circunstancias le van a hacer llevarse un chasco. Porque como siempre digo, los hombres van y vienen, los amigos son para siempre. Y yo tengo muy claro a quién soy fiel. Eso supone que, aunque oficialmente yo soy simple observadora, me importa más mi manicura que sus broncas y no tomo parte en nada eso, extraoficialmente la verdad es que no haría nunca nada que pudiera ir contra Bucay o pudiera llegar a considerarse una traición a nuestra alianza de genios malvados. Soy leal a quien tengo que serlo, eso lo tengo más claro que la incompatibilidad de un chandal con zapatos de tacón.
Por tanto, el flirteo se quedará ahí. Ni affair, ni nada. Quizás en otro momento, en otra vida, en otro universo paralelo. Pero esta noche, soy de mis amigos.
domingo, 30 de octubre de 2011
Y todo se reduce a eso.
La noche de ayer fue algo más que extraña. Como todavía arrastraba el catarro de la pasada semana -con faringitis y cosas varias incluidas según la doctora- me vestí a capas, tipo Shrek y decidí salir con todos a celebrar el cumple de Saray con los chicos.
Karl, David, Aitor, Enzo, Jon... incluso luego vino Bucay -pero se fue pronto que se va de puente hoy con la novia- y nos encontramos con Jake. Plagada de altibajos, comencé la noche entre pastillas -sigo mala- y cervezas.
Aitor preguntaba que me pasaba, que estaba silenciosa. No, silenciosa no, solo pensando. Karl también se quejó de mi falta de atención, que no era tal, pero bueno. La noche avanzaba, oír a Aitor, Karl y Jake improvisar es un gusto aunque acabé molesta con Aitor por un comentario sobre mi ex. Me río con David mientras vamos a orinar, es tan puro...
Aitor acaba por marcharse, como ya hizo Bucay, y nuestro grupo va disminuyendo. De ahí hacia la plaza, litros y litros de cerveza por medio. La verdad es que David hizo de repartidor de una manera asombrosa de buena. Karl y Enzo optan por irse, nosotros acabamos a la puerta de un garito.
El tiempo pasa, fluye, todo va bien, hay alcohol y tabaco. Entramos, pero está petado, consigo una cerveza y es lo único que hago, seguir bebiendo. Al final David, Saray y Jon se piran... nos quedamos Jake y yo, solos sin saber muy bien por qué. Yo me entretengo hablando con unos chavales que me pretenden narcotraficante valenciana, divertido, hablamos reímos. Y cuando me empiezan a agobiar simplemente menciono a mi "esposo", no sé cómo pero cuela y me dejan en paz. Jake por su parte habla con una chica. Pero nos acaban desalojando, y echamos a andar.
Un bocadillo y una estatua. Él con el primero y yo con la segunda, nos basta para maravillarnos a estas horas de la mañana. Empieza a hacer frío y seguimos andando, yo me dejo guiar al fin y al cabo no sé dónde estamos, así además de hablar me da tiempo a pensar sobre ciertas cosas. Llegamos al metro y cada uno por su lado. Pero soy imbécil, he bebido demasiado y yo qué sé qué más, la cuestión es que me acabo saltando mi parada. Así que vuelta para atrás y regreso a casa, con la luz de la mañana cegándome; para llegar y tras tantas charlas con tanta gente, darme cuenta de lo sola que me sentía.
Karl, David, Aitor, Enzo, Jon... incluso luego vino Bucay -pero se fue pronto que se va de puente hoy con la novia- y nos encontramos con Jake. Plagada de altibajos, comencé la noche entre pastillas -sigo mala- y cervezas.
Aitor preguntaba que me pasaba, que estaba silenciosa. No, silenciosa no, solo pensando. Karl también se quejó de mi falta de atención, que no era tal, pero bueno. La noche avanzaba, oír a Aitor, Karl y Jake improvisar es un gusto aunque acabé molesta con Aitor por un comentario sobre mi ex. Me río con David mientras vamos a orinar, es tan puro...
Aitor acaba por marcharse, como ya hizo Bucay, y nuestro grupo va disminuyendo. De ahí hacia la plaza, litros y litros de cerveza por medio. La verdad es que David hizo de repartidor de una manera asombrosa de buena. Karl y Enzo optan por irse, nosotros acabamos a la puerta de un garito.
El tiempo pasa, fluye, todo va bien, hay alcohol y tabaco. Entramos, pero está petado, consigo una cerveza y es lo único que hago, seguir bebiendo. Al final David, Saray y Jon se piran... nos quedamos Jake y yo, solos sin saber muy bien por qué. Yo me entretengo hablando con unos chavales que me pretenden narcotraficante valenciana, divertido, hablamos reímos. Y cuando me empiezan a agobiar simplemente menciono a mi "esposo", no sé cómo pero cuela y me dejan en paz. Jake por su parte habla con una chica. Pero nos acaban desalojando, y echamos a andar.
Un bocadillo y una estatua. Él con el primero y yo con la segunda, nos basta para maravillarnos a estas horas de la mañana. Empieza a hacer frío y seguimos andando, yo me dejo guiar al fin y al cabo no sé dónde estamos, así además de hablar me da tiempo a pensar sobre ciertas cosas. Llegamos al metro y cada uno por su lado. Pero soy imbécil, he bebido demasiado y yo qué sé qué más, la cuestión es que me acabo saltando mi parada. Así que vuelta para atrás y regreso a casa, con la luz de la mañana cegándome; para llegar y tras tantas charlas con tanta gente, darme cuenta de lo sola que me sentía.
domingo, 23 de octubre de 2011
Noche de viernes
El mundo está en franca decadencia. No hablo de la "pechonalidad" de las presentadoras en televisión - que por cierto, recientes estudios demuestran que son inversamente proporcionales a sus cerebros- ni del cambio climático -que ¿hola? ¿Calentamiento global? Que me lo cuenten a mí y a mi aguado verano-, ni siquiera de -como lo llamó un periódico estadounidense- la "berlusconización" que se da en este país de gente demasiado loca y gente demasiado cuerda. NO. No hablo de nada de eso; que podría pero es que prefiero hablar de mi misma y mi reino de gente extravagante, que yo al menos soy más original y quizás hasta tenga remedio. Viva mi narcisismo de enferma cínica en domingo soleado.
A ver, hablábamos de mí ¿no? Sí de mí, ah y de la decadencia de todo lo que no soy yo. En fin, esta historia tiene su espeluznante comienzo -aunque yo todavía no lo sabía- en un martes. Y es que este año los martes, día de más temprana entrada y mayor trabajo, se han convertido en el día odioso de la semana. Total, que iba yo tarde esa mañana; tanto que ni pude tomarme el café y me fui tal cual a la guerra. Con tan mala suerte que, por algún tipo de alineación planetaria o capricho del dios al que fastidiara en días anteriores, tuvo que venir a interrogarme la general de turno. Que me requerían de servicio el viernes a la noche. Mi adormecido cerebro solo logró conectar esas pocas palabras con discoteca, fiesta, nosotras, divertido. Y ¡pum! Mi boca, en clara desobediencia a mi cerebro, alma e instintos, aceptó. Creo que incluso sonreí, idiota de mí. En mi defensa alegaré que mis niveles de cafeína estaban por los suelos y mi cerebro fue incapaz de idear ninguna excusa que me librara de acompañarlas en esta tercera vez. Porque sí, era la tercera vez que me requerían y ya me había escaqueado las dos anteriores. En menos de lo que tardo en encender un cigarro, ya tenía hasta la entrada de la sala en mis manos.
Esa tarde, mientras andaba en mi cuarto intentando recuperarme de la traumática experiencia que había resultado el día, una de las generales decidió contactar conmigo "para concretar detalles". Já. Hay que admitir que me hizo sentir alagada, y es que por lo visto soy una de las pocas "vips" a las que les comentaron el evento, según me dijo -lo cual me hizo desear haber sido más borde con ellas hace unos meses, suerte que han tenido las otras-. Porque claro esas otras "no les caen bien". Como me aburría mucho le pregunté por los motivos. En palabras de la general "al trabajo se va a trabajar", y "es que ellas se creen que eso es una pasarela para lucir modelito y ligar con los compañeros" y eso no puede ser. Yo me reí educada -no tenía muy claro que se debía decir en estos casos- y ella aprovechó mi posterior silencio para empezar un ininterrumpido tiroteo contra los modelitos y ligoteos de las otras, porque como en el trabajo las tiene muy cerca está al tanto del todo.
No hace falta decir que yo a estas alturas ya me había perdido y pensaba: pero vamos a ver alma de cántaro ¿pero tú no decías que al trabajo ibas a trabajar? ¿Qué vas? ¿A trabajar o a cotillear?. Pero claro, aterrada ante la idea de dejar de ser una de las vips y pasar a ser una de las fusiladas estilísticamente decidí guardarme ese comentario.
Total, desde ahí mi mal humor fue en aumento según se iba acercando el viernes. Pero bueno, decidí ser optimista, que no positiva eh. Así que ahí me dirigí, vestida con minifalda, zapatos de tacón, una gota de maquillaje y litros de cinismo. Pero con una sonrisa eh. Habíamos quedado a las diez y media, con lo cual yo supuse que antes se haría una ronda de bares o beberíamos cual vagabundas -eso sí, vagabundas muy monas- en un parque cualquiera. Pero no, ¡que íbamos ya a la discoteca!
Ahí mis más profundos instintos se revelaron. Y es que vamos a ver, ni la sala podía estar abierta a esa hora! ¿Hola? A este paso quizás nos encontremos con mi hermano menor de edad dentro... Al final nos fuimos de bares. Yo pedí una heineken, y ellas "sin alcohol", una incluso cocacola. Porque es que cuando beben se desmadran mucho, me dijeron picaronas.
Admito que pasé un buen rato, bailamos en los bares y a mí no hay cosa que me guste más que bailar. Pero sobre las doce o así, les pareció que ya "se nos estaba haciendo tarde" -wtf?- y emprendimos el camino hacia la discoteca donde nos reuniríamos con más generales y gente vip. Y entramos. y a mí casi me dan ganas de salir corriendo. La sala estaba vacía, a excepción de:
1. La camarera en la barra.
2. El dj.
3. La azafata y el fotógrafo del photocall patrocinado por Licor 43.
Vamos, ¡vacía! Yo me fui derecha a la barra a por un vodka con limón, que me temblaban las piernas de ver tanto espacio ¡espacio incluso para caerme! ¡Tumbarme! ¡E incluso revolcarme por el suelo! Por dios, que se supone que en la palabra "discoteca" van implícitas las de "muchedumbre", "calor" y "apretujamiento". En fin, tras una hora, de la cual media pasamos escondidas en el baño por la vergüenza, empezó a llegar gente y eso se animó. No hace falta decir que me rompí a bailar con cada una de las canciones, me lo pasé realmente chachi bailando con las generales y demás gente vip. Pero hacia las dos o dos y media de la mañana los pies empezaban a dolerme y el baile regetonero empezaba a cansarme mucho, muchísimo. Así que como sabía que Bucay estaba Mikel, le whatsappee a este último para ver donde estaban y tras varias excusas, a falta de cafeína bueno es el alcohol para la imaginación, me fui de la discoteca después de varios abrazos colectivos con las generales.
Los ánimos por allá tampoco estaban muy altos. Bucay estaba atravesando un momento de melancolía en el que decidí a acompañarle. Fuera, sentados en unas escaleras, con el culo congelado y preguntándome la estúpida razón que me había llevado a ponerme tacones por millonésima vez, pasé el mejor rato de la noche hablando con mi amigo. De todo y de nada, nos comíamos el tiempo poco a poco, parando solo para ocasionales administraciones de nicotina.
Hasta que nos interrumpieron el resto de coleguillas de Bucay para apalancarse con nosotros. Podría decir, en afán por aumentar todavía más mi ego, que es que no pudieron resistirme a mis largas y preciosas piernas y tuvieron que arrastrarse hasta mí, pero lo cierto es que le llevaban chupando el culo toda la noche a Bucay y como mucho, lo único que tenían de mí eran celos. Aunque cierto es que Mikel, aun habiéndose pasado toda la semana dándome la chapa con una tal Sylvia, empezó a ponerse pesado y a invadir mi espacio, hasta que vio que yo pasaba de él e hizo lo propio. Gracias a dios. A las cuatro y media, Bucay y yo, cogíamos un taxi de vuelta a nuestro barrio. Una vez allí para seguir con la charla me acompañó hasta casa. Mis tacones, sus zapatillas. Los mecheros encendiendo unos últimos cigarrillos. Algún coche en la noche. Y las estrellas en el cielo mientras nosotros les hablábamos. Y solo por eso, valió la pena el catarro que hoy todavía arrastro.
A ver, hablábamos de mí ¿no? Sí de mí, ah y de la decadencia de todo lo que no soy yo. En fin, esta historia tiene su espeluznante comienzo -aunque yo todavía no lo sabía- en un martes. Y es que este año los martes, día de más temprana entrada y mayor trabajo, se han convertido en el día odioso de la semana. Total, que iba yo tarde esa mañana; tanto que ni pude tomarme el café y me fui tal cual a la guerra. Con tan mala suerte que, por algún tipo de alineación planetaria o capricho del dios al que fastidiara en días anteriores, tuvo que venir a interrogarme la general de turno. Que me requerían de servicio el viernes a la noche. Mi adormecido cerebro solo logró conectar esas pocas palabras con discoteca, fiesta, nosotras, divertido. Y ¡pum! Mi boca, en clara desobediencia a mi cerebro, alma e instintos, aceptó. Creo que incluso sonreí, idiota de mí. En mi defensa alegaré que mis niveles de cafeína estaban por los suelos y mi cerebro fue incapaz de idear ninguna excusa que me librara de acompañarlas en esta tercera vez. Porque sí, era la tercera vez que me requerían y ya me había escaqueado las dos anteriores. En menos de lo que tardo en encender un cigarro, ya tenía hasta la entrada de la sala en mis manos.
Esa tarde, mientras andaba en mi cuarto intentando recuperarme de la traumática experiencia que había resultado el día, una de las generales decidió contactar conmigo "para concretar detalles". Já. Hay que admitir que me hizo sentir alagada, y es que por lo visto soy una de las pocas "vips" a las que les comentaron el evento, según me dijo -lo cual me hizo desear haber sido más borde con ellas hace unos meses, suerte que han tenido las otras-. Porque claro esas otras "no les caen bien". Como me aburría mucho le pregunté por los motivos. En palabras de la general "al trabajo se va a trabajar", y "es que ellas se creen que eso es una pasarela para lucir modelito y ligar con los compañeros" y eso no puede ser. Yo me reí educada -no tenía muy claro que se debía decir en estos casos- y ella aprovechó mi posterior silencio para empezar un ininterrumpido tiroteo contra los modelitos y ligoteos de las otras, porque como en el trabajo las tiene muy cerca está al tanto del todo.
No hace falta decir que yo a estas alturas ya me había perdido y pensaba: pero vamos a ver alma de cántaro ¿pero tú no decías que al trabajo ibas a trabajar? ¿Qué vas? ¿A trabajar o a cotillear?. Pero claro, aterrada ante la idea de dejar de ser una de las vips y pasar a ser una de las fusiladas estilísticamente decidí guardarme ese comentario.
Total, desde ahí mi mal humor fue en aumento según se iba acercando el viernes. Pero bueno, decidí ser optimista, que no positiva eh. Así que ahí me dirigí, vestida con minifalda, zapatos de tacón, una gota de maquillaje y litros de cinismo. Pero con una sonrisa eh. Habíamos quedado a las diez y media, con lo cual yo supuse que antes se haría una ronda de bares o beberíamos cual vagabundas -eso sí, vagabundas muy monas- en un parque cualquiera. Pero no, ¡que íbamos ya a la discoteca!
Ahí mis más profundos instintos se revelaron. Y es que vamos a ver, ni la sala podía estar abierta a esa hora! ¿Hola? A este paso quizás nos encontremos con mi hermano menor de edad dentro... Al final nos fuimos de bares. Yo pedí una heineken, y ellas "sin alcohol", una incluso cocacola. Porque es que cuando beben se desmadran mucho, me dijeron picaronas.
Admito que pasé un buen rato, bailamos en los bares y a mí no hay cosa que me guste más que bailar. Pero sobre las doce o así, les pareció que ya "se nos estaba haciendo tarde" -wtf?- y emprendimos el camino hacia la discoteca donde nos reuniríamos con más generales y gente vip. Y entramos. y a mí casi me dan ganas de salir corriendo. La sala estaba vacía, a excepción de:
1. La camarera en la barra.
2. El dj.
3. La azafata y el fotógrafo del photocall patrocinado por Licor 43.
Vamos, ¡vacía! Yo me fui derecha a la barra a por un vodka con limón, que me temblaban las piernas de ver tanto espacio ¡espacio incluso para caerme! ¡Tumbarme! ¡E incluso revolcarme por el suelo! Por dios, que se supone que en la palabra "discoteca" van implícitas las de "muchedumbre", "calor" y "apretujamiento". En fin, tras una hora, de la cual media pasamos escondidas en el baño por la vergüenza, empezó a llegar gente y eso se animó. No hace falta decir que me rompí a bailar con cada una de las canciones, me lo pasé realmente chachi bailando con las generales y demás gente vip. Pero hacia las dos o dos y media de la mañana los pies empezaban a dolerme y el baile regetonero empezaba a cansarme mucho, muchísimo. Así que como sabía que Bucay estaba Mikel, le whatsappee a este último para ver donde estaban y tras varias excusas, a falta de cafeína bueno es el alcohol para la imaginación, me fui de la discoteca después de varios abrazos colectivos con las generales.
Los ánimos por allá tampoco estaban muy altos. Bucay estaba atravesando un momento de melancolía en el que decidí a acompañarle. Fuera, sentados en unas escaleras, con el culo congelado y preguntándome la estúpida razón que me había llevado a ponerme tacones por millonésima vez, pasé el mejor rato de la noche hablando con mi amigo. De todo y de nada, nos comíamos el tiempo poco a poco, parando solo para ocasionales administraciones de nicotina.
Hasta que nos interrumpieron el resto de coleguillas de Bucay para apalancarse con nosotros. Podría decir, en afán por aumentar todavía más mi ego, que es que no pudieron resistirme a mis largas y preciosas piernas y tuvieron que arrastrarse hasta mí, pero lo cierto es que le llevaban chupando el culo toda la noche a Bucay y como mucho, lo único que tenían de mí eran celos. Aunque cierto es que Mikel, aun habiéndose pasado toda la semana dándome la chapa con una tal Sylvia, empezó a ponerse pesado y a invadir mi espacio, hasta que vio que yo pasaba de él e hizo lo propio. Gracias a dios. A las cuatro y media, Bucay y yo, cogíamos un taxi de vuelta a nuestro barrio. Una vez allí para seguir con la charla me acompañó hasta casa. Mis tacones, sus zapatillas. Los mecheros encendiendo unos últimos cigarrillos. Algún coche en la noche. Y las estrellas en el cielo mientras nosotros les hablábamos. Y solo por eso, valió la pena el catarro que hoy todavía arrastro.
lunes, 19 de septiembre de 2011
¿Qué les pasa a los hombres?
Iba yo maldiciendo la lluvia, el viento, el frío, el mundo en general y el tiempo en particular, cuando decidí hacer un alto en el tema hombres y explayarme con una sesión de budú mental. Y es que ¿qué les pasa a los hombres?
Tras unas semanas de hastío total, surge el evento que tanto estaba esperando: un concierto de Bucay. Si a eso le añades de compañía a Aitor, Karl y David el plan parece redondo. E imagina por un momento que no sólo va a haber concierto, sino fiesta, ambiente y alcohol. Oh sí, litros y litros de alcohol (hola vodka, me echabas de menos?), perfecto ¿verdad? Pues remátalo con que tras meses y meses de coqueteo ocasional e inconstante, el fin de semana pasado coincidí con Mikel. Y aunque todo estaba en el aire, ya nos hemos ocupado de convertirlo en humo. Más visible, menos abstracto. Sé que le gusto y va a estar el viernes que viene. Así que remata la fiesta con un rato de mimos.
Era el plan perfecto, hasta que dejó de serlo. Y es que, ¿qué les pasa a los hombres? Por lo visto Mikel es amigo de unos conocidos de mi ex, tíos que no tardaron en contarle nuestra historia. En principio, a mí ¡plin! Pero la risa se me tuvo que escapar cuando Mikel me dejó caer que en cierta manera eso lo había hecho sentir un segundón... ¿segundón? Ja-ja. Chaval segundo si comienzas la lista por detrás seguramente no mucho más tiempo después del convierto de este viernes que viene, que tienes a unos cuántos MÁS delante (justo en concordancia con el post anterior, mira tú por dónde).
¿Cómo es posible? Y yo que pensaba que el mito de la princesa y casta doncella había acabado... Es que acaso quedan chicas así, y si quedan, la pregunta sería ¿por qué? Y más aún ¿qué es esto? Hipocresía en su máximo exponente, ni que ellos hubieran hecho voto de castidad. Es más, ahora que lo pienso, lo más probable es que su lista doble o triplique la mía.
Pero al final Mikel se salió por la tangente y dijo que a él le daba igual que hubiera estado con mi ex. Sin embargo sus palabras me inquietaban y tuve un presentimiento, así que lo interrogué.
Si con el drama del segundón me había entrado la risa, en ese momento me dieron ganas de echar a correr; y es que insinuó que quizás él podría querer algo más. Soy mujer práctica y Mikel me cae muy bien, así que con palabras claras, de forma lenta y con repetición de conceptos (lenguaje masculino) le expliqué que yo no quería ahora una relación, que no estaba preparada; y que el tendría que decidir si creía que eso podía influirle o prefería alejarse para no arriesgarse.
Al final, como ya imaginaba, han podido más sus ganas que sus previsiones y se contenta con decirme que tiene ganas de verme el viernes. A mí, tras tanta tragicomedia, lo que me apetece es una copa. Luego ya decidiremos si se acompaña de algo o no.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Cifras y cruces
Ayer hablaba con un amigo y salió el tema de cuántos chicos habían pasado por mi vida. Abrí la boca para contestar convencida, pero tuve que cerrarla de nuevo. No lo recordaba. Me acordaba del primero, de los del último año y para de contar. Pasé la noche intentando recordarlos a todos pero al final decidí abandonar la tarea y concentrarme en un magnífico libro que no pude terminar por exceso de sueño.
Sin embargo, esta mañana sentada en mi sillón negro, con los pies encima de la mesa, un café en una mano y un lápiz en la otra, me he concentrado delante de un papel en blanco. Primero los importantes, ésos que vienen a mi boca tan rápido que parece que nunca abandonaron mi vida -y quizás no lo hayan hecho-. Algunos del principio, otros del final, y luego he ido rellenando huecos.
Al terminar los he contado. No voy a decir la cifra, aunque me ha sorprendido que fueran tantos. De la mitad ni me acordaba, quizás porque fueron amores perfectos, de ésos que duran desde el atardecer de un viernes al amanecer del sábado y nunca vuelves a verlos -¡ni falta que hace!- que precisamente son perfectos porque no dio tiempo a que se fastidiaran. De algunos de ellos no recuerdo ni el nombre -o quizás ni siquiera lo supe en su momento- pero puedo recordar el brillo de sus ojos mientras me acariciaban la cara, o la forma encantadora de decir mi nombre. Otros son de no recordar, errores de los que luego te ríes con tus amigas en una cafetería cualquiera. Hay alguno que otro que todavía hacen que me recorra un escalofrío la columna y me muerda el labio soñadora, está claro que todavía vamos a cruzarnos alguna que otra vez. Y por último está el que parece haber colonizado cada una de tus células, ése que quizás por ser el primero, o por reincidencia sistemática, acapara tantos recuerdos en tu mente; el que provocaba vuelcos en la tripa, tembleque de piernas, sonrisa de boba y lágrimas varias; aquel que hizo que te hizo madurar y al que hoy, después de tanto tiempo, recuerdas con cariño y le deseas lo mejor.
Al final, se lo deseas a todos. Tanto los que se fueron, como los que no. Los que permanecieron como amigos o se convirtieron en ocasionales. Los que apenas recuerdas su nombre o de los que intuyes cada uno de sus pensamientos. Porque si lo pienso bien, en parte -menor o mayor- gracias a ellos -tanto por lo bueno como por lo malo- soy la que hoy soy y por lo que tan orgullosa estoy. Merci.
sábado, 25 de junio de 2011
Primer fin de semana de fiesta: S.O.S. y demás fórmulas de emergencia
Este último año estuve en un especie de... ¿cursillo? sí, podríamos llamarlo así, pues eso, estuve en un cursillo para perfeccionar mis ilimitados y geniales conocimientos. La cuestión es que tantas horas semanales, cuando no me lo saltaba porque me aburría bastante -qué queréis que le haga-, hacen que acabes relacionándote con el resto de integrantes. Entre ellos encontré a un forofo del libro IT de Stephen King, que yo misma adoro. No faltaría decir que congeniamos enseguida, era una bonita amistad de cursillo, y solo amistad, porque así a bote pronto calculo que me saca entre diez y 17 años, y aunque tenía barbita y era un encanto yo no tenía mayor interés en él que en el maldito cursillo.
Bien, y qué; diréis. Pues nada, antes de ayer mis chicas y yo iniciamos nuestra marcha a las fiestas de un barrio perdido pero con mucho encanto, tras una sustanciosa cena y grandes cantidades de alcohol. Como dato, solo diré que llegó un momento en el que la cerveza y el vodka me sabían más bien parecidas. Pues estábamos nosotras mezclándonos entre los agraciados por nuestra presencia, desfasando y bailando como si no hubiera mañana, y bebiendo como si intentáramos acabar con la producción rusa de vodka, cuando de repente topé con mi compañero del cursillo forofo de IT.
Lo típico, charla amistosa de qué es de tu vida -mientras yo pensaba a ti qué hostias te importa, pensamiento que me callé porque soy toda una señorita-, qué mona que estás -bueno esto empieza a acojonarme y es que si te has dado cuenta ahora es que tienes problemas de visión- y demases. Cuando el contacto corporal fue a más mis alarmas saltaron, pero como era un tipo majo y todo eso pues no saqué mi instinto homicida a relucir.
A los cinco minutos me metió boca. Me aparté, me escaqueé como pude con promesas vagas de "después del concierto ya nos vemos que yo ahora voy a bailar y tal..." y huí en pos de mis chicas. Las puse rápidamente al corriente de lo ocurrido como buena reportera de guerra que soy, eso sí, restándole importancia -al fin y al cabo el tío era muy majo- y riéndome pensando en lo gracioso de la anécdota.
Todo habría super "funny" sino fuera porque el tío no dejaba de rondarme cuál buitre a un animal moribundo. Agg desde luego mi paciencia ya sí que empezaba a estar moribunda, pero por educación y porque cualquier persona que ame IT merece un poquito de margen, no le di importancia y seguí a lo mío.
Bailando, bailando y bailando. Y de vez en cuando, de reojo, lo veía cerca de mí, demasiado cerca como para ser simple coincidencia. Como a mí hacer paracaidismo sin paracaídas no me gusta demasiado, reuní las chicas y pedí que, en caso extremo, pusieran en marcha el protocolo de emergencia salvar-a-tu-amiga-de-las-garras-de-un-tío-y-que-siga-la-fiesta.
El plan era sencillo, si el tío se me acercaba demasiado o me agarraba o lo que fuera, sin darle tiempo a nada ellas intervendrían. El plan fue todo un éxito, depende por donde se mire. Cuando el tío pasó de "rarito que no deja de mirar" a acosador sexual y no dejaba de venir e intentar abordarme, sin saber yo muy bien por dónde, de repente aparecía un mano que tiraba de mí en dirección contraria y me sacaba del atolladero. Cuando ya me empecé a cabrear con el plasta de turno, las chicas ya ni cortas ni perezosas simplemente se metían en medio y me arrastraban hasta formar una zona segura a mi alrededor. Dios como las quiero.
Risas, muchas risas. El tío confuso -parece ser que el alcohol no dejó supervivientes entre su ejército neuronal- no entendía nada, y el resto de gente miraba divertida la escena entendiéndola de sobra. Póbrecillo, casi me dio hasta pena. Pero es lo que tiene pasearse sudando feromonas y arrimándose a quien te ha dicho que te des la vuelta para no volver. De lo malo, lo mejor: nos reímos mucho, bailamos todavía más y nos sabemos un bloque inquebrantable contra sobones. Girls rocks y punto.
lunes, 18 de abril de 2011
Hastío, perros y princesitas de la familia de los vulpes
Y llega el lunes. Y con él y la falta de trabajo, la hora de sopesar el finde. Empezó bien, para qué negarlo. Al final el viernes me fui con Jake de bares. Me gusta como piensa, como discurre, si no fuera por su tono condescendiente de yo-es-que-soy-mayor-que-tú, sería perfecto. De los bares pasamos a la calle, litrona en mano y las estrellas como única luz. La noche avanza y discutimos sobre todo y sobre nada. La vida, yo, tú, todos, nadie... Escucho música, le escucho a él. Dios, cómo me gusta su voz.
Bromeamos, dice que soy brusca. Y yo le digo que él prepotente. Aun así, lo pasamos bien. No hay prisa, no hay normas, somos extraños que se están conociendo. Y que aun así, parecen ya conocerse.
Y de repente la atmósfera cambia a la par que el reloj avanza. Me bromea con besarme, y analizamos ese beso. Ese posible beso, ese improbable beso le digo yo. Me pasa el brazo por los hombros y lo intenta, me río y me echo para atrás. Jugamos, pero yo estoy hastiada de hombres.
Sin embargo, su voz. Y me pica la curiosidad, por qué tendría que ser malo. Un beso, un solo beso Jake, además me tengo que ir ya. Así que le rozo, pero él no se conforma. Me agarra y me sostiene cerca. Sin hacerme daño, pero sin dejar que me escape. Y entonces, me besa. Algo en mi cerebro hace clik, y todo fluye. Hay química, hay física. Nos dejamos llevar, ya no es un beso, ya son mis brazos en tu cintura, los tuyos en la mía y yo encima tuyo sin querer me que sueltes.
Pero lo paro, no tengo ganas de hombres ¿o sí? Yo qué sé. En cualquier caso, me tengo que ir ya. Él insiste, su móvil suena, lo ignora y yo intento hacer lo propio con él. Pero no es tan sencillo. Al final nos vamos, seguimos bromeando. Analizando, distanciados pero unidos. Extraña sensación.
Sábado por la mañana y me llama. Pero yo tengo hambre, y estoy cansada. No estoy para hombres. Y salgo de fiesta, me emborracho. Llego al punto de encuentro con Elisa, pero se me echan para atrás. Menudo chasco. Me he quedado sin fiesta, así que llamo a Bucay pero anda perdido. Salgo del metro, me fumo un piti. Pregunto a un chico si sabe de algún taxi y acaba llevándome él de vuelta a casa. Las chicas me esperan ahí, me río, y bromeo. No ha sido una mala noche.
Y llega el domingo, y toca madrugar. Me esperan compromisos sociales. Lo paso bien, bebo, como, veo a gente que hacía tiempo que no veía. Mery a mi lado, nos divertimos... hasta que dejamos de hacerlo. Y es que Josua invade mi espacio personal... ¡con lo que odio que la gente haga eso! Y me baila cerca, demasiado cerca. Me invita a cerveza y me acompaña hasta afuera cuando quiero fumar. Y acaba besándome. No hay química, y le rehuyo. No quiero nada.
Sin embargo es algo que a Mery parece repatearle, ¿por qué a mí y no a ella? Yo qué sé. Acostumbrada a ser la princesita del castillo, le repatea que Josua lo haya intentado conmigo, ni siquiera le consuela el hecho de que yo no quiera nada. Pues no me da la gana, no quiero peleas de gatas. Que estoy por encima de eso, no me van los espectáculos y menos despeinarme por cualquiera. Pero tarde o temprano sé que llegará la tormenta. Porque la mujer no es que seamos malas, es que somos la perfección de la crueldad y la malicia. Y ay, esto no quedará así. Pero bueno, a mí solo me queda escudarme en mi sonrisa y seguir viviendo. Quiero mucho a Mery, pero sé que no estamos bien y es por esto, pero va lista si cree que voy a cerrarme y dejar todo de lado para que ella se sienta a gusto mientras sus perritos le besas sus pies. Cariño, que a mí no me van las babas de perro, que te los puedes quedar todos para ti. A ver si ahora encima voy a ser yo, y no las zorras, la que tenga que esconderse ¡lo que me faltaba!
Mientras, solo me queda descubrir el por qué de este hastío, el por qué de que pocos consigan hacer que vibre aunque sea una sola fibra de mi cuerpo.
Bromeamos, dice que soy brusca. Y yo le digo que él prepotente. Aun así, lo pasamos bien. No hay prisa, no hay normas, somos extraños que se están conociendo. Y que aun así, parecen ya conocerse.
Y de repente la atmósfera cambia a la par que el reloj avanza. Me bromea con besarme, y analizamos ese beso. Ese posible beso, ese improbable beso le digo yo. Me pasa el brazo por los hombros y lo intenta, me río y me echo para atrás. Jugamos, pero yo estoy hastiada de hombres.
Sin embargo, su voz. Y me pica la curiosidad, por qué tendría que ser malo. Un beso, un solo beso Jake, además me tengo que ir ya. Así que le rozo, pero él no se conforma. Me agarra y me sostiene cerca. Sin hacerme daño, pero sin dejar que me escape. Y entonces, me besa. Algo en mi cerebro hace clik, y todo fluye. Hay química, hay física. Nos dejamos llevar, ya no es un beso, ya son mis brazos en tu cintura, los tuyos en la mía y yo encima tuyo sin querer me que sueltes.
Pero lo paro, no tengo ganas de hombres ¿o sí? Yo qué sé. En cualquier caso, me tengo que ir ya. Él insiste, su móvil suena, lo ignora y yo intento hacer lo propio con él. Pero no es tan sencillo. Al final nos vamos, seguimos bromeando. Analizando, distanciados pero unidos. Extraña sensación.
Sábado por la mañana y me llama. Pero yo tengo hambre, y estoy cansada. No estoy para hombres. Y salgo de fiesta, me emborracho. Llego al punto de encuentro con Elisa, pero se me echan para atrás. Menudo chasco. Me he quedado sin fiesta, así que llamo a Bucay pero anda perdido. Salgo del metro, me fumo un piti. Pregunto a un chico si sabe de algún taxi y acaba llevándome él de vuelta a casa. Las chicas me esperan ahí, me río, y bromeo. No ha sido una mala noche.
Y llega el domingo, y toca madrugar. Me esperan compromisos sociales. Lo paso bien, bebo, como, veo a gente que hacía tiempo que no veía. Mery a mi lado, nos divertimos... hasta que dejamos de hacerlo. Y es que Josua invade mi espacio personal... ¡con lo que odio que la gente haga eso! Y me baila cerca, demasiado cerca. Me invita a cerveza y me acompaña hasta afuera cuando quiero fumar. Y acaba besándome. No hay química, y le rehuyo. No quiero nada.
Sin embargo es algo que a Mery parece repatearle, ¿por qué a mí y no a ella? Yo qué sé. Acostumbrada a ser la princesita del castillo, le repatea que Josua lo haya intentado conmigo, ni siquiera le consuela el hecho de que yo no quiera nada. Pues no me da la gana, no quiero peleas de gatas. Que estoy por encima de eso, no me van los espectáculos y menos despeinarme por cualquiera. Pero tarde o temprano sé que llegará la tormenta. Porque la mujer no es que seamos malas, es que somos la perfección de la crueldad y la malicia. Y ay, esto no quedará así. Pero bueno, a mí solo me queda escudarme en mi sonrisa y seguir viviendo. Quiero mucho a Mery, pero sé que no estamos bien y es por esto, pero va lista si cree que voy a cerrarme y dejar todo de lado para que ella se sienta a gusto mientras sus perritos le besas sus pies. Cariño, que a mí no me van las babas de perro, que te los puedes quedar todos para ti. A ver si ahora encima voy a ser yo, y no las zorras, la que tenga que esconderse ¡lo que me faltaba!
Mientras, solo me queda descubrir el por qué de este hastío, el por qué de que pocos consigan hacer que vibre aunque sea una sola fibra de mi cuerpo.
domingo, 17 de abril de 2011
Brillante, sin dobleces
Paso el ticket y entro al metro. Mi móvil suena, un número desconocido. Suspiro, sé quién es y sé que me la va a liar como siempre. No me equivoco, Bucay al habla. No sé si es que fue muy persuasivo o yo todavía tenía algo de ganas de fiesta, la cuestión es que como siempre me acabó convenciendo. Me despedí de las chicas y tiré de nuevo para el centro. Allí estaba, en el banco con una litrona mientras yo le miraba severa. Me presentó dos chicos, a los que automáticamente les prohibió siquiera tocarme. Una de sus manías esa de espantarme el género masculino. Pero le miro con cariño, cuánto lo quiero.
Le recuerdo su promesa, habíamos quedado con Karl. Y allá vamos, en la noche, los dos hacia el centro, calles viejas con historia, recónditas esquinas de momentos pasados y posibles futuros. Nos espera a la salida del metro Karl, sonríe, sonreímos.
La noche es joven y toda nuestra. Andamos por calles empedradas hasta llegar a su grupo. Presentaciones varias y anécdotas sexuales por parte de Bucay. Se le va... ¡y mucho! Torbellino de risas, de caladas, de preguntas curiosas.
En el barullo de la calle secuestramos a un hombre con guitarra. Y cantan, y yo río. Calles arriba, calles abajo ¡hasta me beso con Karl! Un beso dulce, sincero, sensible. Debiera encantarme, pero soy atravesada de cojones.
Karl y Bucay me abandonan dejándome a mi suerte con las chicas. ¡Con las chicas! Su charla me agobia, demasiada hormona acumulada y huyo a donde ellos solo para oírles cantar, solo para oírles vivir.
Las horas pasan como los cigarrillos por mis manos, y morfeo me llama a sus brazos. Y al final, algunos antes que otros, Bucay como siempre se queda (para armarla un poquito más), partimos. Contentos, contentos de una noche simple, sincera, brillante.
Le recuerdo su promesa, habíamos quedado con Karl. Y allá vamos, en la noche, los dos hacia el centro, calles viejas con historia, recónditas esquinas de momentos pasados y posibles futuros. Nos espera a la salida del metro Karl, sonríe, sonreímos.
La noche es joven y toda nuestra. Andamos por calles empedradas hasta llegar a su grupo. Presentaciones varias y anécdotas sexuales por parte de Bucay. Se le va... ¡y mucho! Torbellino de risas, de caladas, de preguntas curiosas.
En el barullo de la calle secuestramos a un hombre con guitarra. Y cantan, y yo río. Calles arriba, calles abajo ¡hasta me beso con Karl! Un beso dulce, sincero, sensible. Debiera encantarme, pero soy atravesada de cojones.
Karl y Bucay me abandonan dejándome a mi suerte con las chicas. ¡Con las chicas! Su charla me agobia, demasiada hormona acumulada y huyo a donde ellos solo para oírles cantar, solo para oírles vivir.
Las horas pasan como los cigarrillos por mis manos, y morfeo me llama a sus brazos. Y al final, algunos antes que otros, Bucay como siempre se queda (para armarla un poquito más), partimos. Contentos, contentos de una noche simple, sincera, brillante.
miércoles, 6 de abril de 2011
Mañana con ellas, tarde con Bucay, noche con Karl
Hemos sobrepasado los treinta grados... En serio, yo ya no sé ni cómo vestirme. O me congelo de frío o acabo al borde de una lipotimia. Aunque prefiero este calor. Respirar el aire caliente por la nariz, sentir la suave brisa fresca, olvidarme la chaqueta y no necesitarla. Fumarme el piti sin tiritar ni necesidad de sentir miedo por si acabo metiéndomelo por un ojo del tembleque. Charlar con ellas, con ellos, y que nuestras risas se eleven como notas de colores hacia el despejado cielo azul. Desde luego, adoro estos días.
Ha sido una mañana relajada, sin mucho trabajo y muchas charlas femeninas de esas que aunque no suelen interesarme demasiado, me gustan porque las tengo con ellas.
Por la tarde para salir de la monotonía y aburrimiento me he pirado a dar una vuelta con Bucay, como siempre buena charla y pitillos al aire libre. Agradezcamos al señor majo del parque que me ha regalado un mechero, porque yo ya estaba por desatar el estado de alarma viendo que el mío había muerto. Pero mira tú por donde, resulta que todavía queda gente maja en este mundo.
Nos pilla el crepúsculo y volvemos a nuestros quehaceres. Karl online, y me río. Consigue que no me aburra, ya sea política, filosofía o simple charla banal y matutina, sonrío y nadie me quita eso.
Definitivamente, hoy es un buen día.
Ha sido una mañana relajada, sin mucho trabajo y muchas charlas femeninas de esas que aunque no suelen interesarme demasiado, me gustan porque las tengo con ellas.
Por la tarde para salir de la monotonía y aburrimiento me he pirado a dar una vuelta con Bucay, como siempre buena charla y pitillos al aire libre. Agradezcamos al señor majo del parque que me ha regalado un mechero, porque yo ya estaba por desatar el estado de alarma viendo que el mío había muerto. Pero mira tú por donde, resulta que todavía queda gente maja en este mundo.
Nos pilla el crepúsculo y volvemos a nuestros quehaceres. Karl online, y me río. Consigue que no me aburra, ya sea política, filosofía o simple charla banal y matutina, sonrío y nadie me quita eso.
Definitivamente, hoy es un buen día.
martes, 5 de abril de 2011
No dejan de sorprenderme
Ayer hablé con Saúl. Sigue tan prepotente, narcisista y jodidamente bueno como siempre. La única diferencia parece ser que su única neurona salvable ha decidido mudarse a sus cojones con el resto, lo cual echa para atrás por mucho que se haya rapado y dejado barba exactamente como a mí me gusta. No es que eche para atrás, es que si estuviera al borde de un precipicio y él se me estuviera acercando, preferiría caer tipo mártir antes que colgarme de su brazo.
Y es que ¿qué hostias les pasa a los hombres últimamente? Lo de éste se veía venir, tanta paja y tanto rollo, al final tiene que haber expulsado su cerebro entre tanto semen. Pero bueno, me entretengo mareándolo un rato y me divierte. Al fin y al cabo no puede ser maltrato psicológico, no si no presenta vida cerebral...
Luego está Bucay. Que en un alarde de... ¿de qué? ¿Orgullo? ¿Dignidad? Bah, como decía Becquer, necesitaríamos un diccionario para diferenciarlos. Pues eso, que en un alarde de lo que sea, ha decidido que mi ex no merece su palabra ni atención ya que, diciéndolo delicadamente, se está comportando como un completo imbécil. A mí, plin... en cierto sentido. Que mis ex sean imbéciles tampoco viene a ser una novedad, la novedad es que yo no lo crea. Porque por mucho que se esté elevando como maestro de nivel 120 de la estupidez, Bucay y él siempre se han llevado bien y esas broncas que se traen me parecen, como poco, absurdas.
Demasiada testosterona acumulada. Aun así, no pierdo la fe. Hoy Karl y David se han ocupado de mantenérmela. Y mira que hoy la más mínima palabra me hacía saltar gruñendo de mi silla por eso de que de vez en cuando las hormonas me poseen y me doblo con dolores que ni el mártir mas devoto querría.
Pero a lo que iba, han conseguido hasta hacerme reír. Karl hasta se ha animado a dibujar. Él también canta nanas de roces de papel, y también plasma cuentos coloreados en hojas cuadriculadas. Espero poder subirlo pronto, si el vago de él se digna a traérmelo mañana, sacaré un rato para colgarlo. También espero el de David, que prometió pero ya se verá.
No si por lo visto, o "atestosteronados" o vagos, resultará que al final he encontrado otra manera de clasificar a los hombres.
Y es que ¿qué hostias les pasa a los hombres últimamente? Lo de éste se veía venir, tanta paja y tanto rollo, al final tiene que haber expulsado su cerebro entre tanto semen. Pero bueno, me entretengo mareándolo un rato y me divierte. Al fin y al cabo no puede ser maltrato psicológico, no si no presenta vida cerebral...
Luego está Bucay. Que en un alarde de... ¿de qué? ¿Orgullo? ¿Dignidad? Bah, como decía Becquer, necesitaríamos un diccionario para diferenciarlos. Pues eso, que en un alarde de lo que sea, ha decidido que mi ex no merece su palabra ni atención ya que, diciéndolo delicadamente, se está comportando como un completo imbécil. A mí, plin... en cierto sentido. Que mis ex sean imbéciles tampoco viene a ser una novedad, la novedad es que yo no lo crea. Porque por mucho que se esté elevando como maestro de nivel 120 de la estupidez, Bucay y él siempre se han llevado bien y esas broncas que se traen me parecen, como poco, absurdas.
Demasiada testosterona acumulada. Aun así, no pierdo la fe. Hoy Karl y David se han ocupado de mantenérmela. Y mira que hoy la más mínima palabra me hacía saltar gruñendo de mi silla por eso de que de vez en cuando las hormonas me poseen y me doblo con dolores que ni el mártir mas devoto querría.
Pero a lo que iba, han conseguido hasta hacerme reír. Karl hasta se ha animado a dibujar. Él también canta nanas de roces de papel, y también plasma cuentos coloreados en hojas cuadriculadas. Espero poder subirlo pronto, si el vago de él se digna a traérmelo mañana, sacaré un rato para colgarlo. También espero el de David, que prometió pero ya se verá.
No si por lo visto, o "atestosteronados" o vagos, resultará que al final he encontrado otra manera de clasificar a los hombres.
lunes, 3 de enero de 2011
El valor del 2010
Un año más que se va. Y como siempre, toca valorar esos 365 días, esas 8760 horas, esos 525600 minutos, esos 31536000 segundos. Pero por encima de todo, toca valorar cada uno de esos besos, de esos momentos, de esas lágrimas, de esas sonrisas. Al fin y al cabo la vida no se mide en segundos, minutos, horas o días, no. Si no en momentos, fugaces o largos, íntimos o públicos, alegres o tristes,... Así que vamos allá.
El 2010 empezó de un modo algo turbulento. El alcohol no fue precisamente mi amigo pero tengo que agradecer a todos los que estuvieron a mi lado que no fuera para tanto. Los días pasaron y la vida parecía perfecta, amigos y amigas, familia, él. Todo. Pero la montaña rusa que es la vida tal como nos eleva, nos hace descender de golpe. Y todo empezó a ir mal. Las broncas se acrecentaron, no veía demasiado a mis nenas y él, él perdió todo interés en mí.
Llega la primavera y vuelvo a encontrarme soltera y con un año más, y aunque el alma se resiente me está pidiendo por resurgir. Primavera y verano fueron algo inestables, como el tiempo, en mi alma también o llovía o surgía el sol de repente. Al final, las ganas de vivir, de beberme el cielo y saborear el aire prevalecieron y fueron meses más o menos felices.
Con la caída de las hojas, todo cambió. Finales de agosto y principios de octubre fueron días de añoranza, de reencontrarme conmigo misma y enfrentar verdaderos sentimientos. Dolor, mucho dolor y lágrimas me quedan de esos días. Aunque no olvido una noche, de octubre (puede ser?), que me dio esperanzas, vanas al final, pero esperanzas que me hicieron sonreir cientos de veces.
Aun así, esas esperanzas fueron empañándose poco a poco, todo el mundo; sus amigos, los míos, decían que lo olvidara, que no era para mí. Decidí no creerles y luchar hasta el final; y juro que hice todo lo posible, fueron varios meses de batallas contra lo impuesto, contra mí misma.
Y resultó algo indefinible, impensable, indescriptible. ¿Amistad? Lo dudo. Demasiado sin hablar, demasiado sin gritarnos, nos queda mucho tiempo todavía para eso. Me conformo con ser de momento su colega.
Al mismo tiempo de todo esto, algo pasó. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué renunciaba a vivir mi vida por un chico? That wasn´t me. Y decidí que no iba a querer a quien no me quería.
Es mentira. Nadie puede dejar de querer así como así, como decía xhelazz: ningún amor muere, solo cambia de lugar en la memoria. Pero aprendo a vivir sin él, y renazco. Salgo, bebo, disfruto. Todo toma un cariz diferente.
Y así llegamos al final, a otra nochevieja, a otro año nuevo. Todo ha cambiado... ¿Todo? No, aunque diferentes, sigo rodeada de gente que me quiere.
El 2010 empezó de un modo algo turbulento. El alcohol no fue precisamente mi amigo pero tengo que agradecer a todos los que estuvieron a mi lado que no fuera para tanto. Los días pasaron y la vida parecía perfecta, amigos y amigas, familia, él. Todo. Pero la montaña rusa que es la vida tal como nos eleva, nos hace descender de golpe. Y todo empezó a ir mal. Las broncas se acrecentaron, no veía demasiado a mis nenas y él, él perdió todo interés en mí.
Llega la primavera y vuelvo a encontrarme soltera y con un año más, y aunque el alma se resiente me está pidiendo por resurgir. Primavera y verano fueron algo inestables, como el tiempo, en mi alma también o llovía o surgía el sol de repente. Al final, las ganas de vivir, de beberme el cielo y saborear el aire prevalecieron y fueron meses más o menos felices.
Con la caída de las hojas, todo cambió. Finales de agosto y principios de octubre fueron días de añoranza, de reencontrarme conmigo misma y enfrentar verdaderos sentimientos. Dolor, mucho dolor y lágrimas me quedan de esos días. Aunque no olvido una noche, de octubre (puede ser?), que me dio esperanzas, vanas al final, pero esperanzas que me hicieron sonreir cientos de veces.
Aun así, esas esperanzas fueron empañándose poco a poco, todo el mundo; sus amigos, los míos, decían que lo olvidara, que no era para mí. Decidí no creerles y luchar hasta el final; y juro que hice todo lo posible, fueron varios meses de batallas contra lo impuesto, contra mí misma.
Y resultó algo indefinible, impensable, indescriptible. ¿Amistad? Lo dudo. Demasiado sin hablar, demasiado sin gritarnos, nos queda mucho tiempo todavía para eso. Me conformo con ser de momento su colega.
Al mismo tiempo de todo esto, algo pasó. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué renunciaba a vivir mi vida por un chico? That wasn´t me. Y decidí que no iba a querer a quien no me quería.
Es mentira. Nadie puede dejar de querer así como así, como decía xhelazz: ningún amor muere, solo cambia de lugar en la memoria. Pero aprendo a vivir sin él, y renazco. Salgo, bebo, disfruto. Todo toma un cariz diferente.
Y así llegamos al final, a otra nochevieja, a otro año nuevo. Todo ha cambiado... ¿Todo? No, aunque diferentes, sigo rodeada de gente que me quiere.
martes, 6 de julio de 2010
Con un café en la mano: El poder femenino
¿Quién se ha negado alguna vez a darle un cigarrillo al tío bueno que te viene en la playa marcando músculo y que te sonríe como diciendo "tú dame un cigarrillo que yo te doy el mundo"? Pues nadie, o casi nadie. Yo por lo menos si el tío me sonríe, indiferentemente de que me guste o esté bueno, se lo doi. Me gusta que la gente sonría, me hace sonreír.
Total, que el sábado pasado, escasa de tabaco y sobrada de alcohol en sangre decidí que había llegado la hora de hacer yo lo mismo. Más como experimento que como otra cosa, que si quiero tabaco voy y compro. Pero bueno, ¡por probar que no falte!
Mujeres del mundo, noticia (de sobra conocida, pero no por ello menos importante): los hombres no piensan, es su entrepierna la que dirige sus impulsos motores. No solo me fume unos diez cigarrillos by the face sino que encima como no recordaba a quien le había pedido ya, ¡un par de ellos me dieron dos veces!
Alguno hasta me daba charla, otros chapa, y uno que podía haber pasado por mi abuelo me miraba (WHAT FUCK!??). En fin, que si el Estado sube el tabaco y estás en crisis la solución para el tabaco es matemática, exacta y 100% eficaz:
Mujer + Sonrisa+ (Alcohol en sangre) + (Alcohol en sangre del tío)= Cigarrillo asegurado.
*Alcohol: 6 euros el cubata
*Sonrisa profident: lo-que-coño-valga-la-pasta-de-dientes-que-utilices
*El paquete de tabaco que te ahorras: -4 euros
*Tú, tu sonrisa, y tu desparpajo con el alcohol ya en sangre y el piti en la mano: No tiene, ni nadie puede ponerle, precio.
Total, que el sábado pasado, escasa de tabaco y sobrada de alcohol en sangre decidí que había llegado la hora de hacer yo lo mismo. Más como experimento que como otra cosa, que si quiero tabaco voy y compro. Pero bueno, ¡por probar que no falte!
Mujeres del mundo, noticia (de sobra conocida, pero no por ello menos importante): los hombres no piensan, es su entrepierna la que dirige sus impulsos motores. No solo me fume unos diez cigarrillos by the face sino que encima como no recordaba a quien le había pedido ya, ¡un par de ellos me dieron dos veces!
Alguno hasta me daba charla, otros chapa, y uno que podía haber pasado por mi abuelo me miraba (WHAT FUCK!??). En fin, que si el Estado sube el tabaco y estás en crisis la solución para el tabaco es matemática, exacta y 100% eficaz:
Mujer + Sonrisa+ (Alcohol en sangre) + (Alcohol en sangre del tío)= Cigarrillo asegurado.
*Alcohol: 6 euros el cubata
*Sonrisa profident: lo-que-coño-valga-la-pasta-de-dientes-que-utilices
*El paquete de tabaco que te ahorras: -4 euros
*Tú, tu sonrisa, y tu desparpajo con el alcohol ya en sangre y el piti en la mano: No tiene, ni nadie puede ponerle, precio.
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Retazos de una vida pasada, pero no por ello menos válido.
Que no te engañen. No existen los cuentos de hadas, las princesas viven en cuentos de terror. Cuentos donde nadie dice lo que piensa, ni hace lo que desea; sino lo que se supone que tiene que decir y hacer. Allí, los vestidos y zapatos son incómodos, no dejan correr; ni vivir en realidad. Los príncipes no son tan buenos y no protegen, solo aprisionan y ahogan. Los dragones a su lado son una bendición, y es que por lo menos a esos puedes odiarlos. Porque el problema comienza cuando quien amas es quien te está matando por dentro.
