Soul of music.
astrid.rhys.jones@hotmail.com
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domingo, 5 de febrero de 2012
C´est fini.
Lloro. Lloro y dejo que salga en forma de sollozos todo lo acumulado estos días. Me encojo en el suelo y me balanceo. No tengo fuerzas, no me quedan. La vida me come y el tiempo me mata. Y yo no gano ni una sola batalla. Pero y es que ¿quién me dijo que fuera a ganar alguna? Al fin y al cabo, eso solo ocurre en los cuentos de princesas; y yo no soy una.
Me asqueo a mí misma. No quiero verme. No quiero sentirme. Quiero desaparecer. Es así.
Me asqueo a mí misma. No quiero verme. No quiero sentirme. Quiero desaparecer. Es así.
jueves, 26 de enero de 2012
Rebuscando lo he encontrado. Similitudes con el presente.
Me desperté y en una fracción de segundo supe dónde estaba y con quién, incluso creí entender el por qué. Miré de reojo y lo vi a mi izquierda, dormido todavía. Suspiré aliviada, eso me daría un margen de maniobra.
Aún tumbada, mirando sin ver el techo blanco en la oscuridad, flexioné las rodillas hacia el pecho. Correcto. Con los brazos a los lados me atreví a mover ligeramente los dedos. Todo bien. Doblé los codos. Nada. Parecía haber sobrevivido, y sin daños.
Me incorporé con cuidado, intentando que no notara como el calor sobre su brazo derecho desaparecía. Solo al sacar las piernas de la cama noté el dolor, resoplé. Por la intensidad calculé que me saldría algún cardenal en la parte alta de los muslos, pero que el dolor al abrir y cerrar las piernas desaparecería en unos dos días. Qué más daba, no tenía ningunas ganas de meterme en la cama de nadie más en las semanas siguientes; ni en los próximos meses, la verdad. Pero tendría que vérmelos yo, y eso ya sería suficiente recordatorio. Prueba de mi debilidad, infamia e infinita estupidez.
Busqué la ropa por el suelo. No recordaba exactamente dónde me había arrancado cada cosa. Tanteando reuní todo y comencé a vestirme. Mientras me abrochaba el sujetador lo observé. Dormía, e incluso dormido me resultaba jodidamente sexy.
Terminé de vestirme, recuperé mis zapatos de detrás de la mesa, agarré mi bolso y garabateé una nota en mi libreta. La descarté. Volví a escribir otra. No me convencía. Al final simplemente escribí una excusa que nadie que realmente me conociera se hubiera creído, la dejé encima de su mesa y me fui.
Salí triste, no era eso lo que realmente quería; pero era lo que había que hacer, qué menos. Me fui a la cafetería más madrugadora de la zona y pedí un café solo para hacer tiempo hasta el primer metro de la mañana. Salí a tomármelo fuera, y mientras me fumaba un cigarro me replanteé todo. ¿Por qué me hacía esto a mí misma?
Los daños físicos eran leves, pero ¿y los psicológicos? Al pan pan, y al vino vino, chica; me dije, deja de escudarte en el alcohol, el deseo y esas mierdas. Porque la realidad es, que todo eso es transitorio pero pesa para siempre, y te estás desviando.
Apuré el café. Apuré el cigarrillo. Y corrí al metro. Se había acabado.
Aún tumbada, mirando sin ver el techo blanco en la oscuridad, flexioné las rodillas hacia el pecho. Correcto. Con los brazos a los lados me atreví a mover ligeramente los dedos. Todo bien. Doblé los codos. Nada. Parecía haber sobrevivido, y sin daños.
Me incorporé con cuidado, intentando que no notara como el calor sobre su brazo derecho desaparecía. Solo al sacar las piernas de la cama noté el dolor, resoplé. Por la intensidad calculé que me saldría algún cardenal en la parte alta de los muslos, pero que el dolor al abrir y cerrar las piernas desaparecería en unos dos días. Qué más daba, no tenía ningunas ganas de meterme en la cama de nadie más en las semanas siguientes; ni en los próximos meses, la verdad. Pero tendría que vérmelos yo, y eso ya sería suficiente recordatorio. Prueba de mi debilidad, infamia e infinita estupidez.
Busqué la ropa por el suelo. No recordaba exactamente dónde me había arrancado cada cosa. Tanteando reuní todo y comencé a vestirme. Mientras me abrochaba el sujetador lo observé. Dormía, e incluso dormido me resultaba jodidamente sexy.
Terminé de vestirme, recuperé mis zapatos de detrás de la mesa, agarré mi bolso y garabateé una nota en mi libreta. La descarté. Volví a escribir otra. No me convencía. Al final simplemente escribí una excusa que nadie que realmente me conociera se hubiera creído, la dejé encima de su mesa y me fui.
Salí triste, no era eso lo que realmente quería; pero era lo que había que hacer, qué menos. Me fui a la cafetería más madrugadora de la zona y pedí un café solo para hacer tiempo hasta el primer metro de la mañana. Salí a tomármelo fuera, y mientras me fumaba un cigarro me replanteé todo. ¿Por qué me hacía esto a mí misma?
Los daños físicos eran leves, pero ¿y los psicológicos? Al pan pan, y al vino vino, chica; me dije, deja de escudarte en el alcohol, el deseo y esas mierdas. Porque la realidad es, que todo eso es transitorio pero pesa para siempre, y te estás desviando.
Apuré el café. Apuré el cigarrillo. Y corrí al metro. Se había acabado.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
En muy variados procesos.
Lo que escribí ayer es una de las consecuencias del final de mi noche del sábado. Y es que acabé en su casa. Y como mi memoria es tan genial, me dejé una de mis pulseras favoritas. Todavía tenemos que aclarar lo de los pendientes. Pero objetos materiales a parte, supongo que tengo mucho sobre lo que reflexionar. Claro que podría excusarme diciendo que todo es consecuencia de que estoy enferma, y es que cada vez que me toca me pongo mala -tanto metafórica como literalmente!-. Y esta vez ha sido la peor, quizás porque fue la mejor con él. No sé. Estoy confusa. Tampoco quiero darle muchas más vueltas, al fin y al cabo él no tiene ningún tipo de interés en mí más allá de lo del otro día.
Dejando a ese extraño ser a parte, Karl insiste en venir a verme. Que estoy mala, no muriéndome! Lo agradezco muchísimo, es un cielo, pero ahora mismo visitas son lo que menos quiero, solo quiero descansar, recuperarme y estar cuanto antes otra vez al cien por cien. Al fin y al cabo el trabajo se me está acumulando, me ha costado tres llamadas, dos correos electrónicos y unas cuantas comunicaciones dejar todo dispuesto para que mi mundo no se eche a perder en el tiempo que voy a faltar.
Mientras tanto, muchos líquidos, todos sin nada de alcohol -dios mío lo que daría por un vodka con lima ahora mismo- y cero cigarrillos -aunque sé que por muy mal que esté acabaré fumándome uno tarde o temprano-.
Supongo que lo que más me ha complacido de todo esto es ver que mi mundo avanza y se mantiene, aunque tenga que vigilarlo con el termómetro puesto.
Dejando a ese extraño ser a parte, Karl insiste en venir a verme. Que estoy mala, no muriéndome! Lo agradezco muchísimo, es un cielo, pero ahora mismo visitas son lo que menos quiero, solo quiero descansar, recuperarme y estar cuanto antes otra vez al cien por cien. Al fin y al cabo el trabajo se me está acumulando, me ha costado tres llamadas, dos correos electrónicos y unas cuantas comunicaciones dejar todo dispuesto para que mi mundo no se eche a perder en el tiempo que voy a faltar.
Mientras tanto, muchos líquidos, todos sin nada de alcohol -dios mío lo que daría por un vodka con lima ahora mismo- y cero cigarrillos -aunque sé que por muy mal que esté acabaré fumándome uno tarde o temprano-.
Supongo que lo que más me ha complacido de todo esto es ver que mi mundo avanza y se mantiene, aunque tenga que vigilarlo con el termómetro puesto.
martes, 13 de diciembre de 2011
Gracias.
-Gracias, gracias de verdad-Exclamó fervorosamente. Y es que
casi podía sentir como en un momento la incómoda sensación de angustia en el
pecho se había diluido, hasta desaparecer. Pero entonces un calambrazo hizo luz
en su cabeza y releyó ávida su mensaje. Con el ceño fruncido hizo que todas y
cada una de las miles de imágenes que tenía de esa noche se precipitaran y
proyectaran en el gran cine de su mente: desde Bucay quejándose mientras ella se maquillaba,
pasando por el abrazo a Sonia, hasta su cuerpo y la mesilla donde había dejado
su pulsera. Estaba desconcertada, había una pieza del puzle que no encajaba;
pero entonces recordó que había otras variables que no estaba incluyendo, y que
ese puzle era mucho más grande. Y pum! Encajó, su rostro se relajó y reprimió
una carcajada. Vaciló, no sabía muy bien qué decirle y al fina decidió ir a
tiro fijo, mantenerse despreocupada y apalear sus sentimientos hasta dejarlos
inconscientes en una esquina. Tras eso, escribió: -Nene, sobre esos pendientes…
el sábado yo no llevaba.
Sintió que a su izquierda algo se revolvía. Miró de reojo y
antes de que se diera cuenta, sus sentimientos habían desaparecido. Sintió un
violento golpe en el estómago y notó como la apuñalaban por dentro. Eran
rápidos desde luego, muy rápidos.
Iba a arrancárselos. Desgarrarse las tripas y sacarlos uno a
uno. Pisotearlos, arañarlos y hacerlos cachitos muy pequeños, con sus mismos
dientes. Pero por un momento quedó quieta, y lloró. No porque no fueran sus
pendientes –que eso le daba igual-, no porque se sintiera una cría a su lado –que
ya se había acostumbrado-, sino porque lo que tanto había ansiado sentir, lo
sentía ahora por quien no podía ser suyo.
Sin embargo acabó por tranquilizarse. Se enjugó las lágrimas
y sonrió. Al fin y al cabo, porque aunque doloroso, era un sentimiento
precioso. Y ella no quería renunciar a él.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Barreras y protecciones
Bucay habla de barreras, yo hablo de protección emocional. Quizás sea lo mismo. Quizás no, lo es. Todo es cuestión de perspectivas. Desde la mía todo está muy claro: protección es seguridad, y seguridad ausencia de dolor. No le tengo ningún miedo al dolor físico, el emocional es otra cosa. No es que le tenga pavor, incluso puedo llegar a disfrutar de él -al fin y al cabo del dolor nacen ciertas cosas únicas- pero mi experiencia me dice que, en mi TODO o NADA emocional actual, sería demasiado.
Desde la de Bucay también está todo muy claro: lucha por lo que quieres, el dolor es pasajero, el triunfo eterno. Vale la pena, déjalo fluir, no te obceques.
Pero es tan fácil decirlo... y tan difícil hacerlo. Supongo que todo irá fluyendo, quiera yo o no. La cuestión es si me voy a dejar arrastrar por la corriente, voy a nadar a favor, o lo voy a hacer contracorriente hasta desfallecer. Primero veremos hacia dónde sopla el viento, será bastante más sencillo así.
Mientras solo queda centrarse, que no se diga que un contratiempo emocional paraliza mi vida. Porque eso sí que no voy a dejar que pase.
Desde la de Bucay también está todo muy claro: lucha por lo que quieres, el dolor es pasajero, el triunfo eterno. Vale la pena, déjalo fluir, no te obceques.
Pero es tan fácil decirlo... y tan difícil hacerlo. Supongo que todo irá fluyendo, quiera yo o no. La cuestión es si me voy a dejar arrastrar por la corriente, voy a nadar a favor, o lo voy a hacer contracorriente hasta desfallecer. Primero veremos hacia dónde sopla el viento, será bastante más sencillo así.
Mientras solo queda centrarse, que no se diga que un contratiempo emocional paraliza mi vida. Porque eso sí que no voy a dejar que pase.
Placentero desconcierto.
Este fin de semana me ha dado mucho sobre lo que pensar. En otras circunstancias habría entrado en fase de ataque de nervios muy pronto, pero conseguí controlarlo, consiguió que lo controlara. Curioso, muy curioso. Ahora solo me queda recuperar mi preciosa pulsera, cero valor monetario, mucho valor sentimental. Todavía me cuesta respirar un poco, pero creo que es más por el exceso de cafeína. Al fin y al cabo me he desahogado bastante con Ela, y en nada he quedado con Bucay, espero poder hablarlo con él. Todavía recuerdo cuando la vida era sencilla... qué tiempos, y ¡qué aburridos que éramos! No cambio ninguna de estas sensaciones -ni la angustia, ni la resaca, ni la falta de control, ni el control, ni nada- por nada del mundo. Me estoy volviendo una especialista en vivir.
martes, 1 de noviembre de 2011
Noche "de tranquis"
Estoy de un humor considerablemente mejor hoy mientras pienso, con el café en la mano, en anoche. Ayer al final decidí dar una vuelta con David y Jon "de tranquis" y tomar algo. Llegué elegantemente tarde -¡toma de tu propia medicina David!- y tras vacilaciones varias sobre a dónde podíamos ir -normalmente estamos más y hay un plan fijo- David comentó que podríamos ir al irlandés con cara de poco convencimiento. Nos quedamos mirándole y él me miró con gesto críptico antes de añadir:
-Está tu ex.
Jon, en su ingenuidad, preguntó si se referían al último. Yo misma pude aclararle que no, que se refería a ÉL, al primero, a ése por el que tantos quebraderos ha visto este blog. Me di la vuelta e increpé a David, ¿qué más me daba? Me daba igual, me llevo bien con él. Somos colegas, sigo sin entender esa reticencia que tienen estos con este tema; creo que he sido suficientemente clara al decir que entre él y yo solo hay ahora algo de amistady que me importa una gran mierda lo que haga en su tiempo libre.
Así que emprendimos la marcha y ahí que nos plantamos. Me hizo ilusión, pude ver a antiguos y antiguas compañeras que no veía desde hace tiempo, charlamos, bebimos un poco y en mi caso, fumé algún que otro cigarrillo a las puertas del garito en buena compañía.
Y es que si algo seguimos teniendo en común él y yo es la adicción a la nicotina. Y ahí estuve, entre piti y piti, explicándole los desvaríos de las generales en el nuevo puesto, de todo el trabajo que acumulábamos los dos, de la pijería, de la tontería y de todo pero de nada. Chachi piruleta. Fue divertido.
Aunque la mejor parte fue desde luego con Jon y David, planeando viajes por tierras desconocidas que quizás algún día se cumplan. Desde luego anoche fue una noche para soñar, sí, soñar despierta. Creo que quizás vaya recuperando esa sensación de independencia, a la par que el vacío del alma -en el estómago- se va llenando de sueños. Quién sabe, quizás esté en pleno proceso de vuelta al romanticismo de ensueño,esperemos que no, pero sea lo que sea parece ser que me llena.
-Está tu ex.
Jon, en su ingenuidad, preguntó si se referían al último. Yo misma pude aclararle que no, que se refería a ÉL, al primero, a ése por el que tantos quebraderos ha visto este blog. Me di la vuelta e increpé a David, ¿qué más me daba? Me daba igual, me llevo bien con él. Somos colegas, sigo sin entender esa reticencia que tienen estos con este tema; creo que he sido suficientemente clara al decir que entre él y yo solo hay ahora algo de amistad
Así que emprendimos la marcha y ahí que nos plantamos. Me hizo ilusión, pude ver a antiguos y antiguas compañeras que no veía desde hace tiempo, charlamos, bebimos un poco y en mi caso, fumé algún que otro cigarrillo a las puertas del garito en buena compañía.
Y es que si algo seguimos teniendo en común él y yo es la adicción a la nicotina. Y ahí estuve, entre piti y piti, explicándole los desvaríos de las generales en el nuevo puesto, de todo el trabajo que acumulábamos los dos, de la pijería, de la tontería y de todo pero de nada. Chachi piruleta. Fue divertido.
Aunque la mejor parte fue desde luego con Jon y David, planeando viajes por tierras desconocidas que quizás algún día se cumplan. Desde luego anoche fue una noche para soñar, sí, soñar despierta. Creo que quizás vaya recuperando esa sensación de independencia, a la par que el vacío del alma -en el estómago- se va llenando de sueños. Quién sabe, quizás esté en pleno proceso de vuelta al romanticismo de ensueño,
domingo, 23 de octubre de 2011
Noche de viernes
El mundo está en franca decadencia. No hablo de la "pechonalidad" de las presentadoras en televisión - que por cierto, recientes estudios demuestran que son inversamente proporcionales a sus cerebros- ni del cambio climático -que ¿hola? ¿Calentamiento global? Que me lo cuenten a mí y a mi aguado verano-, ni siquiera de -como lo llamó un periódico estadounidense- la "berlusconización" que se da en este país de gente demasiado loca y gente demasiado cuerda. NO. No hablo de nada de eso; que podría pero es que prefiero hablar de mi misma y mi reino de gente extravagante, que yo al menos soy más original y quizás hasta tenga remedio. Viva mi narcisismo de enferma cínica en domingo soleado.
A ver, hablábamos de mí ¿no? Sí de mí, ah y de la decadencia de todo lo que no soy yo. En fin, esta historia tiene su espeluznante comienzo -aunque yo todavía no lo sabía- en un martes. Y es que este año los martes, día de más temprana entrada y mayor trabajo, se han convertido en el día odioso de la semana. Total, que iba yo tarde esa mañana; tanto que ni pude tomarme el café y me fui tal cual a la guerra. Con tan mala suerte que, por algún tipo de alineación planetaria o capricho del dios al que fastidiara en días anteriores, tuvo que venir a interrogarme la general de turno. Que me requerían de servicio el viernes a la noche. Mi adormecido cerebro solo logró conectar esas pocas palabras con discoteca, fiesta, nosotras, divertido. Y ¡pum! Mi boca, en clara desobediencia a mi cerebro, alma e instintos, aceptó. Creo que incluso sonreí, idiota de mí. En mi defensa alegaré que mis niveles de cafeína estaban por los suelos y mi cerebro fue incapaz de idear ninguna excusa que me librara de acompañarlas en esta tercera vez. Porque sí, era la tercera vez que me requerían y ya me había escaqueado las dos anteriores. En menos de lo que tardo en encender un cigarro, ya tenía hasta la entrada de la sala en mis manos.
Esa tarde, mientras andaba en mi cuarto intentando recuperarme de la traumática experiencia que había resultado el día, una de las generales decidió contactar conmigo "para concretar detalles". Já. Hay que admitir que me hizo sentir alagada, y es que por lo visto soy una de las pocas "vips" a las que les comentaron el evento, según me dijo -lo cual me hizo desear haber sido más borde con ellas hace unos meses, suerte que han tenido las otras-. Porque claro esas otras "no les caen bien". Como me aburría mucho le pregunté por los motivos. En palabras de la general "al trabajo se va a trabajar", y "es que ellas se creen que eso es una pasarela para lucir modelito y ligar con los compañeros" y eso no puede ser. Yo me reí educada -no tenía muy claro que se debía decir en estos casos- y ella aprovechó mi posterior silencio para empezar un ininterrumpido tiroteo contra los modelitos y ligoteos de las otras, porque como en el trabajo las tiene muy cerca está al tanto del todo.
No hace falta decir que yo a estas alturas ya me había perdido y pensaba: pero vamos a ver alma de cántaro ¿pero tú no decías que al trabajo ibas a trabajar? ¿Qué vas? ¿A trabajar o a cotillear?. Pero claro, aterrada ante la idea de dejar de ser una de las vips y pasar a ser una de las fusiladas estilísticamente decidí guardarme ese comentario.
Total, desde ahí mi mal humor fue en aumento según se iba acercando el viernes. Pero bueno, decidí ser optimista, que no positiva eh. Así que ahí me dirigí, vestida con minifalda, zapatos de tacón, una gota de maquillaje y litros de cinismo. Pero con una sonrisa eh. Habíamos quedado a las diez y media, con lo cual yo supuse que antes se haría una ronda de bares o beberíamos cual vagabundas -eso sí, vagabundas muy monas- en un parque cualquiera. Pero no, ¡que íbamos ya a la discoteca!
Ahí mis más profundos instintos se revelaron. Y es que vamos a ver, ni la sala podía estar abierta a esa hora! ¿Hola? A este paso quizás nos encontremos con mi hermano menor de edad dentro... Al final nos fuimos de bares. Yo pedí una heineken, y ellas "sin alcohol", una incluso cocacola. Porque es que cuando beben se desmadran mucho, me dijeron picaronas.
Admito que pasé un buen rato, bailamos en los bares y a mí no hay cosa que me guste más que bailar. Pero sobre las doce o así, les pareció que ya "se nos estaba haciendo tarde" -wtf?- y emprendimos el camino hacia la discoteca donde nos reuniríamos con más generales y gente vip. Y entramos. y a mí casi me dan ganas de salir corriendo. La sala estaba vacía, a excepción de:
1. La camarera en la barra.
2. El dj.
3. La azafata y el fotógrafo del photocall patrocinado por Licor 43.
Vamos, ¡vacía! Yo me fui derecha a la barra a por un vodka con limón, que me temblaban las piernas de ver tanto espacio ¡espacio incluso para caerme! ¡Tumbarme! ¡E incluso revolcarme por el suelo! Por dios, que se supone que en la palabra "discoteca" van implícitas las de "muchedumbre", "calor" y "apretujamiento". En fin, tras una hora, de la cual media pasamos escondidas en el baño por la vergüenza, empezó a llegar gente y eso se animó. No hace falta decir que me rompí a bailar con cada una de las canciones, me lo pasé realmente chachi bailando con las generales y demás gente vip. Pero hacia las dos o dos y media de la mañana los pies empezaban a dolerme y el baile regetonero empezaba a cansarme mucho, muchísimo. Así que como sabía que Bucay estaba Mikel, le whatsappee a este último para ver donde estaban y tras varias excusas, a falta de cafeína bueno es el alcohol para la imaginación, me fui de la discoteca después de varios abrazos colectivos con las generales.
Los ánimos por allá tampoco estaban muy altos. Bucay estaba atravesando un momento de melancolía en el que decidí a acompañarle. Fuera, sentados en unas escaleras, con el culo congelado y preguntándome la estúpida razón que me había llevado a ponerme tacones por millonésima vez, pasé el mejor rato de la noche hablando con mi amigo. De todo y de nada, nos comíamos el tiempo poco a poco, parando solo para ocasionales administraciones de nicotina.
Hasta que nos interrumpieron el resto de coleguillas de Bucay para apalancarse con nosotros. Podría decir, en afán por aumentar todavía más mi ego, que es que no pudieron resistirme a mis largas y preciosas piernas y tuvieron que arrastrarse hasta mí, pero lo cierto es que le llevaban chupando el culo toda la noche a Bucay y como mucho, lo único que tenían de mí eran celos. Aunque cierto es que Mikel, aun habiéndose pasado toda la semana dándome la chapa con una tal Sylvia, empezó a ponerse pesado y a invadir mi espacio, hasta que vio que yo pasaba de él e hizo lo propio. Gracias a dios. A las cuatro y media, Bucay y yo, cogíamos un taxi de vuelta a nuestro barrio. Una vez allí para seguir con la charla me acompañó hasta casa. Mis tacones, sus zapatillas. Los mecheros encendiendo unos últimos cigarrillos. Algún coche en la noche. Y las estrellas en el cielo mientras nosotros les hablábamos. Y solo por eso, valió la pena el catarro que hoy todavía arrastro.
A ver, hablábamos de mí ¿no? Sí de mí, ah y de la decadencia de todo lo que no soy yo. En fin, esta historia tiene su espeluznante comienzo -aunque yo todavía no lo sabía- en un martes. Y es que este año los martes, día de más temprana entrada y mayor trabajo, se han convertido en el día odioso de la semana. Total, que iba yo tarde esa mañana; tanto que ni pude tomarme el café y me fui tal cual a la guerra. Con tan mala suerte que, por algún tipo de alineación planetaria o capricho del dios al que fastidiara en días anteriores, tuvo que venir a interrogarme la general de turno. Que me requerían de servicio el viernes a la noche. Mi adormecido cerebro solo logró conectar esas pocas palabras con discoteca, fiesta, nosotras, divertido. Y ¡pum! Mi boca, en clara desobediencia a mi cerebro, alma e instintos, aceptó. Creo que incluso sonreí, idiota de mí. En mi defensa alegaré que mis niveles de cafeína estaban por los suelos y mi cerebro fue incapaz de idear ninguna excusa que me librara de acompañarlas en esta tercera vez. Porque sí, era la tercera vez que me requerían y ya me había escaqueado las dos anteriores. En menos de lo que tardo en encender un cigarro, ya tenía hasta la entrada de la sala en mis manos.
Esa tarde, mientras andaba en mi cuarto intentando recuperarme de la traumática experiencia que había resultado el día, una de las generales decidió contactar conmigo "para concretar detalles". Já. Hay que admitir que me hizo sentir alagada, y es que por lo visto soy una de las pocas "vips" a las que les comentaron el evento, según me dijo -lo cual me hizo desear haber sido más borde con ellas hace unos meses, suerte que han tenido las otras-. Porque claro esas otras "no les caen bien". Como me aburría mucho le pregunté por los motivos. En palabras de la general "al trabajo se va a trabajar", y "es que ellas se creen que eso es una pasarela para lucir modelito y ligar con los compañeros" y eso no puede ser. Yo me reí educada -no tenía muy claro que se debía decir en estos casos- y ella aprovechó mi posterior silencio para empezar un ininterrumpido tiroteo contra los modelitos y ligoteos de las otras, porque como en el trabajo las tiene muy cerca está al tanto del todo.
No hace falta decir que yo a estas alturas ya me había perdido y pensaba: pero vamos a ver alma de cántaro ¿pero tú no decías que al trabajo ibas a trabajar? ¿Qué vas? ¿A trabajar o a cotillear?. Pero claro, aterrada ante la idea de dejar de ser una de las vips y pasar a ser una de las fusiladas estilísticamente decidí guardarme ese comentario.
Total, desde ahí mi mal humor fue en aumento según se iba acercando el viernes. Pero bueno, decidí ser optimista, que no positiva eh. Así que ahí me dirigí, vestida con minifalda, zapatos de tacón, una gota de maquillaje y litros de cinismo. Pero con una sonrisa eh. Habíamos quedado a las diez y media, con lo cual yo supuse que antes se haría una ronda de bares o beberíamos cual vagabundas -eso sí, vagabundas muy monas- en un parque cualquiera. Pero no, ¡que íbamos ya a la discoteca!
Ahí mis más profundos instintos se revelaron. Y es que vamos a ver, ni la sala podía estar abierta a esa hora! ¿Hola? A este paso quizás nos encontremos con mi hermano menor de edad dentro... Al final nos fuimos de bares. Yo pedí una heineken, y ellas "sin alcohol", una incluso cocacola. Porque es que cuando beben se desmadran mucho, me dijeron picaronas.
Admito que pasé un buen rato, bailamos en los bares y a mí no hay cosa que me guste más que bailar. Pero sobre las doce o así, les pareció que ya "se nos estaba haciendo tarde" -wtf?- y emprendimos el camino hacia la discoteca donde nos reuniríamos con más generales y gente vip. Y entramos. y a mí casi me dan ganas de salir corriendo. La sala estaba vacía, a excepción de:
1. La camarera en la barra.
2. El dj.
3. La azafata y el fotógrafo del photocall patrocinado por Licor 43.
Vamos, ¡vacía! Yo me fui derecha a la barra a por un vodka con limón, que me temblaban las piernas de ver tanto espacio ¡espacio incluso para caerme! ¡Tumbarme! ¡E incluso revolcarme por el suelo! Por dios, que se supone que en la palabra "discoteca" van implícitas las de "muchedumbre", "calor" y "apretujamiento". En fin, tras una hora, de la cual media pasamos escondidas en el baño por la vergüenza, empezó a llegar gente y eso se animó. No hace falta decir que me rompí a bailar con cada una de las canciones, me lo pasé realmente chachi bailando con las generales y demás gente vip. Pero hacia las dos o dos y media de la mañana los pies empezaban a dolerme y el baile regetonero empezaba a cansarme mucho, muchísimo. Así que como sabía que Bucay estaba Mikel, le whatsappee a este último para ver donde estaban y tras varias excusas, a falta de cafeína bueno es el alcohol para la imaginación, me fui de la discoteca después de varios abrazos colectivos con las generales.
Los ánimos por allá tampoco estaban muy altos. Bucay estaba atravesando un momento de melancolía en el que decidí a acompañarle. Fuera, sentados en unas escaleras, con el culo congelado y preguntándome la estúpida razón que me había llevado a ponerme tacones por millonésima vez, pasé el mejor rato de la noche hablando con mi amigo. De todo y de nada, nos comíamos el tiempo poco a poco, parando solo para ocasionales administraciones de nicotina.
Hasta que nos interrumpieron el resto de coleguillas de Bucay para apalancarse con nosotros. Podría decir, en afán por aumentar todavía más mi ego, que es que no pudieron resistirme a mis largas y preciosas piernas y tuvieron que arrastrarse hasta mí, pero lo cierto es que le llevaban chupando el culo toda la noche a Bucay y como mucho, lo único que tenían de mí eran celos. Aunque cierto es que Mikel, aun habiéndose pasado toda la semana dándome la chapa con una tal Sylvia, empezó a ponerse pesado y a invadir mi espacio, hasta que vio que yo pasaba de él e hizo lo propio. Gracias a dios. A las cuatro y media, Bucay y yo, cogíamos un taxi de vuelta a nuestro barrio. Una vez allí para seguir con la charla me acompañó hasta casa. Mis tacones, sus zapatillas. Los mecheros encendiendo unos últimos cigarrillos. Algún coche en la noche. Y las estrellas en el cielo mientras nosotros les hablábamos. Y solo por eso, valió la pena el catarro que hoy todavía arrastro.
martes, 11 de octubre de 2011
Al futuro.
¿Conocéis esa sensación anterior a la tormenta? ¿Esa calma, esa tranquilidad artificial, ese clima apaciguado que no parece irradiar más que paz y felicidad? Yo sí, y muy bien.
Tan bien que he aprendido a ver las señales, a saber que la ausencia de nubes es en sí una señal, porque se está más tiempo abajo que arriba. O tal vez no, pero lo notamos más. La cuestión es que he desarrollado una sensibilidad especial para estas cosas.
Mientras que al principio me pillaban por sorpresa y no tenía más que conformarme y levantarme, pronto aprendí a visualizarlas en el horizonte y a temerlas. Son detalles imperceptibles a la razón, pero no al subconsciente. Ahora, ya he pasado esa fase. Ya no sólo las veo, sino que las preveo; como cuando te despiertas de repente un minuto antes de que el despertador te taladre los oídos. Y sobre todo, ya no las temo; porque no dejo que me hagan caer.
Ahora me calzo las katiuskas, me pongo el chubasquero y agarro el paraguas con fuerza. Si mantengo la cabeza lo suficientemente fría incluso me acuerdo de subir el volumen de la música para no oír siquiera los truenos. Así que ven, porque no me vas a derribar esta vez.
jueves, 6 de octubre de 2011
Teléfonos de emergencia.
Si la semana tiene siete días la mía debe de tener catorce. O quizás sea la falta de horas de sueño para acabar, rematar y dejar requeteacabadísimo todo el trabajo que tengo últimamente. Qué se le va a hacer, cosas del perfeccionismo.Últimamente además tengo mucho compañero nuevo, nuevo sitio -mucho mejor, eso sí- y tareas nuevas; lo cual normalmente acabaría por destrozar mis nervios, pero no. Resulta que estoy de lo más happy del mundo, he visto gente a la que le ha tocado la lotería más triste que yo.
La cuestión es que lo normal sería que mi único deseo al terminar la jornada o la semana como mañana fuera quedarme con una camiseta zarrapastrosa viendo sexo en nueva york mientras como cereales, ¡pero no! Haciendo gala de los superpoderes femeninos de los que dispongo, todavía me da tiempo hasta para desear. Deseo ir de fiesta, deseo estar con las chicas, beber, fumar, bailar y reír, reír mucho. Y lo pienso hacer todo todo.
El problema comienza cuando lo que deseas no puedes tenerlo. Como ayer. Ayer simplemente tenía ganas de sexo, puro y duro -resulta increíble después de dos horas de gimnasio completas y una jornada de trabajo intensa- pero las tenía. La cuestión en principio parecía fácil de resolver. Estuve whatsappeándome con Karl, pero él estaba ocupado por la tarde así que pasé, aunque bromeé con tirar de agenda. Y ahí surgió, en caso de emergencia, ¿a quién llamar? Al fin y al cabo ayer sí, tenía ganas, pero no me tiraba de los pelos y como tenía trabajo para casa, lo dejé pasar. Cuando hay un incendio llamamos a los bomberos, te desmayas pues al médico y si te roba el bolso un kinki en la calle pues o corres detrás de él mientras le gritas o vas a la policía. Pero y en caso de emergencia sexual? Que yo sepa el gobierno no ha implantado -todavía- ningún número de tres cifras al que llamar, y digo tres cifras porque es probablemente el tiempo máximo que puedas perder marcando en estas ocasiones.
Ayer tenía números, podía, pero no sé si la pereza o que me apetecía que fuera karl, hizo que me prefiriera tomarme un té y hundir la cabeza entre papeles. Quizás sí, quizás el cansancio estaba pudiendo conmigo. Aun así, se lo planteo a los candidatos, votaré a quien lleve el teléfono de emergencias sexuales al 20-N. He dicho.
lunes, 19 de septiembre de 2011
¿Qué les pasa a los hombres?
Iba yo maldiciendo la lluvia, el viento, el frío, el mundo en general y el tiempo en particular, cuando decidí hacer un alto en el tema hombres y explayarme con una sesión de budú mental. Y es que ¿qué les pasa a los hombres?
Tras unas semanas de hastío total, surge el evento que tanto estaba esperando: un concierto de Bucay. Si a eso le añades de compañía a Aitor, Karl y David el plan parece redondo. E imagina por un momento que no sólo va a haber concierto, sino fiesta, ambiente y alcohol. Oh sí, litros y litros de alcohol (hola vodka, me echabas de menos?), perfecto ¿verdad? Pues remátalo con que tras meses y meses de coqueteo ocasional e inconstante, el fin de semana pasado coincidí con Mikel. Y aunque todo estaba en el aire, ya nos hemos ocupado de convertirlo en humo. Más visible, menos abstracto. Sé que le gusto y va a estar el viernes que viene. Así que remata la fiesta con un rato de mimos.
Era el plan perfecto, hasta que dejó de serlo. Y es que, ¿qué les pasa a los hombres? Por lo visto Mikel es amigo de unos conocidos de mi ex, tíos que no tardaron en contarle nuestra historia. En principio, a mí ¡plin! Pero la risa se me tuvo que escapar cuando Mikel me dejó caer que en cierta manera eso lo había hecho sentir un segundón... ¿segundón? Ja-ja. Chaval segundo si comienzas la lista por detrás seguramente no mucho más tiempo después del convierto de este viernes que viene, que tienes a unos cuántos MÁS delante (justo en concordancia con el post anterior, mira tú por dónde).
¿Cómo es posible? Y yo que pensaba que el mito de la princesa y casta doncella había acabado... Es que acaso quedan chicas así, y si quedan, la pregunta sería ¿por qué? Y más aún ¿qué es esto? Hipocresía en su máximo exponente, ni que ellos hubieran hecho voto de castidad. Es más, ahora que lo pienso, lo más probable es que su lista doble o triplique la mía.
Pero al final Mikel se salió por la tangente y dijo que a él le daba igual que hubiera estado con mi ex. Sin embargo sus palabras me inquietaban y tuve un presentimiento, así que lo interrogué.
Si con el drama del segundón me había entrado la risa, en ese momento me dieron ganas de echar a correr; y es que insinuó que quizás él podría querer algo más. Soy mujer práctica y Mikel me cae muy bien, así que con palabras claras, de forma lenta y con repetición de conceptos (lenguaje masculino) le expliqué que yo no quería ahora una relación, que no estaba preparada; y que el tendría que decidir si creía que eso podía influirle o prefería alejarse para no arriesgarse.
Al final, como ya imaginaba, han podido más sus ganas que sus previsiones y se contenta con decirme que tiene ganas de verme el viernes. A mí, tras tanta tragicomedia, lo que me apetece es una copa. Luego ya decidiremos si se acompaña de algo o no.
sábado, 27 de agosto de 2011
Cambié el "felices para siempre" por el cinismo y mi teclado
Hoy pensaba en el amor. En realidad pensaba más bien en qué ponerme esta noche porque ese otro tema llevo esquivándolo prácticamente todo el verano. Hablando con un par de amigas ayer me di cuenta de que hay gente que es feliz estando enamorada ¡es increíble! ¿Yo también lo era antes?
Quiero decir, la vez que estuve enamorada, enamorada de verdad, estuvo marcada por la más absoluta falta de cordura y una ingente cantidad de puñales, esquivas, lloros, inseguridades y al final, más que nada, cosas negativas. Cosas sin embargo que nos hacían funcionar y ser tan felices como cantidad de enfados teníamos. No había ostentosos "te quiero"-s ni halagos, más bien pullas y bromas de doble sentido que nos hacían enervarnos para acabar con un beso. Miradas sí, pero no de ternura, solo de esas a las que seguían una sonrisa torcida y una risa por lo bajo con la ceja levantada. Pero nos entendíamos, funcionábamos.
Sin embargo, pasada página y con ganas de volver a sentir ese vuelco en el corazón y ese temblor de piernas, me encuentro con que soy incapaz de sentirlo, o al menos del modo en el que lo hace la gente normal. La mayoría de las mujeres sueñan con un hombre que las agarre de la mano, las presente a sus amigos, se preocupen por ellas, les digan que están preciosas nada más levantarse y las quieran por encima de todas las cosas. Y voy yo y lo encuentro, una y otra vez. A Karl el último. Debiera ser feliz, debiera querer estar así, comprometerme un poco, y sin embargo huyo como alma que lleva el diablo.
Quizás sea simplemente que hay personas que están hechas para vivir enamoradas, o más bien para que las traten como princesas. Y otras vagamos perdidas por el mundo entre lo que nuestro instinto nos dice y lo que la sociedad nos marca. Siempre en eterno conflicto y nunca contentas. Quién sabe, o quizás simplemente soy una loca.
Sea lo que sea, no importa. Es así y no puedo cambiarlo. Lo único que puedo hacer es tratar de no herir a nadie más, al fin y al cabo, chicas; últimamente he conocido muchos príncipes y me he portado con ellos como la malvada madrastra del cuento. Me gustaría saber... si no es como madrastra, ni como príncipe o princesa,... ¿qué papel tengo yo en este cuento?
jueves, 5 de mayo de 2011
Hoy, acepto
Pongamos que existo. Pongamos que además de existir, vivo. Arriesguémonos un poco más y supongamos que, encima, siento y padezco. Entonces es fácil suponer, que tal como soy, a estas alturas de la primavera, el hastío empieza a hacer mella y la rutina va acortando camino entre ella y yo.
Pero ¿sabes qué? Que no me apetece seguir rehuyéndole, simplemente voy a dejar que todo fluya. Lo siento, me he quitado las deportivas y ya no quiero correr este sprint. Me he puesto unos tacones y pienso matarme a bailar tangos y bulerías con mi hastío. Que me agarre de la cintura y me haga girar, una y otra vez. Con mano firme, con control, sin desviaciones. Me invitará a una copa y saborearé el dulce néctar de la rutina, para emborracharme de costumbre y olvidar que somos nuevos. Noches de pasión con lo conocido, para que me proteja cuando la novedad me agreda.
Y es que se aproximan semanas de duro trabajo, así que... si no puedes derrotarlo, únete a él. Tienes la puerta abierta, entra y cierra con llave.
Pero ¿sabes qué? Que no me apetece seguir rehuyéndole, simplemente voy a dejar que todo fluya. Lo siento, me he quitado las deportivas y ya no quiero correr este sprint. Me he puesto unos tacones y pienso matarme a bailar tangos y bulerías con mi hastío. Que me agarre de la cintura y me haga girar, una y otra vez. Con mano firme, con control, sin desviaciones. Me invitará a una copa y saborearé el dulce néctar de la rutina, para emborracharme de costumbre y olvidar que somos nuevos. Noches de pasión con lo conocido, para que me proteja cuando la novedad me agreda.
Y es que se aproximan semanas de duro trabajo, así que... si no puedes derrotarlo, únete a él. Tienes la puerta abierta, entra y cierra con llave.
lunes, 2 de mayo de 2011
Primero fuego, y después nada.
Mientras mi cuerpo se debilita día a día parece que mi mente es más libre a cada minuto. Como el papel al arrugarse, mi pecho cruje con cada bocanada de aire que cojo; convulsiono entera desde el mismo centro con cada tosido.
Me reclino en la silla y acaricio con la mano izquierda mi cuello. Intento concentrarme en la sensación de cosquilleo que me produce siempre cualquier roce debajo de la mandíbula, pero no hay manera. Siento la fricción, pero no hay emoción. Como sospechaba, vacía. De vuelta al hastío.
No sé si me alegra o entristece. Bah, o simplemente me da igual. Quién sabe, quizás sea mejor así. Porque al final, como dice Bucay, ese mundo me es ajeno. Así que quizás sea mejor ni pisarlo. Y es que quien no sabe la ruta, pisa donde no debe y cuando menos te lo esperas... ¡pum! Primero fuego, y después nada.
Me reclino en la silla y acaricio con la mano izquierda mi cuello. Intento concentrarme en la sensación de cosquilleo que me produce siempre cualquier roce debajo de la mandíbula, pero no hay manera. Siento la fricción, pero no hay emoción. Como sospechaba, vacía. De vuelta al hastío.
No sé si me alegra o entristece. Bah, o simplemente me da igual. Quién sabe, quizás sea mejor así. Porque al final, como dice Bucay, ese mundo me es ajeno. Así que quizás sea mejor ni pisarlo. Y es que quien no sabe la ruta, pisa donde no debe y cuando menos te lo esperas... ¡pum! Primero fuego, y después nada.
miércoles, 6 de abril de 2011
Mañana con ellas, tarde con Bucay, noche con Karl
Hemos sobrepasado los treinta grados... En serio, yo ya no sé ni cómo vestirme. O me congelo de frío o acabo al borde de una lipotimia. Aunque prefiero este calor. Respirar el aire caliente por la nariz, sentir la suave brisa fresca, olvidarme la chaqueta y no necesitarla. Fumarme el piti sin tiritar ni necesidad de sentir miedo por si acabo metiéndomelo por un ojo del tembleque. Charlar con ellas, con ellos, y que nuestras risas se eleven como notas de colores hacia el despejado cielo azul. Desde luego, adoro estos días.
Ha sido una mañana relajada, sin mucho trabajo y muchas charlas femeninas de esas que aunque no suelen interesarme demasiado, me gustan porque las tengo con ellas.
Por la tarde para salir de la monotonía y aburrimiento me he pirado a dar una vuelta con Bucay, como siempre buena charla y pitillos al aire libre. Agradezcamos al señor majo del parque que me ha regalado un mechero, porque yo ya estaba por desatar el estado de alarma viendo que el mío había muerto. Pero mira tú por donde, resulta que todavía queda gente maja en este mundo.
Nos pilla el crepúsculo y volvemos a nuestros quehaceres. Karl online, y me río. Consigue que no me aburra, ya sea política, filosofía o simple charla banal y matutina, sonrío y nadie me quita eso.
Definitivamente, hoy es un buen día.
Ha sido una mañana relajada, sin mucho trabajo y muchas charlas femeninas de esas que aunque no suelen interesarme demasiado, me gustan porque las tengo con ellas.
Por la tarde para salir de la monotonía y aburrimiento me he pirado a dar una vuelta con Bucay, como siempre buena charla y pitillos al aire libre. Agradezcamos al señor majo del parque que me ha regalado un mechero, porque yo ya estaba por desatar el estado de alarma viendo que el mío había muerto. Pero mira tú por donde, resulta que todavía queda gente maja en este mundo.
Nos pilla el crepúsculo y volvemos a nuestros quehaceres. Karl online, y me río. Consigue que no me aburra, ya sea política, filosofía o simple charla banal y matutina, sonrío y nadie me quita eso.
Definitivamente, hoy es un buen día.
jueves, 31 de marzo de 2011
Bucay se expande
Sí, sí, tal cual. Ya no se limita al arrullo del boli contra el papel, las letras y palabras no son suficiente para sacarlo todo fuera. Ahora, acaricia el cuaderno con la fina punta gris del lapiz. Plasma un mundo de colores en un solo color, y sin embargo, sus trazos expresan desde el rojo más truculento hasta el azul más celestial. Nonsenses maybe, but I understand myself.

Me ha prometido un retoque, aunque yo lo crea innecesario. Se verá mejor, pero al final, lo siento y es que, el verdadero disfrute es tener el auténtico.

Me ha prometido un retoque, aunque yo lo crea innecesario. Se verá mejor, pero al final, lo siento y es que, el verdadero disfrute es tener el auténtico.
martes, 29 de marzo de 2011
Desde el desastre del domingo al martes sin cordura
Qué pasa. A quién le importa. Preguntas vanas lanzadas al cielo, al aire, al viento de las noches solo alumbrada por parpadeantes farolas. Recojo respuestas de lo que no he preguntado, y mis preguntas se desvanecen en la nada, en la niebla del alma.
Me duele la cabeza, me duele y eso me revela que sigo viva. El insomnio no me da tregua. Y no puedo llorar. Las lágrimas se niegan a salir, quizás Bucay tenga razón. Quizás sea un día, pero desde el desastroso domingo no ha habido tregua. No ha habido notas de colores, no ha habido nada.
No siento amor, no siento odio. Todo me es indiferente, nada me importa. Hago todo como una autómata, sin pararme siquiera a pensarlo. Hago mis quehaceres, cubro mis necesidades físicas, pero no siento. No siento nada y voy sin rumbo.
Quizás mañana luzca el sol, quizás mañana encuentre el timón, encuentre respuestas. Pero no sé si mañana llegaré cuerda para poder entenderlas.
Me duele la cabeza, me duele y eso me revela que sigo viva. El insomnio no me da tregua. Y no puedo llorar. Las lágrimas se niegan a salir, quizás Bucay tenga razón. Quizás sea un día, pero desde el desastroso domingo no ha habido tregua. No ha habido notas de colores, no ha habido nada.
No siento amor, no siento odio. Todo me es indiferente, nada me importa. Hago todo como una autómata, sin pararme siquiera a pensarlo. Hago mis quehaceres, cubro mis necesidades físicas, pero no siento. No siento nada y voy sin rumbo.
Quizás mañana luzca el sol, quizás mañana encuentre el timón, encuentre respuestas. Pero no sé si mañana llegaré cuerda para poder entenderlas.
domingo, 27 de marzo de 2011
Desde mi primer lío lésbico hasta el desastre del domingo
Hoy es uno de esos días en los que me apetece llorar. No entiendo, o no sé manejar, lo que pasa a mi alrededor. Siento a todo el mundo lejos. Me siento diferente. Y quizás lo sea.
He tenido mi primer lío lésbico. Fue extraño como poco. Diferente, en gran medida. Algo inexplicable, labios femeninos y alcohol. Aunque no sea lesbiana, ni siquiera bisexual (que yo sepa), no me arrepiento. Y es que fue divertido, el morbo de lo diferente, de la aventura. Algo que muchos y muchas se niegan a si mismos por prejuicios y demases. El sábado tuve una charla increíblemente larga con Bucay, que me dio muchísimo que pensar.
Ahí todavía la cosa estaba bien, iba bien. Quizás fue cuando me sentí aislada de las chicas, quizás cuando el trabajo empezó a llegarme al cuello y el estrés me comía. Quizás fue entonces, quizás es solo que hoy es domingo. Quizás mañana todo esté bien. O quizás no, lo más terrible es que me da igual.
He tenido mi primer lío lésbico. Fue extraño como poco. Diferente, en gran medida. Algo inexplicable, labios femeninos y alcohol. Aunque no sea lesbiana, ni siquiera bisexual (que yo sepa), no me arrepiento. Y es que fue divertido, el morbo de lo diferente, de la aventura. Algo que muchos y muchas se niegan a si mismos por prejuicios y demases. El sábado tuve una charla increíblemente larga con Bucay, que me dio muchísimo que pensar.
Ahí todavía la cosa estaba bien, iba bien. Quizás fue cuando me sentí aislada de las chicas, quizás cuando el trabajo empezó a llegarme al cuello y el estrés me comía. Quizás fue entonces, quizás es solo que hoy es domingo. Quizás mañana todo esté bien. O quizás no, lo más terrible es que me da igual.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Vivir sin resignarme a solo existir
Porque hay dos clases de personas. Las que se limitan a existir y las que viven, las que viven de verdad. Las que disfrutan y sufren cada segundo de su vida, a las que lo desconocido les da miedo por supuesto, pero eso no les impide intentarlo, las que por vivir extremos saben lo que espera a cada lado, las que piden paz para el mundo y guerra para ellas, las que viven un día diferente a diario y no una rutina, las que ríen sin motivo y le lloran a recuerdos, las que sonríen, aman, odian, besan, hacen el amor, las que de verdad, de verdad, viven y no solo existen.
Uno, dos, tres y cuatro
Y que luego me digan que no me estrese. Es el mundo el que me quiere estresada, pero un paso por delante, con mi té, mi café, el cigarrillo y la canción que me apetece bailar... le pueden dar al mundo.
Nada puede ser tan real, nada más que eso. Que yo y que yo estoy aquí, que mañana quizás no, pero que hoy, mientras llueva, bailaré bajo la lluvia.
Nada puede ser tan real, nada más que eso. Que yo y que yo estoy aquí, que mañana quizás no, pero que hoy, mientras llueva, bailaré bajo la lluvia.
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Retazos de una vida pasada, pero no por ello menos válido.
Que no te engañen. No existen los cuentos de hadas, las princesas viven en cuentos de terror. Cuentos donde nadie dice lo que piensa, ni hace lo que desea; sino lo que se supone que tiene que decir y hacer. Allí, los vestidos y zapatos son incómodos, no dejan correr; ni vivir en realidad. Los príncipes no son tan buenos y no protegen, solo aprisionan y ahogan. Los dragones a su lado son una bendición, y es que por lo menos a esos puedes odiarlos. Porque el problema comienza cuando quien amas es quien te está matando por dentro.
