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astrid.rhys.jones@hotmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta Sueños. Mostrar todas las entradas
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martes, 11 de octubre de 2011

Al futuro.

¿Conocéis esa sensación anterior a la tormenta? ¿Esa calma, esa tranquilidad artificial, ese clima apaciguado que no parece irradiar más que paz y felicidad? Yo sí, y muy bien.

Tan bien que he aprendido a ver las señales, a saber que la ausencia de nubes es en sí una señal, porque se está más tiempo abajo que arriba. O tal vez no, pero lo notamos más. La cuestión es que he desarrollado una sensibilidad especial para estas cosas.

Mientras que al principio me pillaban por sorpresa y no tenía más que conformarme y levantarme, pronto aprendí a visualizarlas en el horizonte y a temerlas. Son detalles imperceptibles a la razón, pero no al subconsciente. Ahora, ya he pasado esa fase. Ya no sólo las veo, sino que las preveo; como cuando te despiertas de repente un minuto antes de que el despertador te taladre los oídos. Y sobre todo, ya no las temo; porque no dejo que me hagan caer.

Ahora me calzo las katiuskas, me pongo el chubasquero y agarro el paraguas con fuerza. Si mantengo la cabeza lo suficientemente fría incluso me acuerdo de subir el volumen de la música para no oír siquiera los truenos. Así que ven, porque no me vas a derribar esta vez.

domingo, 9 de octubre de 2011

Delirios enfermizos

Ayer antes de ponerme irremediablemente enferma y aceptar que la fiesta tendría que esperar al siguiente sábado, estuve dando una vuelta con Bucay. Hablábamos de esos seres pequeños que la gente encarga -sin saber los costes adicionales- que no hacen más que hacérselo encima y berrear; bueno, Bucay los llamó hijos pero al final eso es lo menos importante. La cuestión es que cuando me despedí de él, camino a casa, estuve pensando en las familias, los extraterrestres, los niños y demás cosas extrañas del universo hasta que una turbadora conversación tuvo lugar entres las dos partes de mi cerebro:

-Estaría bien tener novio. Estaría requetebien.
-¡¿Para qué?!
-No sé, la gente parece feliz.

Tras esto la voz racional de mi cerebro tuvo que callarse y dejar que yo, árbitro suprema, cavilara sobre ello. Es verdad que parecen felices aunque quizás es en el "parecen" donde está la clave. Al fin y al cabo tener pareja es de lo más angustioso. Cuántas veces habré oído a la gente referirse a la otra persona como "mi mitad", "mi todo", etc. o decir "sin ti no soy nada", "sin ti me muero"... Joder tía, pues muérete ya y déjanos tranquilos. Aparte de la evidente cursilería que encierran estas chorradas, hace pensar que una persona está incompleta -mi mitad- o no es nada sin la otra! Pero ¿qué clase de amor propio es ese? Me dan escalofríos solo de pensarlo.

Sin embargo es verdad que parecen de lo más felices -y lo son, por experiencia propia. Ayer mismo echaba de menos eso. Alguien que me abrazara en la cama mientras me moría de frío y no hacía más que estornudar hubiera estado bien. Que me trajera chocolate caliente, me arropara, me diera mimos, me dijera cosas bonitas,... Sí, habría estado "requetebien".

Pero siendo sincera, es que yo soy muy pragmática. A ver qué hago con el tío de turno cuando vuelva a estar bien, y es que esto solo son delirios de la enfermedad -esperemos-.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Vivir sin resignarme a solo existir

Porque hay dos clases de personas. Las que se limitan a existir y las que viven, las que viven de verdad. Las que disfrutan y sufren cada segundo de su vida, a las que lo desconocido les da miedo por supuesto, pero eso no les impide intentarlo, las que por vivir extremos saben lo que espera a cada lado, las que piden paz para el mundo y guerra para ellas, las que viven un día diferente a diario y no una rutina, las que ríen sin motivo y le lloran a recuerdos, las que sonríen, aman, odian, besan, hacen el amor, las que de verdad, de verdad, viven y no solo existen.

domingo, 5 de diciembre de 2010

La lluvia moja las calles, las lágrimas las caras. Pero es bueno, la lluvia limpia las calles y las lágrimas el alma.

Quizás no nos demos cuenta en ese momento, pero después, en perspectiva comprendemos su importancia, lo bueno que fue. No se dice en vano que el agua purifica.

Es importante aunque más importante es seguir, adelante, limpiarse los ojos y mirar a tu alrededor. Porque al final, sino, al igual que un día de tormenta te puede estropear el paseo la mirada empañada te impedirá vivir el momento.

No luches contra ti misma, eres tú. Tú y tu necesidad de llorar. Tú y tus emociones. Tú y tus sentimientos. Quien dijo que estaba prohibido llorar, se prohibió vivir a si mismo.

Al final, como siempre, el sol vuelve a salir. Y las ganas de ese paseo también. Sonríe.

jueves, 22 de julio de 2010

Enamoradísima

Suena la canción mas melosa del momento, de esas que hacen que cuando están de fiesta las chicas canten mirándose las unas a las otras a los ojos imaginando en su fuero interior, en realidad, que se la cantan al hombre de su vida/momento.

Admito que incluso yo lo he hecho alguna vez. Todo se contagia. Ahora, sola mientras escribo esto, simplemente sonrío. Hoy estoy soñadora, más aún; enamorada.

Todavía no he hecho la maleta, soy de las que piensan que si no la haces a última hora y llegas justa justa para embarcar deja de tener emoción. Sé todo lo que tengo que llevar, toda mi ilusión, mis ganas de reír, de disfrutar, mi adicción por el café y los cigarrillos, los millones de besos de despedida que me ha regalado mi gente, una pizca de mi ironía y sarcasmo, y esa gran caja de sueños que pienso cumplir allí.

Como ya he dicho, hoy estoy enamorada. Sí, enamoradísima. De la aventura, de los sueños y de eso que huelo en el aire... algo nuevo; algo que, muy pronto, espero descubrir.

lunes, 5 de julio de 2010

Me ahogo

Desnuda me dejé caer al suelo. Un grito murió en mi garganta mientras las lágrimas escapaban de mis ojos, y bajaban veloces por mi cara, cuello y pecho; mezcándose con las gotitas del agua de la ducha que se resistían a despegarse de mi piel.

Un fugaz destello de la memoria hizo click en mí recordándome el horror y mi cuerpo reaccionó. Estallé en sollozos mientras mi cuerpo convulsionaba. No sé cuanto estuve así, quizás tres segundos, quizás tres minutos, quizás tres horas. Solo el cansancio me paró. Estaba agotada y entonces sentí el frío en mi espalda.

Me levanté y entre traspieses busqué una toalla grande. Me arropé en ella y me preparé un café. Me lo tomé, me vestí y observe mi cara en el espejo después de maquillarme. No, nadie podría deducir nunca lo cerca que había estado de suicidarme. Sonrío, parece real; pero aún sigo sintiendo que me ahogo.

jueves, 17 de junio de 2010

Sueño, ojalá poder soñar todos los días

Apunto en un postick las cosas que tengo que recordar mañana. Escribo palabras sueltas con un lápiz que he encontrado en el cajón que tengo de galletas, o eso creo. No hay juego más entretenido al día siguiente que intentar descifrar las veintemil ideas plasmadas en garabatos que me pasaron por la mente fumada.

Me encanta. Ves el mundo con ojos nuevos. Quizás es que los mantengo entrecerrados, como ejemplar china. En fin. No doi más de si, solo floto. Solo sueño. Y me gusta, ojalá no despertara.

lunes, 10 de mayo de 2010

Un sueño sin fin

Es la última vez que te lo repito. No vuelvas. No vuelvas a meterte en mi cabeza. No vuelvas a perturbarme cuando estoy en los brazos de Morfeo. No, y no. Llevas viniendo cada noche durante semanas, sin tregua, y ya estoy harta. Harta de tener que verte, oírte y podría decir que hasta sentirte.

Harta de sentir las lágrimas rodando por mi cara y tu mano acariciándome mientras las secas. Harta de tus ojos que me miran amándome. Harta de esa sonrisa permanente de aires de suficiencia que tanto sabes que me gusta. Harta de tu brazo alrededor de mi cintura. De tu piel, de tu calor, de tus labios.

Pero sobre todo harta de despertar. Harta de despertarme desorientada buscándote a mi lado, para darme cuenta después, de que no estás. Harta de levantarme queriendo que nuevamente la noche llegue para poder volver a estar a tu lado. Harta de vivir en mis sueños y morir en mi realidad.

Así que por favor, te lo vuelvo a suplicar: no vuelvas. No vuelvas ofreciéndome el paraiso para después sacarme a rastras de él. Y si no me haces caso, si decides volver, si decides vagar como un fantasma por mis sueños, si decides llevarme en volandas todo lo lejos que nos permita mi imaginación, entonces...

Entonces, solo me queda suplicar por no despertar jamás.

Retazos de una vida pasada, pero no por ello menos válido.

Que no te engañen. No existen los cuentos de hadas, las princesas viven en cuentos de terror. Cuentos donde nadie dice lo que piensa, ni hace lo que desea; sino lo que se supone que tiene que decir y hacer. Allí, los vestidos y zapatos son incómodos, no dejan correr; ni vivir en realidad. Los príncipes no son tan buenos y no protegen, solo aprisionan y ahogan. Los dragones a su lado son una bendición, y es que por lo menos a esos puedes odiarlos. Porque el problema comienza cuando quien amas es quien te está matando por dentro.