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domingo, 8 de enero de 2012

Amores y trabajos

En realidad debería estar durmiendo para seguir trabajando mañana... Culpable. Pero me apetecía demasiado escribir. Estos días estoy desconectada del mundo, de mis chicas, de mis chicos, de todos cuanto quiero. Y es que este va a ser un mes estresante: salgo pronto y vuelvo tarde. Pero si todo va según lo previsto, habrá valido la pena, y mucho además.

Las noticias del exterior me llegan con cuentagotas. Pero casi mejor eh, ¡que sino me dan envidia! A Bucay lo veo más porque la cercanía lo permite pero él también está de trabajo hasta arriba y con poca cosa que contar. El resto de lo que sé me viene online: Karl con un nuevo ligue -¿habrá que ponerle nombre?-, David pues con sus rollos como siempre -tengo que mantener con él una charla urgente, pero habrá que esperar a febrero... y eso siendo urgente, ay dios-, de las chicas poco nuevo la verdad. Más amores, qué pasa? últimamente todo el mundo se enamora? Debo de ser el bicho raro, a tope. Kira anda colgadísima perdida por un tío que, desde luego, me gusta para ella; tiene buen gusto. Es un buena gente, solo espero que empiece a dar pasos hacia él! Que si no te mueves nada se mueve Kira!

Siguiendo con los amores está Ela. Bueno, ya dije que tenía novio verdad? Pues que deje de acapararla del todo! Tengo ganazas de verla! Al fin y al cabo la necesito, joder, la echo en falta.

Pues así va el mundo. Mientras unos se enamoran, otros intentamos hacer lo propio con nuestro trabajo... ¡y es que alguien tendrá que levantar el país! Me gusta. Más que nunca, siento que las cosas funcionan sin que tenga que controlar nada.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

En muy variados procesos.

Lo que escribí ayer es una de las consecuencias del final de mi noche del sábado. Y es que acabé en su casa. Y como mi memoria es tan genial, me dejé una de mis pulseras favoritas. Todavía tenemos que aclarar lo de los pendientes. Pero objetos materiales a parte, supongo que tengo mucho sobre lo que reflexionar. Claro que podría excusarme diciendo que todo es consecuencia de que estoy enferma, y es que cada vez que me toca me pongo mala -tanto metafórica como literalmente!-. Y esta vez ha sido la peor, quizás porque fue la mejor con él. No sé. Estoy confusa. Tampoco quiero darle muchas más vueltas, al fin y al cabo él no tiene ningún tipo de interés en mí más allá de lo del otro día.

Dejando a ese extraño ser a parte, Karl insiste en venir a verme. Que estoy mala, no muriéndome! Lo agradezco muchísimo, es un cielo, pero ahora mismo visitas son lo que menos quiero, solo quiero descansar, recuperarme y estar cuanto antes otra vez al cien por cien. Al fin y al cabo el trabajo se me está acumulando, me ha costado tres llamadas, dos correos electrónicos y unas cuantas comunicaciones dejar todo dispuesto para que mi mundo no se eche a perder en el tiempo que voy a faltar.

Mientras tanto, muchos líquidos, todos sin nada de alcohol -dios mío lo que daría por un vodka con lima ahora mismo- y cero cigarrillos -aunque sé que por muy mal que esté acabaré fumándome uno tarde o temprano-.

Supongo que lo que más me ha complacido de todo esto es ver que mi mundo avanza y se mantiene, aunque tenga que vigilarlo con el termómetro puesto.

domingo, 30 de octubre de 2011

Y todo se reduce a eso.

La noche de ayer fue algo más que extraña. Como todavía arrastraba el catarro de la pasada semana -con faringitis y cosas varias incluidas según la doctora- me vestí a capas, tipo Shrek y decidí salir con todos a celebrar el cumple de Saray con los chicos.

Karl, David, Aitor, Enzo, Jon... incluso luego vino Bucay -pero se fue pronto que se va de puente hoy con la novia- y nos encontramos con Jake. Plagada de altibajos, comencé la noche entre pastillas  -sigo mala- y cervezas.

Aitor preguntaba que me pasaba, que estaba silenciosa. No, silenciosa no, solo pensando. Karl también se quejó de mi falta de atención, que no era tal, pero bueno. La noche avanzaba, oír a Aitor, Karl y Jake improvisar es un gusto aunque acabé molesta con Aitor por un comentario sobre mi ex. Me río con David mientras vamos a orinar, es tan puro...

Aitor acaba por marcharse, como ya hizo Bucay, y nuestro grupo va disminuyendo. De ahí hacia la plaza, litros y litros de cerveza por medio. La verdad es que David hizo de repartidor de una manera asombrosa de buena. Karl y Enzo optan por irse, nosotros acabamos a la puerta de un garito.

El tiempo pasa, fluye, todo va bien, hay alcohol y tabaco. Entramos, pero está petado, consigo una cerveza y es lo único que hago, seguir bebiendo. Al final David, Saray y Jon se piran... nos quedamos Jake y yo, solos sin saber muy bien por qué. Yo me entretengo hablando con unos chavales que me pretenden narcotraficante valenciana, divertido, hablamos reímos. Y cuando me empiezan a agobiar simplemente menciono a mi "esposo", no sé cómo pero cuela y me dejan en paz. Jake por su parte habla con una chica. Pero nos acaban desalojando, y echamos a andar.

Un bocadillo y una estatua. Él con el primero y yo con la segunda, nos basta para maravillarnos a estas horas de la mañana. Empieza a hacer frío y seguimos andando, yo me dejo guiar al fin y al cabo no sé dónde estamos, así además de hablar me da tiempo a pensar sobre ciertas cosas. Llegamos al metro y cada uno por su lado. Pero soy imbécil, he bebido demasiado y yo qué sé qué más, la cuestión es que me acabo saltando mi parada. Así que vuelta para atrás y regreso a casa, con la luz de la mañana cegándome; para llegar y tras tantas charlas con tanta gente, darme cuenta de lo sola que me sentía.

jueves, 6 de octubre de 2011

Teléfonos de emergencia.

Si la semana tiene siete días la mía debe de tener catorce. O quizás sea la falta de horas de sueño para acabar, rematar y dejar requeteacabadísimo todo el trabajo que tengo últimamente. Qué se le va a hacer, cosas del perfeccionismo.Últimamente además tengo mucho compañero nuevo, nuevo sitio -mucho mejor, eso sí- y tareas nuevas; lo cual normalmente acabaría por destrozar mis nervios, pero no. Resulta que estoy de lo más happy del mundo, he visto gente a la que le ha tocado la lotería más triste que yo.

La cuestión es que lo normal sería que mi único deseo al terminar la jornada o la semana como mañana fuera quedarme con una camiseta zarrapastrosa viendo sexo en nueva york mientras como cereales, ¡pero no! Haciendo gala de los superpoderes femeninos de los que dispongo, todavía me da tiempo hasta para desear. Deseo ir de fiesta, deseo estar con las chicas, beber, fumar, bailar y reír, reír mucho. Y lo pienso hacer todo todo.

El problema comienza cuando lo que deseas no puedes tenerlo. Como ayer. Ayer simplemente tenía ganas de sexo, puro y duro -resulta increíble después de dos horas de gimnasio completas y una jornada de trabajo intensa- pero las tenía. La cuestión en principio parecía fácil de resolver. Estuve whatsappeándome con Karl, pero él estaba ocupado por la tarde así que pasé, aunque bromeé con tirar de agenda. Y ahí surgió, en caso de emergencia, ¿a quién llamar? Al fin y al cabo ayer sí, tenía ganas, pero no me tiraba de los pelos y como tenía trabajo para casa, lo dejé pasar. Cuando hay un incendio llamamos a los bomberos, te desmayas pues al médico y si te roba el bolso un kinki en la calle pues o corres detrás de él mientras le gritas o vas a la policía. Pero y en caso de emergencia sexual? Que yo sepa el gobierno no ha implantado -todavía- ningún número de tres cifras al que llamar, y digo tres cifras porque es probablemente el tiempo máximo que puedas perder marcando en estas ocasiones.

Ayer tenía números, podía, pero no sé si la pereza o que me apetecía que fuera karl, hizo que me prefiriera tomarme un té y hundir la cabeza entre papeles. Quizás sí, quizás el cansancio estaba pudiendo conmigo. Aun así, se lo planteo a los candidatos, votaré a quien lleve el teléfono de emergencias sexuales al 20-N. He dicho.

lunes, 19 de septiembre de 2011

¿Qué les pasa a los hombres?

Iba yo maldiciendo la lluvia, el viento, el frío, el mundo en general y el tiempo en particular, cuando decidí hacer un alto en el tema hombres y explayarme con una sesión de budú mental. Y es que ¿qué les pasa a los hombres?

Tras unas semanas de hastío total, surge el evento que tanto estaba esperando: un concierto de Bucay. Si a eso le añades de compañía a Aitor, Karl y David el plan parece redondo. E imagina por un momento que no sólo va a haber concierto, sino fiesta, ambiente y alcohol. Oh sí, litros y litros de alcohol (hola vodka, me echabas de menos?), perfecto ¿verdad? Pues remátalo con que tras meses y meses de coqueteo ocasional e inconstante, el fin de semana pasado coincidí con Mikel. Y aunque todo estaba en el aire, ya nos hemos ocupado de convertirlo en humo. Más visible, menos abstracto. Sé que le gusto y va a estar el viernes que viene. Así que remata la fiesta con un rato de mimos.

Era el plan perfecto, hasta que dejó de serlo. Y es que, ¿qué les pasa a los hombres? Por lo visto Mikel es amigo de unos conocidos de mi ex, tíos que no tardaron en contarle nuestra historia. En principio, a mí ¡plin! Pero la risa se me tuvo que escapar cuando Mikel me dejó caer que en cierta manera eso lo había hecho sentir un segundón... ¿segundón? Ja-ja. Chaval segundo si comienzas la lista por detrás seguramente no mucho más tiempo después del convierto de este viernes que viene, que tienes a unos cuántos MÁS delante (justo en concordancia con el post anterior, mira tú por dónde).

¿Cómo es posible? Y yo que pensaba que el mito de la princesa y casta doncella había acabado... Es que acaso quedan chicas así, y si quedan, la pregunta sería ¿por qué? Y más aún ¿qué es esto? Hipocresía en su máximo exponente, ni que ellos hubieran hecho voto de castidad. Es más, ahora que lo pienso, lo más probable es que su lista doble o triplique la mía.

Pero al final Mikel se salió por la tangente y dijo que a él le daba igual que hubiera estado con mi ex. Sin embargo sus palabras me inquietaban y tuve un presentimiento, así que lo interrogué.

Si con el drama del segundón me había entrado la risa, en ese momento me dieron ganas de echar a correr; y es que insinuó que quizás él podría querer algo más. Soy mujer práctica y Mikel me cae muy bien, así que con palabras claras, de forma lenta y con repetición de conceptos (lenguaje masculino) le expliqué que yo no quería ahora una relación, que no estaba preparada; y que el tendría que decidir si creía que eso podía influirle o prefería alejarse para no arriesgarse.

Al final, como ya imaginaba, han podido más sus ganas que sus previsiones y se contenta con decirme que tiene ganas de verme el viernes. A mí, tras tanta tragicomedia, lo que me apetece es una copa. Luego ya decidiremos si se acompaña de algo o no.

sábado, 27 de agosto de 2011

Cambié el "felices para siempre" por el cinismo y mi teclado

Hoy pensaba en el amor. En realidad pensaba más bien en qué ponerme esta noche porque ese otro tema llevo esquivándolo prácticamente todo el verano. Hablando con un par de amigas ayer me di cuenta de que hay gente que es feliz estando enamorada ¡es increíble! ¿Yo también lo era antes?

Quiero decir, la vez que estuve enamorada, enamorada de verdad, estuvo marcada por la más absoluta falta de cordura y una ingente cantidad de puñales, esquivas, lloros, inseguridades y al final, más que nada, cosas negativas. Cosas sin embargo que nos hacían funcionar y ser tan felices como cantidad de enfados teníamos. No había ostentosos "te quiero"-s ni halagos, más bien pullas y bromas de doble sentido que nos hacían enervarnos para acabar con un beso. Miradas sí, pero no de ternura, solo de esas a las que seguían una sonrisa torcida y una risa por lo bajo con la ceja levantada. Pero nos entendíamos, funcionábamos.

Sin embargo, pasada página y con ganas de volver a sentir ese vuelco en el corazón y ese temblor de piernas, me encuentro con que soy incapaz de sentirlo, o al menos del modo en el que lo hace la gente normal. La mayoría de las mujeres sueñan con un hombre que las agarre de la mano, las presente a sus amigos, se preocupen por ellas, les digan que están preciosas nada más levantarse y las quieran por encima de todas las cosas. Y voy yo y lo encuentro, una y otra vez. A Karl el último. Debiera ser feliz, debiera querer estar así, comprometerme un poco, y sin embargo huyo como alma que lleva el diablo.

Quizás sea simplemente que hay personas que están hechas para vivir enamoradas, o más bien para que las traten como princesas. Y otras vagamos perdidas por el mundo entre lo que nuestro instinto nos dice y lo que la sociedad nos marca. Siempre en eterno conflicto y nunca contentas. Quién sabe, o quizás simplemente soy una loca.

Sea lo que sea, no importa. Es así y no puedo cambiarlo. Lo único que puedo hacer es tratar de no herir a nadie más, al fin y al cabo, chicas; últimamente he conocido muchos príncipes y me he portado con ellos como la malvada madrastra del cuento. Me gustaría saber... si no es como madrastra, ni como príncipe o princesa,... ¿qué papel tengo yo en este cuento?

miércoles, 22 de junio de 2011

Obviamente, esto era imprescindible


Debiera pedir disculpas, pero tardaría demasiado tiempo y es que mira que Karl tiene paciencia conmigo ¡indescriptible! Hace ya mucho tiempo que dibujó algo para mí y que yo prometí que subiría, como se suele decir: más vale tarde que nunca.

Hay muchas formas de valorar un regalo, una cosa cualquiera. La gente suele hacerlo por su valor monetario, marca,... yo lo hago por la persona que me lo ha regalado, esto es lo más grande que me podías regalar. Tan grande como tú, Karl.

domingo, 17 de abril de 2011

Brillante, sin dobleces

Paso el ticket y entro al metro. Mi móvil suena, un número desconocido. Suspiro, sé quién es y sé que me la va a liar como siempre. No me equivoco, Bucay al habla. No sé si es que fue muy persuasivo o yo todavía tenía algo de ganas de fiesta, la cuestión es que como siempre me acabó convenciendo. Me despedí de las chicas y tiré de nuevo para el centro. Allí estaba, en el banco con una litrona mientras yo le miraba severa. Me presentó dos chicos, a los que automáticamente les prohibió siquiera tocarme. Una de sus manías esa de espantarme el género masculino. Pero le miro con cariño, cuánto lo quiero.

Le recuerdo su promesa, habíamos quedado con Karl. Y allá vamos, en la noche, los dos hacia el centro, calles viejas con historia, recónditas esquinas de momentos pasados y posibles futuros. Nos espera a la salida del metro Karl, sonríe, sonreímos.

La noche es joven y toda nuestra. Andamos por calles empedradas hasta llegar a su grupo. Presentaciones varias y anécdotas sexuales por parte de Bucay. Se le va... ¡y mucho! Torbellino de risas, de caladas, de preguntas curiosas.

En el barullo de la calle secuestramos a un hombre con guitarra. Y cantan, y yo río. Calles arriba, calles abajo ¡hasta me beso con Karl! Un beso dulce, sincero, sensible. Debiera encantarme, pero soy atravesada de cojones.

Karl y Bucay me abandonan dejándome a mi suerte con las chicas. ¡Con las chicas! Su charla me agobia, demasiada hormona acumulada y huyo a donde ellos solo para oírles cantar, solo para oírles vivir.

Las horas pasan como los cigarrillos por mis manos, y morfeo me llama a sus brazos. Y al final, algunos antes que otros, Bucay como siempre se queda (para armarla un poquito más), partimos. Contentos, contentos de una noche simple, sincera, brillante.

miércoles, 6 de abril de 2011

Mañana con ellas, tarde con Bucay, noche con Karl

Hemos sobrepasado los treinta grados... En serio, yo ya no sé ni cómo vestirme. O me congelo de frío o acabo al borde de una lipotimia. Aunque prefiero este calor. Respirar el aire caliente por la nariz, sentir la suave brisa fresca, olvidarme la chaqueta y no necesitarla. Fumarme el piti sin tiritar ni necesidad de sentir miedo por si acabo metiéndomelo por un ojo del tembleque. Charlar con ellas, con ellos, y que nuestras risas se eleven como notas de colores hacia el despejado cielo azul. Desde luego, adoro estos días.

Ha sido una mañana relajada, sin mucho trabajo y muchas charlas femeninas de esas que aunque no suelen interesarme demasiado, me gustan porque las tengo con ellas.

Por la tarde para salir de la monotonía y aburrimiento me he pirado a dar una vuelta con Bucay, como siempre buena charla y pitillos al aire libre. Agradezcamos al señor majo del parque que me ha regalado un mechero, porque yo ya estaba por desatar el estado de alarma viendo que el mío había muerto. Pero mira tú por donde, resulta que todavía queda gente maja en este mundo.

Nos pilla el crepúsculo y volvemos a nuestros quehaceres. Karl online, y me río. Consigue que no me aburra, ya sea política, filosofía o simple charla banal y matutina, sonrío y nadie me quita eso.

Definitivamente, hoy es un buen día.

martes, 5 de abril de 2011

No dejan de sorprenderme

Ayer hablé con Saúl. Sigue tan prepotente, narcisista y jodidamente bueno como siempre. La única diferencia parece ser que su única neurona salvable ha decidido mudarse a sus cojones con el resto, lo cual echa para atrás por mucho que se haya rapado y dejado barba exactamente como a mí me gusta. No es que eche para atrás, es que si estuviera al borde de un precipicio y él se me estuviera acercando, preferiría caer tipo mártir antes que colgarme de su brazo.

Y es que ¿qué hostias les pasa a los hombres últimamente? Lo de éste se veía venir, tanta paja y tanto rollo, al final tiene que haber expulsado su cerebro entre tanto semen. Pero bueno, me entretengo mareándolo un rato y me divierte. Al fin y al cabo no puede ser maltrato psicológico, no si no presenta vida cerebral...

Luego está Bucay. Que en un alarde de... ¿de qué? ¿Orgullo? ¿Dignidad? Bah, como decía Becquer, necesitaríamos un diccionario para diferenciarlos. Pues eso, que en un alarde de lo que sea, ha decidido que mi ex no merece su palabra ni atención ya que, diciéndolo delicadamente, se está comportando como un completo imbécil. A mí, plin... en cierto sentido. Que mis ex sean imbéciles tampoco viene a ser una novedad, la novedad es que yo no lo crea. Porque por mucho que se esté elevando como maestro de nivel 120 de la estupidez, Bucay y él siempre se han llevado bien y esas broncas que se traen me parecen, como poco, absurdas.

Demasiada testosterona acumulada. Aun así, no pierdo la fe. Hoy Karl y David se han ocupado de mantenérmela. Y mira que hoy la más mínima palabra me hacía saltar gruñendo de mi silla por eso de que de vez en cuando las hormonas me poseen y me doblo con dolores que ni el mártir mas devoto querría.

Pero a lo que iba, han conseguido hasta hacerme reír. Karl hasta se ha animado a dibujar. Él también canta nanas de roces de papel, y también plasma cuentos coloreados en hojas cuadriculadas. Espero poder subirlo pronto, si el vago de él se digna a traérmelo mañana, sacaré un rato para colgarlo. También espero el de David, que prometió pero ya se verá.

No si por lo visto, o "atestosteronados" o vagos, resultará que al final he encontrado otra manera de clasificar a los hombres.

Retazos de una vida pasada, pero no por ello menos válido.

Que no te engañen. No existen los cuentos de hadas, las princesas viven en cuentos de terror. Cuentos donde nadie dice lo que piensa, ni hace lo que desea; sino lo que se supone que tiene que decir y hacer. Allí, los vestidos y zapatos son incómodos, no dejan correr; ni vivir en realidad. Los príncipes no son tan buenos y no protegen, solo aprisionan y ahogan. Los dragones a su lado son una bendición, y es que por lo menos a esos puedes odiarlos. Porque el problema comienza cuando quien amas es quien te está matando por dentro.