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astrid.rhys.jones@hotmail.com
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jueves, 26 de enero de 2012

Rebuscando lo he encontrado. Similitudes con el presente.

Me desperté y en una fracción de segundo supe dónde estaba y con quién, incluso creí entender el por qué. Miré de reojo y lo vi a mi izquierda, dormido todavía. Suspiré aliviada, eso me daría un margen de maniobra.

Aún tumbada, mirando sin ver el techo blanco en la oscuridad, flexioné las rodillas hacia el pecho. Correcto. Con los brazos a los lados me atreví a mover ligeramente los dedos. Todo bien. Doblé los codos. Nada. Parecía haber sobrevivido,  y sin daños.

Me incorporé con cuidado, intentando que no notara como el calor sobre su brazo derecho desaparecía. Solo al sacar las piernas de la cama noté el dolor, resoplé. Por la intensidad calculé que me saldría algún cardenal en la parte alta de los muslos, pero que el dolor al abrir y cerrar las piernas desaparecería en unos dos días.  Qué más daba, no tenía ningunas ganas de meterme en la cama de nadie más en las semanas siguientes; ni en los próximos meses, la verdad. Pero tendría que vérmelos yo, y eso ya sería suficiente recordatorio. Prueba de mi debilidad, infamia e infinita estupidez.

Busqué la ropa por el suelo. No recordaba exactamente dónde me había arrancado cada cosa. Tanteando reuní todo y comencé a vestirme. Mientras me abrochaba el sujetador lo observé. Dormía, e incluso dormido me resultaba jodidamente sexy.

Terminé de vestirme, recuperé mis zapatos de detrás de la mesa, agarré mi bolso y garabateé una nota en mi libreta. La descarté. Volví a escribir otra. No me convencía. Al final simplemente escribí una excusa que nadie que realmente me conociera se hubiera creído, la dejé encima de su mesa y me fui.

Salí triste, no era eso lo que realmente quería; pero era lo que había que hacer, qué menos. Me fui a la cafetería más madrugadora de la zona y pedí un café solo para hacer tiempo hasta el primer metro de la mañana. Salí a tomármelo fuera, y mientras me fumaba un cigarro me replanteé todo. ¿Por qué me hacía esto a mí misma?

Los daños físicos eran leves, pero ¿y los psicológicos? Al pan pan, y al vino vino, chica; me dije, deja de escudarte en el alcohol, el deseo y esas mierdas. Porque la realidad es, que todo eso es transitorio pero pesa para siempre, y te estás desviando.

Apuré el café. Apuré el cigarrillo. Y corrí al metro. Se había acabado.

sábado, 7 de enero de 2012

Podría, pero para ello debería, y eso querría decir que creo.

Podría intentarlo. Podría intentar que las palabras salieran de tu boca, podría intentar que este silencio terminara.

Podría intentar que cambiaras de idea, que la dejaras a ella y me escogieras a mí. Y, sobre todo, podría intentar no sentirme culpable por ello.

Podría intentar besarte, dejar caer mis pestañas y reír por lo bajo, coquetear contigo, seguirte el juego, ¿sabes cómo te digo?

Podría intentar que te murieras por verme, por saber qué hago, con quién ando. Podrían intentar que mataras por conocerme, vamos.

Podría intentar que mi nombre te provocara vuelcos en el estómago, que tu pulso se acelerase con mi voz y mis ojos clavados en ti te quemaran como el sol.

Podría intentarlo todo, todo eso; y como el mar con los muros, avanzar y conseguirlo. Pero para ello...

Para ello debería dejar de quedarme muda, y no sentirme estúpida con cada cosa que te digo.

Debería dejar de sentirme una niña cuando te veo, salvar distancias y ser yo misma. Demostrarte que, tal como soy, yo te merezco.

Debería dejar que todo siguiera su curso, adentrarme en tu juego y divertirme sin miedos. Como tu dijiste, dejar de querer controlarlo.

Debería no preocuparme por qué puedas pensar, por el qué dirás y qué te parecerá.

Debería dejarte ver que yo también soy humana, que yo también te deseo y que seguramente, a mi pesar, incluso te quiero. Aunque sea solo un poco.

Debería hacer y dejar de hacer todo eso,  como la luna desiste de brillar cuando aparece el sol. Pero si hiciera, y dejara de hacer todo ello querría decir...

Querría decir que creo. Que creo que realmente puedo decir algo interesante, algo que pueda llegar a importarte.

Que creo que soy digna, incluso más que ella. Que tengo algo más que ofrecerte.

Que creo tener confianza, osadía y espíritu; e imaginación para inventar todo lo que no. Que puedo jugar sin quemarme y disfrutarlo sin pensar.

Que creo en lo que hago, en mi vida y en un conglomerado de tú y ella.

Que creo que puedo salir herida y no mortificarme por ello. Que puedo sobreponerme a lo que sea y que nunca habrá un dolor que no haya valido la pena.

Que creo en todo eso, en ti y, sobre todo, en mí. Pero por el momento, no es así.

jueves, 5 de enero de 2012

No Astrid, ése no.

Hoy le he pasado un par de folios emborronados con tinta y sentimientos a Bucay. Escritos por mí, por si hacía falta aclararlo. Ha empezado a leer, y me ha mirado con esa cara de "no Astrid, ése no"; con lo que rápidamente he apuntado que lo había escrito hace mucho, que no pensara mal, como diciéndole: "por dios, cuando lo escribí ni lo conocía". Já. 

Pero lo he dicho presurosa, tanto que ni yo me lo creo. La verdad es que no sé en qué momento lo escribí, una carta triste, una carta triste a un hombre. Pero ¿a quién? En realidad creo que a ninguno y a todos al mismo tiempo, al fin y al cabo al releerlo me han venido muchas imágenes a la cabeza. Muchas y muy diferentes. Como si todos los sentimientos plasmados tuviera que ingerirlos, procesarlos y sufrirlos ahora de golpe. Extraña carta, tanto como yo.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Echo de menos


Echo de menos las caricias. Ésas que comienzan en la nuca, rozan la oreja, se deslizan por el cuello, descansan en el hombro izquierdo y terminan en el pecho. Ahí, junto al corazón, como si quisiera con su mano atraparlo y llevárselo.

Echo de menos los besos delicados que van desde la clavícula al ombligo, mientras roza su nariz mi piel al paso. Sin olvidar claro aquellos que me destrozaban la boca, la cara, el cuello; salvaje expresión de todo nuestro deseo.

Echo de menos la respiración entrecortada y la alternancia de frío y calor que produce sobre la piel. Los jadeos que truenan en los oídos y el suspiro que va a morir en la nuca tras un escalofrío.

Echo de menos la voz que susurra, la que habla, la que ríe, la que acaricia el alma. También añoro la que gime, exige y se derrite. Sin olvidar nunca aquella que grita, o que simplemente pronuncia mi nombre.

Echo de menos las manos que se apresuran, esas ansiosas que atrapan y no sueltan. Las que se enredan en el pelo y, sobre todo, aquellas que sujetan por encima de ti las tuyas propias y te inmovilizan.

Echo de menos la piel contra la piel. El calor. El repentino frío. La fuerza y la delicadeza en perfecto equilibrio. La protección, y el desamparo posterior. La tortuosa y placentera lentitud, seguida de la deseada y deliciosa rapidez. Los cuerpos unidos, conectados. El sentir y ser en ese preciso momento. Todo. Lo echo de menos todo.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Barreras y protecciones

Bucay habla de barreras, yo hablo de protección emocional. Quizás sea lo mismo. Quizás no, lo es. Todo es cuestión de perspectivas. Desde la mía todo está muy claro: protección es seguridad, y seguridad ausencia de dolor. No le tengo ningún miedo al dolor físico, el emocional es otra cosa. No es que le tenga pavor, incluso puedo llegar a disfrutar de él -al fin y al cabo del dolor nacen ciertas cosas únicas- pero mi experiencia me dice que, en mi TODO o NADA emocional actual, sería demasiado.

Desde la de Bucay también está todo muy claro: lucha por lo que quieres, el dolor es pasajero, el triunfo eterno. Vale la pena, déjalo fluir, no te obceques.

Pero es tan fácil decirlo... y tan difícil hacerlo. Supongo que todo irá fluyendo, quiera yo o no. La cuestión es si me voy a dejar arrastrar por la corriente, voy a nadar a favor, o lo voy a hacer contracorriente hasta desfallecer. Primero veremos hacia dónde sopla el viento, será bastante más sencillo así.

Mientras solo queda centrarse, que no se diga que un contratiempo emocional paraliza mi vida. Porque eso sí que no voy a dejar que pase.


martes, 11 de octubre de 2011

Al futuro.

¿Conocéis esa sensación anterior a la tormenta? ¿Esa calma, esa tranquilidad artificial, ese clima apaciguado que no parece irradiar más que paz y felicidad? Yo sí, y muy bien.

Tan bien que he aprendido a ver las señales, a saber que la ausencia de nubes es en sí una señal, porque se está más tiempo abajo que arriba. O tal vez no, pero lo notamos más. La cuestión es que he desarrollado una sensibilidad especial para estas cosas.

Mientras que al principio me pillaban por sorpresa y no tenía más que conformarme y levantarme, pronto aprendí a visualizarlas en el horizonte y a temerlas. Son detalles imperceptibles a la razón, pero no al subconsciente. Ahora, ya he pasado esa fase. Ya no sólo las veo, sino que las preveo; como cuando te despiertas de repente un minuto antes de que el despertador te taladre los oídos. Y sobre todo, ya no las temo; porque no dejo que me hagan caer.

Ahora me calzo las katiuskas, me pongo el chubasquero y agarro el paraguas con fuerza. Si mantengo la cabeza lo suficientemente fría incluso me acuerdo de subir el volumen de la música para no oír siquiera los truenos. Así que ven, porque no me vas a derribar esta vez.

domingo, 9 de octubre de 2011

Delirios enfermizos

Ayer antes de ponerme irremediablemente enferma y aceptar que la fiesta tendría que esperar al siguiente sábado, estuve dando una vuelta con Bucay. Hablábamos de esos seres pequeños que la gente encarga -sin saber los costes adicionales- que no hacen más que hacérselo encima y berrear; bueno, Bucay los llamó hijos pero al final eso es lo menos importante. La cuestión es que cuando me despedí de él, camino a casa, estuve pensando en las familias, los extraterrestres, los niños y demás cosas extrañas del universo hasta que una turbadora conversación tuvo lugar entres las dos partes de mi cerebro:

-Estaría bien tener novio. Estaría requetebien.
-¡¿Para qué?!
-No sé, la gente parece feliz.

Tras esto la voz racional de mi cerebro tuvo que callarse y dejar que yo, árbitro suprema, cavilara sobre ello. Es verdad que parecen felices aunque quizás es en el "parecen" donde está la clave. Al fin y al cabo tener pareja es de lo más angustioso. Cuántas veces habré oído a la gente referirse a la otra persona como "mi mitad", "mi todo", etc. o decir "sin ti no soy nada", "sin ti me muero"... Joder tía, pues muérete ya y déjanos tranquilos. Aparte de la evidente cursilería que encierran estas chorradas, hace pensar que una persona está incompleta -mi mitad- o no es nada sin la otra! Pero ¿qué clase de amor propio es ese? Me dan escalofríos solo de pensarlo.

Sin embargo es verdad que parecen de lo más felices -y lo son, por experiencia propia. Ayer mismo echaba de menos eso. Alguien que me abrazara en la cama mientras me moría de frío y no hacía más que estornudar hubiera estado bien. Que me trajera chocolate caliente, me arropara, me diera mimos, me dijera cosas bonitas,... Sí, habría estado "requetebien".

Pero siendo sincera, es que yo soy muy pragmática. A ver qué hago con el tío de turno cuando vuelva a estar bien, y es que esto solo son delirios de la enfermedad -esperemos-.

jueves, 5 de mayo de 2011

Hoy, acepto

Pongamos que existo. Pongamos que además de existir, vivo. Arriesguémonos un poco más y supongamos que, encima, siento y padezco. Entonces es fácil suponer, que tal como soy, a estas alturas de la primavera, el hastío empieza a hacer mella y la rutina va acortando camino entre ella y yo.

Pero ¿sabes qué? Que no me apetece seguir rehuyéndole, simplemente voy a dejar que todo fluya. Lo siento, me he quitado las deportivas y ya no quiero correr este sprint. Me he puesto unos tacones y pienso matarme a bailar tangos y bulerías con mi hastío. Que me agarre de la cintura y me haga girar, una y otra vez. Con mano firme, con control, sin desviaciones. Me invitará a una copa y saborearé el dulce néctar de la rutina, para emborracharme de costumbre y olvidar que somos nuevos. Noches de pasión con lo conocido, para que me proteja cuando la novedad me agreda.

Y es que se aproximan semanas de duro trabajo, así que... si no puedes derrotarlo, únete a él. Tienes la puerta abierta, entra y cierra con llave.

lunes, 2 de mayo de 2011

Primero fuego, y después nada.

Mientras mi cuerpo se debilita día a día parece que mi mente es más libre a cada minuto. Como el papel al arrugarse, mi pecho cruje con cada bocanada de aire que cojo; convulsiono entera desde el mismo centro con cada tosido.

Me reclino en la silla y acaricio con la mano izquierda mi cuello. Intento concentrarme en la sensación de cosquilleo que me produce siempre cualquier roce debajo de la mandíbula, pero no hay manera. Siento la fricción, pero no hay emoción. Como sospechaba, vacía. De vuelta al hastío.

No sé si me alegra o entristece. Bah, o simplemente me da igual. Quién sabe, quizás sea mejor así. Porque al final, como dice Bucay, ese mundo me es ajeno. Así que quizás sea mejor ni pisarlo. Y es que quien no sabe la ruta, pisa donde no debe y cuando menos te lo esperas... ¡pum! Primero fuego, y después nada.

jueves, 31 de marzo de 2011

Bucay se expande

Sí, sí, tal cual. Ya no se limita al arrullo del boli contra el papel, las letras y palabras no son suficiente para sacarlo todo fuera. Ahora, acaricia el cuaderno con la fina punta gris del lapiz. Plasma un mundo de colores en un solo color, y sin embargo, sus trazos expresan desde el rojo más truculento hasta el azul más celestial. Nonsenses maybe, but I understand myself.



Me ha prometido un retoque, aunque yo lo crea innecesario. Se verá mejor, pero al final, lo siento y es que, el verdadero disfrute es tener el auténtico.

domingo, 5 de diciembre de 2010

La lluvia moja las calles, las lágrimas las caras. Pero es bueno, la lluvia limpia las calles y las lágrimas el alma.

Quizás no nos demos cuenta en ese momento, pero después, en perspectiva comprendemos su importancia, lo bueno que fue. No se dice en vano que el agua purifica.

Es importante aunque más importante es seguir, adelante, limpiarse los ojos y mirar a tu alrededor. Porque al final, sino, al igual que un día de tormenta te puede estropear el paseo la mirada empañada te impedirá vivir el momento.

No luches contra ti misma, eres tú. Tú y tu necesidad de llorar. Tú y tus emociones. Tú y tus sentimientos. Quien dijo que estaba prohibido llorar, se prohibió vivir a si mismo.

Al final, como siempre, el sol vuelve a salir. Y las ganas de ese paseo también. Sonríe.

lunes, 5 de julio de 2010

Me ahogo

Desnuda me dejé caer al suelo. Un grito murió en mi garganta mientras las lágrimas escapaban de mis ojos, y bajaban veloces por mi cara, cuello y pecho; mezcándose con las gotitas del agua de la ducha que se resistían a despegarse de mi piel.

Un fugaz destello de la memoria hizo click en mí recordándome el horror y mi cuerpo reaccionó. Estallé en sollozos mientras mi cuerpo convulsionaba. No sé cuanto estuve así, quizás tres segundos, quizás tres minutos, quizás tres horas. Solo el cansancio me paró. Estaba agotada y entonces sentí el frío en mi espalda.

Me levanté y entre traspieses busqué una toalla grande. Me arropé en ella y me preparé un café. Me lo tomé, me vestí y observe mi cara en el espejo después de maquillarme. No, nadie podría deducir nunca lo cerca que había estado de suicidarme. Sonrío, parece real; pero aún sigo sintiendo que me ahogo.

jueves, 24 de junio de 2010

Mi frío corazón

Es la noche de San Juan. Una noche especial, mágica; se supone. ¿Lo ha sido realmente?

El nudo del estómago me disuadió de beber, quizás fue una señal. Así que me coloqué con Yara a base de porros. Sentía que volaba... hasta que me estrellé. Contra él. Contra el único que conseguía que me temblaran las piernas, contra el amor de mi vida, contra el tío que más dolor y felicidad me ha causado en la vida, contra el tío del que había dicho que me olvidaría.

Quería pensar que era fuerte, que podía resistirme, que podía decirle: "¡sal de mi vida cabrón!" Pero no. Demasiados años, demasiadas cosas vividas junto a él. Solo conseguí mantenerme seria y darle a entender lo mucho que puede joder que una persona tarde semana y media en contestarte un maldito mensaje.

¿Tienes que ser así de fría? Pregunta. Y a mí se me rompe el alma en pedazos todavía más pequeños, y me río. Por no llorar, claro. ¿Yo fría? Bah no, solo se me congeló el corazón de esperarte.

Se puso a discutir con Ela sobre el tema. Yo pasé y seguí con Yara. No quería acercarme a él, por si acaso.

Miradas cruzadas. Su grupo se iba, el mío se quedaba. Hizo amago de llamar a alguien en mi dirección, y yo justo me di la vuelta para mirar hacia allí. Casi chocamos, otra vez. Me miró, abrió la boca olvidándose de a quién iba a llamar, y me dijo si quería que quedáramos hoy.

No. Lo siento, estoy ocupada.-Le digo.

Me mira con resignación.

-¡Es verdad!-Me defiendo.

-Vale, vale-Dice lléndose.

Era verdad. Voy a estar ocupada el resto de mi vida; y es que todavía debo reunir los millones de pedazos de mi corazón roto y tratar de descongelarlo.

martes, 22 de junio de 2010

Mi cocina, mi café

Está preparando café en la cocina. Para mí, él no bebe café. Eso me sulfura. No el echo de que no lo beba, sino que me lo prepare a mí. Solo yo sé hacerlo como a mí me gusta. Se da la vuelta y enarca una ceja.

-¿A qué hora llegaste ayer? Ni te vi cuando llegué yo de madrugada...

-Pues la verdad es que no lo sé.

-¡¿Cómo que no lo sabes?!

-¡No! ¡No lo sé! ¡Llegué fumada y tus ronquidos no me dejaban ver la hora en el reloj!

Y salgo con la barbilla alta, mientras me mira boquiabierto. Una salida triunfal. Llego a mi habitación y me río. Sí, el olor del café por las mañanas me vuelve loca.

Viajes sin retorno

-Pórtate bien.

-¿Y ahora qué he hecho?

-¡Nada! Tú nunca haces nada. Ése es el problema.-Ana se levanta furiosa. Sí, definitivamente Rick estaba raro. Se había puesto su minifalda más sexy y él ni siquiera había intentado meterle mano. Ana se fue dando un portazo.

Sonó el móvil de Rick.

-¿Sí?

...

-Sí, ya me lo han dado. De lo mejorcito. Ahora que ésta acaba de irse quizás me meta un par más.-Sonrió mientras sacaba su bolsita de la felicidad, de polvito blanco.-Tranquilo, ya sabes que yo controlo.

Colgó sin dar tiempo a replicar a Aarón. Qué sabría él que no había ido más allá de un simple porro, quizás debería enchufarse un par para olvidar a Reneé. No, no le vendría mal; pensó mientras preparaba su viaje a la felicidad temporal. Sin darse cuenta de que arruinaba su felicidad permanente. Pobre Rick, pobre Ana.

viernes, 18 de junio de 2010

Everything is alright? No, but everithing IS GOING TO BE alright!

Suena Riding Solo de Jason Derulo. Me balanceo al ritmo sentada en mi sillón mientras deslizo las manos por el teclado. El ticlití de las teclas mientras voy escribiendo me resulta mas placentero que nunca.

No creo en dioses, divinidades y demás. Supongo que por eso decir que estoy "tocada por la diosa" es inapropiado, supongo que basta con que diga que debo de tener suerte en esta vida. Sí, y mucha.

Me han roto el alma en miles de pedazos. La gente me pregunta qué tal estoy; no saben nada of course. Pero sonrío y les digo que bien. Que todo está bien.

Vale y quizás sea mentira. Pero solo a medias. Al fin y al cabo todo va a estar bien, muy pronto.

Miro por la ventana, después de días y días, el sol vuelve a brillar. Tengo mi falda más mona esperando a que me la ponga,a mis amigas dispuestas a irse de fiesta y ninguna preocupación a parte de qué zapatos ponerme.

Sonrío y me río. Tarareo la canción. Definitivamente, todo va a estar bien.

jueves, 17 de junio de 2010

Sueño, ojalá poder soñar todos los días

Apunto en un postick las cosas que tengo que recordar mañana. Escribo palabras sueltas con un lápiz que he encontrado en el cajón que tengo de galletas, o eso creo. No hay juego más entretenido al día siguiente que intentar descifrar las veintemil ideas plasmadas en garabatos que me pasaron por la mente fumada.

Me encanta. Ves el mundo con ojos nuevos. Quizás es que los mantengo entrecerrados, como ejemplar china. En fin. No doi más de si, solo floto. Solo sueño. Y me gusta, ojalá no despertara.

martes, 15 de junio de 2010

Hola, soy Astrid y...

Estaba a punto de dedicarte la mayor cursilería escrita jamás por ningún ser humano. Pero Rick Springfiel me ha salvado. No sé por qué me gusta tanto su Jessie´s girl. El ritmo, la sensación de libertad,... sueño con ir en un descapotable cantándola con la puesta de sol en frente. Sí, sueño demasiado.

Bah, pero lo prefiero. Eso antes que tumbarme en la cama, poner una canción de esas que me producen un nudo en el estómago y ganas de vomitar, y tener que ponerme a llorar pensando en por qué no me quieres.

Como dice Pink esta noche voy a empezar a pelear. I´m gonna start a fight! Joder, voy a tener que subir la música al primer puesto de mis vicios/drogas favoritas.

Así que eso me lleva a... ¿un nuevo comienzo? ¿Se acabó mirar atrás? Aggg la tentación es mala y a mi me encanta. Pero venga, va. Allá voy. Se acabó. Ya hace tiempo en realidad, pero desengancharse lleva su tiempo eh. Y tú eres mi mayor vicio, para qué negarlo. Más que la música, el alcohol, la nicotina, o cualquier otra cosa.

Siempre he pensado que debería haber terapia de grupo para estas cosas. Sería algo así como: "Hola, me llamo Astrid y sigo enamorada de mi exnovio, es decir; el hombre más imbécil del mundo, y encima, del modo mas estúpido".

De momento, hay que admitir que aguanto bien el mono. ¿El tratamiento? Sencillo: Fiesta, amigas, vicios que cubran el vicio que me supone él y ya se sabe, si es una urgencia; tira de agenda para encontrar a tu juguete favorito.

La peor y más estúpida entrada de mi vida, eso sí: joder, como me gusta imaginar que con cada tecla que toco te estoy pegando un puñetazo. Zas, ahí va el último. Dísfruta sin mí, yo ya lo hago sin ti.

Un día especial

Escojo mi conjunto más mono de ropa interior, me lo pongo y me miro en el espejo; perfecta. Deslizo las suaves medias por mis piernas blancas y sonrío, me gustan mis piernas. Busco el vestido que mejor me sienta y tarareo la canción de uno de mis ídolos. Saco mi baul de maquillaje y busco esa barra de labios suave que tanto amo. Me la paso ligera por los labios y antes de que pueda contenerme y pensar lo que estoy haciendo, le doy un beso al espejo. Me río, me encanta la marca de pintalabios en mi gigante espejo. Sí, soy toda una cría; pero una cría feliz. Unas gotas de perfume en mi cuello y un brazalete en mi muñeca. Busco esos zapatos tan monos que hace tanto que no me pongo y miro qué tal me sientan. Perfectos.

Compruebo que llevo todo en el bolso, y después de apagar la música que suena; todavía tarareando, salgo de casa.

¿Es un día especial? Sí, lo es. ¿Por qué? No lo sé. Supongo que porque yo he decidido que lo sea.

lunes, 14 de junio de 2010

Escribo por no llorar, reír o tirarme por el acantilado

Estaba a punto de llorar. Las cosas no siempre son fáciles, hasta los muros más sólidos se acaban derrumbando. Pero le he dado al play y suena Cantando. Doble V lo clava en el micro.

Y una extraña paz me invade. Sonrío, joder lo que daría por un porro ahora mismo. Me recuesto en la silla, paciencia; mañana por la mañana. Día libre, dia para soñar y salir de esta mierda.

De momento hoy mi droga es Kase O. De momento hoy es lo que me hace olvidar, eso y escribir. Porque el acantilado queda demasiado cerca, llorar es demasiado fácil y si me río voy a parecer una histérica. Así que hoy, solo sueño; mañana ya se verá.

Retazos de una vida pasada, pero no por ello menos válido.

Que no te engañen. No existen los cuentos de hadas, las princesas viven en cuentos de terror. Cuentos donde nadie dice lo que piensa, ni hace lo que desea; sino lo que se supone que tiene que decir y hacer. Allí, los vestidos y zapatos son incómodos, no dejan correr; ni vivir en realidad. Los príncipes no son tan buenos y no protegen, solo aprisionan y ahogan. Los dragones a su lado son una bendición, y es que por lo menos a esos puedes odiarlos. Porque el problema comienza cuando quien amas es quien te está matando por dentro.