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astrid.rhys.jones@hotmail.com
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lunes, 7 de marzo de 2011

Tic-tac, tic-tac...

El sábado no hubo nadie que me hablara más seco que tú (y eso que fue por móvil), llevas dos días sin dar señales de vida y hace más de una semana que no tenemos un rato juntos a solas. Me duele el pecho, pero sobre todo la tripa. Tengo la teoría de que el alma se reparte por todo el cuerpo, pero que su centro se concentra en el estómago.

Si no que me expliquen esta falta de ganas de comer, esos vuelcos en el estómago cada vez que suena mi móvil o esas náuseas al ver mi email y demás medios de comunicación entre tú y yo sin señales.

Esto me enferma. Más el no saber, que el hecho de que obviamente me estás ignorando, sino incluso evitando. Y yo... yo empiezo a sentir mariposas en el estómago otra vez, y no son por ti. Vuelvo a sentir escalofríos cuando me toca, y no eres tú. A cada tic-tac te siento más lejano y a él más cerca. Ante todo esto, solo tengo cinco preguntas que hacerte:

1. ¿Me sigues queriendo?
2. ¿Te sigo gustando?
3. ¿He hecho algo malo?
4. ¿Has hecho algo malo?
5. ¿De verdad quieres que esto vaya adelante?

Tic-tac, tic-tac. Y el reloj, no se detiene.

domingo, 6 de marzo de 2011

O ser como todas u olvidarlo.

Quiero correr hasta caer de rodillas dolorida. Quiero fumar hasta marearme. Quiero tomar café y alcohol hasta vomitar. Dios, y quiero golpearlo. Pegarle y sollozar mientras me susurra que me calme. Volverme a pegar, que me inmovilice y que me bese sin permiso. Que sea un beso salado de reconciliación, un beso entre sollozos convulsos por mi parte y caricias en el pelo por la suya.

Quiero dejar atrás toda la mierda y empezar algo nuevo. Ponerme unas gafas de sol, una falda, auriculares y salir a pasear por allí. Cerrar los ojos e inspirar, para al abrirlos encontrármelo de frente. Preguntándose si acaso soy yo de verdad, hasta que le sonría y me acerque rápida a besarle.

Que no queden dudas, que pueda ser como todas. Y que si no... que si no que lo olvide, porque sino no será para mí.

sábado, 19 de febrero de 2011

Días a superar

Resbalo por la acera mojada. Las manos y el aliento congelado. Un cigarro calienta mi boca solitaria. Es de esos días en los que tengo miedo y me escondo del mundo. Salgo sola y me siento en un lugar cubierto. Fumo y pienso. Pienso y fumo. Tengo que dejar tanto vicio... pensar tanto no puede ser bueno.

Pienso en él, y en todo lo que he evolucionado a su lado. Aun así, hoy vuelvo a ser la niña temerosa que da un paso adelante y echa a correr para atrás de la misma. Yo y mis inseguridades. Qué raro, ya las echaba de menos.

Pero entonces pienso en él y pufff, me niego a cometer los errores del pasado. Me niego a cometerlos con él. Así que, respiro hondo, dejo que el humo invada mis pulmones, cierro los ojos y sonrío pensando en que, pronto, lo volveré a ver.

lunes, 3 de enero de 2011

El valor del 2010

Un año más que se va. Y como siempre, toca valorar esos 365 días, esas 8760 horas, esos 525600 minutos, esos 31536000 segundos. Pero por encima de todo, toca valorar cada uno de esos besos, de esos momentos, de esas lágrimas, de esas sonrisas. Al fin y al cabo la vida no se mide en segundos, minutos, horas o días, no. Si no en momentos, fugaces o largos, íntimos o públicos, alegres o tristes,... Así que vamos allá.

El 2010 empezó de un modo algo turbulento. El alcohol no fue precisamente mi amigo pero tengo que agradecer a todos los que estuvieron a mi lado que no fuera para tanto. Los días pasaron y la vida parecía perfecta, amigos y amigas, familia, él. Todo. Pero la montaña rusa que es la vida tal como nos eleva, nos hace descender de golpe. Y todo empezó a ir mal. Las broncas se acrecentaron, no veía demasiado a mis nenas y él, él perdió todo interés en mí.

Llega la primavera y vuelvo a encontrarme soltera y con un año más, y aunque el alma se resiente me está pidiendo por resurgir. Primavera y verano fueron algo inestables, como el tiempo, en mi alma también o llovía o surgía el sol de repente. Al final, las ganas de vivir, de beberme el cielo y saborear el aire prevalecieron y fueron meses más o menos felices.

Con la caída de las hojas, todo cambió. Finales de agosto y principios de octubre fueron días de añoranza, de reencontrarme conmigo misma y enfrentar verdaderos sentimientos. Dolor, mucho dolor y lágrimas me quedan de esos días. Aunque no olvido una noche, de octubre (puede ser?), que me dio esperanzas, vanas al final, pero esperanzas que me hicieron sonreir cientos de veces.

Aun así, esas esperanzas fueron empañándose poco a poco, todo el mundo; sus amigos, los míos, decían que lo olvidara, que no era para mí. Decidí no creerles y luchar hasta el final; y juro que hice todo lo posible, fueron varios meses de batallas contra lo impuesto, contra mí misma.

Y resultó algo indefinible, impensable, indescriptible. ¿Amistad? Lo dudo. Demasiado sin hablar, demasiado sin gritarnos, nos queda mucho tiempo todavía para eso. Me conformo con ser de momento su colega.

Al mismo tiempo de todo esto, algo pasó. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué renunciaba a vivir mi vida por un chico? That wasn´t me. Y decidí que no iba a querer a quien no me quería.

Es mentira. Nadie puede dejar de querer así como así, como decía xhelazz: ningún amor muere, solo cambia de lugar en la memoria. Pero aprendo a vivir sin él, y renazco. Salgo, bebo, disfruto. Todo toma un cariz diferente.

Y así llegamos al final, a otra nochevieja, a otro año nuevo. Todo ha cambiado... ¿Todo? No, aunque diferentes, sigo rodeada de gente que me quiere.

martes, 31 de agosto de 2010

Tener a tu ex cerca y vivir para contarlo Vol. II

Hoy sigo con el manual. Porque más que nunca me viene de perlas. Aunque es difícil hacer un manual de como sobrevivir a tu ex si estás más que nada enamorada de él todavía, y eso incluso después de haber salido luego (fracaso) con otro chico.

Pero la verdad es que estoy aprendiendo a manejar sentimientos que nunca antes había sentido, emociones que nunca había pensado que me golpearían con tanta fuerza y tonterías varias que pensaba que alguien como YO nunca ¡pero nunca! haría.

1. He comprendido que llorar es bueno. Llorar, destrozar cualquier objeto blando que encuentre por la casa (blandos porque si te ensañas con la pared te dolerá, en serio; duele), incluso poner la canción más triste que tengas y cantarla pensando en el por qué de que todo haya salido tan mal.

2. He descubierto que ELLAS siempre están ahí. Da igual lo mal que haya hecho yo también, él es el cerdo, él es el egoísta, y ellas son mis amigas pase lo que pase. Simplemente sentir como te agarran del brazo cuando crees que a las tres de la mañana vas a derrumbarte llorando en mitad de una calle plagada de gente, te da las fuerzas suficientes por lo menos para llegar hasta la esquina.

Están son las dos mejores cosas que estoy sacando de todo esto. Estoy soltando un montón de adrenalina y valorando todavía más (si es que eso es posible) a mis chicas.
Pero también estoy aprendiendo otras cosas.

1. Que llega un momento, cuando ya has llorado y destrozado toda la casa a tu paso; en el que tienes que secarte las lágrimas, ponerte mona, llamar a tus chicas y salir de fiesta hasta que amanezca. Y sobre todo, sonreír.

Y finalmente que NO puedo controlarlo todo. Que hay cosas que simplemente suceden sin que yo no pueda hacer nada, y que si ya he intentado TODO, TODO, TODO para estar con él y no lo he conseguido... Que solo me queda esperar olvidarlo y de mientras, quererle. Porque si él es feliz así, yo no puedo menos que serlo.

domingo, 29 de agosto de 2010

Días grises

Parece que hubiera olvidado que el mundo no se puede dividir en buenas y malas personas. No funciona así. También parecía haber olvidado que en ocasiones, muchas más de las que me gustaría, amamos lo que puede no ser correcto o bueno para nosotros.

Y ayer esa realidad me abofeteó con toda su fuerza. Me esperan días grises. De desvaríos sobre el papel, lágrimas en la almohada y cigarrillos al anochecer. De suspiros de resignación, de miradas ausentes y letras tristes.

Pero también sé que después de la tormenta llega la calma. Y que ahí me aguardan días de sonrisas, de cigarrillos compartidos y fiesta. De bailes desenfrenados, de bromas con mis chicas y quizás algún día, incluso otro amor.

De momento me basta con saber que hay mucha gente dispuesta hacerme de paraguas durante la tormenta.

sábado, 26 de junio de 2010

Lo absurdo del corazón

Él me quiere. Yo... ¿yo le quiero? Sí, creo que sí. Pero hay demasiadas heridas sin cerrar, mi caida de ojos no tiene ningún efecto en él y a mí ya no me tiemblan [tanto] las piernas cuando lo veo; y por encima de todo, el amor se nos ha quedado pequeño. Ya no es suficiente. En realidad, creo que nunca lo fue. Así que no vuelvas ahora, no vuelvas por favor.

jueves, 17 de junio de 2010

A ver cómo te lo digo...

¿Qué mierdas tienes tú en la cabeza? ¡Ahora no vuelvas a aparecer! ¡No! No hay excusas, no valen lamentos. No me lo creo ni yo, pero por primera vez te voy a tener que decir que no. Mejor, no te voy a decir nada. Eso es lo que vas a recibir: silencio. Al fin y al cabo es lo que te mereces. ¿O no?

Pídeme que sea tu amiga, y lo seré encantada. Pídeme que me vaya de fiesta contigo y seguro que nos divertiremos. Pídeme que te escuche, y no habrá nadie que lo haga mejor. Pero no puedes pedirme que te ame. Por dos razones: La primera, porque todavía lo hago; y la segunda, que ya no quiero seguir haciéndolo.

Así que ahora no vuelvas por favor. Que mi exnovio y amor ni se acerque, que se acerque ése que antes de todo esto era mi amigo; ¿podrás hacerlo? ¿Podrás dejar de hacerme daño? ¿Podrás dejar de aparecer y desaparecer de mi vida? ¿Podrás ser mi amigo? ¿Podrás hacerlo por mí?

Más aún, ¿podré hacerlo yo? Porque es verdad que te quiero, pero me quiero más a mí misma. Y por eso, no voy a dejar que sigas haciéndome daño. No. Al fin y al cabo, si tengo que elegir, prefiero perderte a ti antes que a mí misma.

lunes, 31 de mayo de 2010

A donde nos lleve el destino

La música truena en mis tímpanos. La gente baila, bebe y se ríe. Aunque yo estoy parada mirándole. Nos hemos besado. No lo he olvidado, le quiero y él lo sabe. Pero necesito que me diga algo. Quizás sea el alcohol, el beso o simplemente que soy así; la cuestión es que me siento valiente. Así que me acerco y lo beso, solo por si fuera el último, y porque me encanta; para qué engañarnos. Y entonces, se lo suelto:

-¡Ei! ¿A dónde nos lleva esto?

Me mira sorprendido, extrañando, flipando. Yo tampoco me creo que esté preguntándole eso. No soy así, no soy de esas, no soy de las que piensan en algo más que en el presente; quizás es verdad que él me ha cambiado... un poco. Al final contesta.

-Pues no sé, a donde nos lleve el destino ¿no?

Mi cabeza me grita la respuesta obvia; ¡No! No creo en el destino. Porque eso es el tipo de tonterías cursis que habitualmente me hacen reír y soltar una respuesta cínica, sarcástica. Le miro a los ojos y abro la boca para decirle lo obvio... Pero entonces me doy cuenta de que a mí qué me importa si lo que nos une es un cúmulo de sucesos aleatorios, el destino, la suerte, el infortunio o el dios Chuck Norris. Qué me importa a mí si mañana recordaré esa conversación, si saldremos, si me besará, si nos casaremos, si tendremos hijos, si seré la eterna soltera, si volverán mis miedos o desaparecerán completamente, si estaremos ahí. Qué más me da a mí todo eso si le tengo ahí delante. Y eso si tiene una respuesta obvia: nada, porque en ese momento él lo es todo. Y con eso me vale.

Así que cambio mi cara de cinismo, le muestro una sonrisa y suelto encongiendo los hombros:

-¡Bien! ¡Me vale!

Y vuelvo a besarle. Apurando cada segundo, retando a ese que él llama destino a atreverse a quitármelo.

lunes, 10 de mayo de 2010

Un sueño sin fin

Es la última vez que te lo repito. No vuelvas. No vuelvas a meterte en mi cabeza. No vuelvas a perturbarme cuando estoy en los brazos de Morfeo. No, y no. Llevas viniendo cada noche durante semanas, sin tregua, y ya estoy harta. Harta de tener que verte, oírte y podría decir que hasta sentirte.

Harta de sentir las lágrimas rodando por mi cara y tu mano acariciándome mientras las secas. Harta de tus ojos que me miran amándome. Harta de esa sonrisa permanente de aires de suficiencia que tanto sabes que me gusta. Harta de tu brazo alrededor de mi cintura. De tu piel, de tu calor, de tus labios.

Pero sobre todo harta de despertar. Harta de despertarme desorientada buscándote a mi lado, para darme cuenta después, de que no estás. Harta de levantarme queriendo que nuevamente la noche llegue para poder volver a estar a tu lado. Harta de vivir en mis sueños y morir en mi realidad.

Así que por favor, te lo vuelvo a suplicar: no vuelvas. No vuelvas ofreciéndome el paraiso para después sacarme a rastras de él. Y si no me haces caso, si decides volver, si decides vagar como un fantasma por mis sueños, si decides llevarme en volandas todo lo lejos que nos permita mi imaginación, entonces...

Entonces, solo me queda suplicar por no despertar jamás.

domingo, 9 de mayo de 2010

Astrid, demasiada prisa

-¿Entras?

-Mmm no, creo que mejor me voy ya.

-Vale...

-Pues eso, dame un abrazo al menos ¿no?-Y sin darle tiempo a decirme nada lo abrazo y me mantengo ahí así hasta que consigo contener mis lágrimas, entonces me separo y le miro a la cara. Las lágrimas siguen intentando aflorar pero yo no las dejo. Intento decir algo, algo que de sentido a todo esto, pero no lo consigo. Mi garganta se ha trabado, me duele incluso tragar. No puedo dejar de pensar en que si abro la boca solo la cagaré más así que sonriéndole le doy dos besos y le digo que se lo pase bien. Él, en un intento de normalidad, me dice lo mismo y sonríe. Nos despedimos con una sonrisa que desaparece de mi cara a la vez que él desaparece de mi vista.

Ando por la calle y voy tarareando algo triste. Miro al frente y veo a David. Me paro un momento para abrazarle.

-¿De donde vienes?-Me pregunta.

-De dejarlo.-Le contesto rápida.

-¿Sí?

-Aixx... sí. Bueno tiro para casa ¿vale? Ya estaremos.

Me despide con la mano pensativo, yo solo quiero irme de allí rápido, llegar a mi refugio y olvidar todo. Sigo tarareando y sonrío. No ha sido para tanto, pienso. No duele tanto. Me encuentro bien, es más, estoy feliz. Es como haberse quitado un peso de encima.

Pero todavía no sé lo que me espera, todavía no sé lo mucho que yo misma me he quitado.


And guess what
I'm having more fun
And now that we're done
I'm gonna show you tonight
I'm alright, I'm just fine

sábado, 8 de mayo de 2010

Completamente lógico

-No me creo que sea el único. Di lo que quieras pero no me lo creo.

-¿Pero por qué no te lo crees? ¡Es la verdad! Solo hay uno en mi vida y es él. Es el amor de mi vida.-Le contesté sin pensar. Pero Abigail seguía insistiendo en que no se lo creía y a mí eso me exásperaba. No porque me importara que ella lo dudara, o por tener que repetírselo diez mil millones de veces, o porque pensara eso por rumores absurdos. No. Me exasperaba porque era cierto.

Era absoluta y completamente cierto. Solo le quería a él. Y eso me jodía infinitamente. No podía dejar de pensar en ello. ¿Cómo había llegado a esa conclusión? De ninguna manera. De ninguna fría, racional y comprobable manera. Simplemente me había surgido de algún recóndito lugar de mi ser, y desde aquel momento supe que era cierto con la misma certeza que sabía que dos más dos siempre hacen cuatro. Que era lo lógico, lo natural.

Que era lógico que el fuera ser el amor de mi vida aun sin saber los que me depara conocer el futuro. Que era natural que nunca fuera a sentir con tanta intensidad a nadie. Y entonces suspiré, porque eso quería decir que nunca volvería a sufrir como ahora lo hacía.

martes, 27 de abril de 2010

Pour mon amour: C´est fini.

C´est mon petit hommage por l´amour de ma vie. J´ecrit en français (mal, naturalment)parce je sais qui c´est la langue de son coeur. Je sais, aussi, qui el ne lira pas mes mots mais je nécessite ecrire cet pour continue avec ma vie. Meme ainsi...


Je sais qui je t´aime, je sais qui je t´adore. Mais je souffre avec ton silence, avec ton affront. C´est por cela que c´est fini, mon amour. Mon coeur ne peut pas supporter plus douleur. Je m´ai rappelé qui je ne pouvais aimer déjà...


C´est por cela que... C´est fini.
Gracias por curarme de mi estúpida obsesión por el amor...

domingo, 18 de abril de 2010

Abigail e Ingrid: marfil-promocion-limpiaparabrisas-tren-cupon

Suspiro de amor, de puro y simple amor

Más de lo que el malvado comerciante de marfil busca otro elefante, más de lo que la ama de casa más aplicada busca alguna promoción del tipo 3x2 o llevarse gratis un limpiaparabrisas con un cupón que le dieron en el super, más de lo que el gato busca un ratón con el que entretenerse o más de lo que lleva Marco buscando a su mamá... Si, más te busco yo a ti.

Busco tus susurros en el viento y tus gritos los días de tormenta, busco el sabor de tus labios en la lluvia y el calor de tus brazos en el sol, el sonido de tu risa entre la multitud y la intenidad de tu mirada en la ipnotizante luna. Sí, te busco sin parar, con el corazón desbocado y el aliento contenido hasta que al verte suspire. Un suspiro de alivio por ver que no fuiste un simple sueño inventado de esta mente loca, suspiro de resignación por tener que mantenerte en el mundo de las ilusiones sin poder tocarte y suspiro de amor. De puro y simple amor. De esos que pasan arrolladores, llevándose por delante todo lo que en su camino se cruza, como un tren pero que solo pasa una vez en la vida y que espero no haber perdido. Por eso suspiro, porque no hay mayor sufrimiento que el saber que un dia pudiste ser mio y quizas yo... quizás simplemente llege demasiado tarde a la estación.

jueves, 15 de abril de 2010

Un juego de niños, un juego para mí

Juguemos un rato. Aunque antes de saltar al campo, hagamos el calentamiento previo. Tú por tu parte, y yo por la mía. Haré estiramientos de pestañas con el rimel, pruebas de equilibrio con mis nuevos tacones y practicaré haber cuanto tiempo soy capaz de aguantar esta falsa sonrisa en mi cara mientras me voy maquillando delante del espejo.

Reúnamonos con nuestros equipos. Tú con el tuyo, yo con el mío. Dicen que antes de un partido hay que calentar muy, muy bien; así que, por si no lo había echo suficiente ya en casa, agarro una botella de vodka. Mientras, quizás comente técnicas con el resto del equipo: ¿avanzo por la banda hasta él? ¿o me quedo en la defensa esperando? Las oigo contestarme y comentarlo aunque creo que no escucho realmente, ¿por que cuando he hecho yo caso a alguien que no fuera yo misma? Pero me distraen, que es lo que necesito antes de jugar para templar los nervios.

Y llega la hora. Y partimos al campo. Hay un largo recorrido, y esperaba verte en la previa, o quizás entrando, pero nada. Entro al estadio y sigo sin divisarte. No importa, dejo la chaqueta y el bolso, enciendo un cigarro. Miro a mi alrededor, por ahora nada. Así que juego. Juego a entretenerme, y bailo, bebo y río, y al cabo de un rato incluso se me ha olvidado que te estoy esperándote a ti, a mi mayor contrincante esta noche.

Entonces, alguien de mi equipo grita tu nombre. Me interrumpo en medio de una carcajada y me giro mientras el corazón me late tan fuerte como para hacer que me duela el pecho. Miro y te veo. Con una sonrisa tímida, bajo la mirada. Siempre lo hago, no puedo aguantar la tuya. Pero no pienses que por ello vas a ganarme. Mi equipo avanza hacia ti, yo me quedo rezagada. Prefiero dejarte para el final. Entre besos y saludos por fin llega mi turno. Le doy un par de caladas a mi cigarro, "lástima" pienso, y lo tiro casi entero. Ha llegado la hora de jugar.

Levanto la vista y sonrío. Pretendo decirte con los ojos lo que tú y yo sabemos que no soy capaz de decir con mi boca. Pero no me paro demasiado en tus ojos, esos ojos peores que el mejor regateo cuando estás llegando al area; peligrosos, me pierdo en ellos y me dejan siempre atontada. Te doy dos besos, y te abrazo. Quizás te pregunte que tal te va, quizás esa sea mi técnica. Pero no puedo saber como contratacarás, no sé que me dolerá más oír salir de tu boca, que te va bien o que te va mal. Entonces se hará el silencio. La musica seguirá sonando en los altavoces, la gente riendo y cantando y algún que otro gritando para llamar a un amigo. Pero para nosotros, se hará el silencio. Como en una burbuja. Y ése, ese juego que apenas durará un minuto antes de que algún arbitro venga a interrumpirlo, será el partido final. Un partido silencioso, pero a muerte. Donde miles de ideas, miradas, sonrisas o mordidas de labios de esas que hago cuando estoy pensando... se entrecruzarán. Y entonces, tal como había empezado terminará.

Algún arbitro al que odiaré a muerte parará el partido, a no ser que tú decidas retirarte antes. Eso sería lo peor. No hay nada más parecido a una derrota que ese tipo de victoria. Pero el juego terminará. Y alguno de los dos se excusará para irse. Pero por mucho que el partido termine ¿alguno seguirá en el juego?

Yo me quedaré seguramente sin saber si tú sigues jugando, y si lo haces, a qué. O si no te parece una tontería olvidada ya de niños. Pero sí, yo sí sigo. En un juego rídículo y dañino para mí. En un juego en el que parezco más fuerte, menos loca, más simple. Pero yo no soy simple y tú lo sabes. Aunque no sé si eso es suficiente para que comprendas que todo es producto de ese juego, en el que mientras juego nada me puede dañar, nada puede llegar a hacerme daño. Y por eso juego. Juego y juego... juego a que es mentira que te quiero.

domingo, 11 de abril de 2010

Dichos, reglas y redichos

Dicen, que cuando una relación termina, todo cobra nuevo significado. Que cualquier cosa insignificante nos recuerda a esa persona, o eso dicen. El portal del final de la calle dejará de serlo para pasar a ser el sitio donde os disteis vuestro primer beso, la pasmina que tanto te gusta pasará a ser la pasmina con la que os cubristeis un día de lluvia, y el sofá de tu casa deja de serlo para ser un recordatorio de las miles de veces que ahí hicisteis manitas. Sí, todo cambia según dicen. Todo te recuerda a esa persona; cosas, sitios y situaciones que mientras estabas con él no te traían nada a la cabeza. El portal era el portal, la pasmina era la pasmina y el sofá solo un sofá. Pero en un segundo, todo cambia de color, luz, textura, olor,... Te parece poder sentir todavía las gotas de la lluvia que os mojaban debajo de la pasmina, el eco de la risa en el portal y su dulce olor en el sofá.

Pero todo es psicológico. El portal no deja de ser un portal donde miles de personas se han besado, y otras muchas han meado borrachas, la pasmina está seca y hoy el sol luce sin rastro de lluvia, y ese sofá no conserva más olor que el de las palomitas de la película que viste ayer, a lo sumo.

Aun así, aunque sepamos que es psicológico no podemos evitarlo, hacemos tonterías: Evitamos el portal, nos cubrimos con la pasmina y nos acurrucamos en el sofá. ¿Por qué será? Es bien sencillo. Tenemos miedo. Miedo al futuro, a un futuro donde algo que parecía eterno ya no existe. Y como tenemos miedo al futuro, nos aferramos al pasado y optamos por vivir en él.

Dicen que necesitamos la mitad de tiempo que hemos pasado en una relación para olvidar la misma. Esto es una gran putada. Y es que estas cosas deberían avisarlas antes de que ocurra, antes de que por un imcomprensible proceso bioquímico decidas que quieres pasar el resto de tu vida al lado de esa persona. Antes de enamorarte. Pero no, esto no es como la alarma del móvil que te dice que tu saldo se está agotando.

Por eso tenía yo la filosofia de "vamos a querernos una sola noche". Total, si la regla de las relaciones se cumple, mañana al mediodía ya te habré olvidado, y antes si bebimos demasiado. Pero las cosas no siempre salen como quieres y Ela, con su "si no arriesgas nunca ganarás" (para ella arriesgar es atreverse a querer durante... bueno, más de una noche; y ganar... pues la verdad, todavía no lo sé ¿que el también te quiera? bueh..) me come la cabeza y acabo donde acabo. Su filosofía tiene un fallo, y es que no menciona que si arriesgas también puedes perder. Y así acabas, evitando portales, cubierta con una pasmina y acurrucandote en el sofa.

Pero si seguimos los dichos y redichos populares de la psicología amorosa, sé que tarde o temprano volveré a ese portal con alguien, mi pasmina se mojará de nuevo bajo la lluvia y volveré a disfrutar mucho en ese sofá. Porque tarde o temprano, complementando a "es necesario la mitad del tiempo que duró la relación para olvidar la misma", está el dicho de que "un clavo... saca a otro clavo" x)

viernes, 9 de abril de 2010

Ela: Palabras-paraguas-agua-yo-foto

Recuerdos que se borran y otros que no

Al mismo tiempo que se llevaba el agua y el frio de los meses de invierno, marzo también se llevo otra cosa. Te llevó a ti. Quizás todo son épocas, ciclos, etapas y esas cosas, y era ya hora de cambiar como hacemos con la ropa. Quizás nuestra temporada ya había pasado y teníamos que renovarnos. Quizás. Solo quizás.

Ocurre que al igual que el paraguas que queda abandonado en una esquina recordándonos el invierno pasado, tu foto y otros muchos otros recuerdos también se han quedado para no permitirme que olvide el lugar que un día tú ocupaste.

Pero acabarán por desaparecer. Yo misma los haré ir desapareciendo, poco a poco. Aunque tanto tú como yo sabemos que nunca te irás del todo. Porque de igual manera que el paraguas puede tirarse a la basura y seguiremos estando seguros de que llegará el próximo invierno, puedo estar segura de que por mucho que el tiempo vaya borrándote nunca se irá tu recuerdo. Porque yo (¡bipolar de mí!), de la misma manera que iré ocupándome de eliminar todo lo que a ti me recuerde, hoy escribiendo estas palabras me he asegurado de que eso no ocurra.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Hoy echo de menos tantas cosas...

Retazos de una vida pasada, pero no por ello menos válido.

Que no te engañen. No existen los cuentos de hadas, las princesas viven en cuentos de terror. Cuentos donde nadie dice lo que piensa, ni hace lo que desea; sino lo que se supone que tiene que decir y hacer. Allí, los vestidos y zapatos son incómodos, no dejan correr; ni vivir en realidad. Los príncipes no son tan buenos y no protegen, solo aprisionan y ahogan. Los dragones a su lado son una bendición, y es que por lo menos a esos puedes odiarlos. Porque el problema comienza cuando quien amas es quien te está matando por dentro.