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astrid.rhys.jones@hotmail.com
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sábado, 7 de enero de 2012

Podría, pero para ello debería, y eso querría decir que creo.

Podría intentarlo. Podría intentar que las palabras salieran de tu boca, podría intentar que este silencio terminara.

Podría intentar que cambiaras de idea, que la dejaras a ella y me escogieras a mí. Y, sobre todo, podría intentar no sentirme culpable por ello.

Podría intentar besarte, dejar caer mis pestañas y reír por lo bajo, coquetear contigo, seguirte el juego, ¿sabes cómo te digo?

Podría intentar que te murieras por verme, por saber qué hago, con quién ando. Podrían intentar que mataras por conocerme, vamos.

Podría intentar que mi nombre te provocara vuelcos en el estómago, que tu pulso se acelerase con mi voz y mis ojos clavados en ti te quemaran como el sol.

Podría intentarlo todo, todo eso; y como el mar con los muros, avanzar y conseguirlo. Pero para ello...

Para ello debería dejar de quedarme muda, y no sentirme estúpida con cada cosa que te digo.

Debería dejar de sentirme una niña cuando te veo, salvar distancias y ser yo misma. Demostrarte que, tal como soy, yo te merezco.

Debería dejar que todo siguiera su curso, adentrarme en tu juego y divertirme sin miedos. Como tu dijiste, dejar de querer controlarlo.

Debería no preocuparme por qué puedas pensar, por el qué dirás y qué te parecerá.

Debería dejarte ver que yo también soy humana, que yo también te deseo y que seguramente, a mi pesar, incluso te quiero. Aunque sea solo un poco.

Debería hacer y dejar de hacer todo eso,  como la luna desiste de brillar cuando aparece el sol. Pero si hiciera, y dejara de hacer todo ello querría decir...

Querría decir que creo. Que creo que realmente puedo decir algo interesante, algo que pueda llegar a importarte.

Que creo que soy digna, incluso más que ella. Que tengo algo más que ofrecerte.

Que creo tener confianza, osadía y espíritu; e imaginación para inventar todo lo que no. Que puedo jugar sin quemarme y disfrutarlo sin pensar.

Que creo en lo que hago, en mi vida y en un conglomerado de tú y ella.

Que creo que puedo salir herida y no mortificarme por ello. Que puedo sobreponerme a lo que sea y que nunca habrá un dolor que no haya valido la pena.

Que creo en todo eso, en ti y, sobre todo, en mí. Pero por el momento, no es así.

jueves, 5 de enero de 2012

No Astrid, ése no.

Hoy le he pasado un par de folios emborronados con tinta y sentimientos a Bucay. Escritos por mí, por si hacía falta aclararlo. Ha empezado a leer, y me ha mirado con esa cara de "no Astrid, ése no"; con lo que rápidamente he apuntado que lo había escrito hace mucho, que no pensara mal, como diciéndole: "por dios, cuando lo escribí ni lo conocía". Já. 

Pero lo he dicho presurosa, tanto que ni yo me lo creo. La verdad es que no sé en qué momento lo escribí, una carta triste, una carta triste a un hombre. Pero ¿a quién? En realidad creo que a ninguno y a todos al mismo tiempo, al fin y al cabo al releerlo me han venido muchas imágenes a la cabeza. Muchas y muy diferentes. Como si todos los sentimientos plasmados tuviera que ingerirlos, procesarlos y sufrirlos ahora de golpe. Extraña carta, tanto como yo.

martes, 13 de diciembre de 2011

Gracias.


-Gracias, gracias de verdad-Exclamó fervorosamente. Y es que casi podía sentir como en un momento la incómoda sensación de angustia en el pecho se había diluido, hasta desaparecer. Pero entonces un calambrazo hizo luz en su cabeza y releyó ávida su mensaje. Con el ceño fruncido hizo que todas y cada una de las miles de imágenes que tenía de esa noche se precipitaran y proyectaran en el gran cine de su mente: desde Bucay  quejándose mientras ella se maquillaba, pasando por el abrazo a Sonia, hasta su cuerpo y la mesilla donde había dejado su pulsera. Estaba desconcertada, había una pieza del puzle que no encajaba; pero entonces recordó que había otras variables que no estaba incluyendo, y que ese puzle era mucho más grande. Y pum! Encajó, su rostro se relajó y reprimió una carcajada. Vaciló, no sabía muy bien qué decirle y al fina decidió ir a tiro fijo, mantenerse despreocupada y apalear sus sentimientos hasta dejarlos inconscientes en una esquina. Tras eso, escribió: -Nene, sobre esos pendientes… el sábado yo no llevaba.

Sintió que a su izquierda algo se revolvía. Miró de reojo y antes de que se diera cuenta, sus sentimientos habían desaparecido. Sintió un violento golpe en el estómago y notó como la apuñalaban por dentro. Eran rápidos desde luego, muy rápidos.

Iba a arrancárselos. Desgarrarse las tripas y sacarlos uno a uno. Pisotearlos, arañarlos y hacerlos cachitos muy pequeños, con sus mismos dientes. Pero por un momento quedó quieta, y lloró. No porque no fueran sus pendientes –que eso le daba igual-, no porque se sintiera una cría a su lado –que ya se había acostumbrado-, sino porque lo que tanto había ansiado sentir, lo sentía ahora por quien no podía ser suyo.
Sin embargo acabó por tranquilizarse. Se enjugó las lágrimas y sonrió. Al fin y al cabo, porque aunque doloroso, era un sentimiento precioso. Y ella no quería renunciar a él. 

domingo, 9 de octubre de 2011

Delirios enfermizos

Ayer antes de ponerme irremediablemente enferma y aceptar que la fiesta tendría que esperar al siguiente sábado, estuve dando una vuelta con Bucay. Hablábamos de esos seres pequeños que la gente encarga -sin saber los costes adicionales- que no hacen más que hacérselo encima y berrear; bueno, Bucay los llamó hijos pero al final eso es lo menos importante. La cuestión es que cuando me despedí de él, camino a casa, estuve pensando en las familias, los extraterrestres, los niños y demás cosas extrañas del universo hasta que una turbadora conversación tuvo lugar entres las dos partes de mi cerebro:

-Estaría bien tener novio. Estaría requetebien.
-¡¿Para qué?!
-No sé, la gente parece feliz.

Tras esto la voz racional de mi cerebro tuvo que callarse y dejar que yo, árbitro suprema, cavilara sobre ello. Es verdad que parecen felices aunque quizás es en el "parecen" donde está la clave. Al fin y al cabo tener pareja es de lo más angustioso. Cuántas veces habré oído a la gente referirse a la otra persona como "mi mitad", "mi todo", etc. o decir "sin ti no soy nada", "sin ti me muero"... Joder tía, pues muérete ya y déjanos tranquilos. Aparte de la evidente cursilería que encierran estas chorradas, hace pensar que una persona está incompleta -mi mitad- o no es nada sin la otra! Pero ¿qué clase de amor propio es ese? Me dan escalofríos solo de pensarlo.

Sin embargo es verdad que parecen de lo más felices -y lo son, por experiencia propia. Ayer mismo echaba de menos eso. Alguien que me abrazara en la cama mientras me moría de frío y no hacía más que estornudar hubiera estado bien. Que me trajera chocolate caliente, me arropara, me diera mimos, me dijera cosas bonitas,... Sí, habría estado "requetebien".

Pero siendo sincera, es que yo soy muy pragmática. A ver qué hago con el tío de turno cuando vuelva a estar bien, y es que esto solo son delirios de la enfermedad -esperemos-.

lunes, 19 de septiembre de 2011

¿Qué les pasa a los hombres?

Iba yo maldiciendo la lluvia, el viento, el frío, el mundo en general y el tiempo en particular, cuando decidí hacer un alto en el tema hombres y explayarme con una sesión de budú mental. Y es que ¿qué les pasa a los hombres?

Tras unas semanas de hastío total, surge el evento que tanto estaba esperando: un concierto de Bucay. Si a eso le añades de compañía a Aitor, Karl y David el plan parece redondo. E imagina por un momento que no sólo va a haber concierto, sino fiesta, ambiente y alcohol. Oh sí, litros y litros de alcohol (hola vodka, me echabas de menos?), perfecto ¿verdad? Pues remátalo con que tras meses y meses de coqueteo ocasional e inconstante, el fin de semana pasado coincidí con Mikel. Y aunque todo estaba en el aire, ya nos hemos ocupado de convertirlo en humo. Más visible, menos abstracto. Sé que le gusto y va a estar el viernes que viene. Así que remata la fiesta con un rato de mimos.

Era el plan perfecto, hasta que dejó de serlo. Y es que, ¿qué les pasa a los hombres? Por lo visto Mikel es amigo de unos conocidos de mi ex, tíos que no tardaron en contarle nuestra historia. En principio, a mí ¡plin! Pero la risa se me tuvo que escapar cuando Mikel me dejó caer que en cierta manera eso lo había hecho sentir un segundón... ¿segundón? Ja-ja. Chaval segundo si comienzas la lista por detrás seguramente no mucho más tiempo después del convierto de este viernes que viene, que tienes a unos cuántos MÁS delante (justo en concordancia con el post anterior, mira tú por dónde).

¿Cómo es posible? Y yo que pensaba que el mito de la princesa y casta doncella había acabado... Es que acaso quedan chicas así, y si quedan, la pregunta sería ¿por qué? Y más aún ¿qué es esto? Hipocresía en su máximo exponente, ni que ellos hubieran hecho voto de castidad. Es más, ahora que lo pienso, lo más probable es que su lista doble o triplique la mía.

Pero al final Mikel se salió por la tangente y dijo que a él le daba igual que hubiera estado con mi ex. Sin embargo sus palabras me inquietaban y tuve un presentimiento, así que lo interrogué.

Si con el drama del segundón me había entrado la risa, en ese momento me dieron ganas de echar a correr; y es que insinuó que quizás él podría querer algo más. Soy mujer práctica y Mikel me cae muy bien, así que con palabras claras, de forma lenta y con repetición de conceptos (lenguaje masculino) le expliqué que yo no quería ahora una relación, que no estaba preparada; y que el tendría que decidir si creía que eso podía influirle o prefería alejarse para no arriesgarse.

Al final, como ya imaginaba, han podido más sus ganas que sus previsiones y se contenta con decirme que tiene ganas de verme el viernes. A mí, tras tanta tragicomedia, lo que me apetece es una copa. Luego ya decidiremos si se acompaña de algo o no.

lunes, 2 de mayo de 2011

Primero fuego, y después nada.

Mientras mi cuerpo se debilita día a día parece que mi mente es más libre a cada minuto. Como el papel al arrugarse, mi pecho cruje con cada bocanada de aire que cojo; convulsiono entera desde el mismo centro con cada tosido.

Me reclino en la silla y acaricio con la mano izquierda mi cuello. Intento concentrarme en la sensación de cosquilleo que me produce siempre cualquier roce debajo de la mandíbula, pero no hay manera. Siento la fricción, pero no hay emoción. Como sospechaba, vacía. De vuelta al hastío.

No sé si me alegra o entristece. Bah, o simplemente me da igual. Quién sabe, quizás sea mejor así. Porque al final, como dice Bucay, ese mundo me es ajeno. Así que quizás sea mejor ni pisarlo. Y es que quien no sabe la ruta, pisa donde no debe y cuando menos te lo esperas... ¡pum! Primero fuego, y después nada.

lunes, 18 de abril de 2011

Saúl: el retorno

Y llegó el temido momento, el temible Saúl retorna. Pero en serio ¿este hombre no se cansa de que lo rechace?

Ya no sé cómo decírselo, si se lo he dicho de todas las maneras posibles. Que sí, alma de cántaro, que estás muy bueno, que el pelo como te lo has dejado me provoca prácticamente un orgasmo y que tu barbita la quiero yo a mi lado haciéndome cosquillas en la cama cuando me levante.

Pero que todo es fachada, que al igual que no vale de nada tener unos Jimmy Cho si luego vas a estropearlos con unos pantalones horrorosos, de nada me vale que estés para mojar pan y dejar sin agua y leche a toda la nación, si luego no funcionamos. O si no me pones, dicho claramente.

Pues por lo visto no sé si es que quiere reafirmar su hombría, tiene ansias de superación personal o que simplemente se muere por echarme un polvo ya que se quedó con las ganas la última vez, pero no acaba de captar que si no me gusta el zumo de melocotón no voy al súper y lo compro. Pues nada, él insiste, por eso que no quede.

Ni los testigos de Jehová me han dado nunca tanto la chapa. En serio, Saúl, que no me gusta el zumo de melocotón, a ver si te entra en la cabeza.

viernes, 11 de marzo de 2011

Bucay y el crío psicópata

Como el día 8 resultó un asco, hice una llamada de emergencia y Bucay se presentó debajo de mi casa en cero coma. Y con la intención de animarme, decidió contarme una anécdota. Bien, llegados a este punto tengo que advertir al público en general, y sobre todo a los locos y degenerados de esta sociedad que quieren tener hijos, que esto podría hacerles cambiar de idea o por lo menos hacer que se lo replantearan.

Una vez avisados, allá vamos. Resulta que Bucay, que ha dejado ya sus tiempos de delincuente y rebelde sin causa, está ahora dándole clases en su tiempo libre a una de esas cosas que uno encarga y se la traen a los nueve meses.

Pues bueno, resulta que la criatura debe de ser zopenca hasta decir basta y la tía una bruja-lagarta-maruja (¡mira! ¡si hasta rima!) de las que sudan veneno. Con esta combinación, y una abuela que en palabras de Bucay da un yuyu que te cagas sentada en la mecedora haciendo punto de cruz, era de esperar ya que el niño pues normal, lo que se dice normal, no fuera. ¡Pero no hasta tal punto! Como dato, solo diré que el niño, un tirillas de tres al cuarto, está firmemente convencido de que sus compañeros le hacen bullying, cosa que su tía suscribe y que según Bucay ha sido ella la que se lo ha metido en la cabeza. Total que está convencidísimo de ello y asegura que planea matar a sus compañeros de clase. Para más inri, incluso ha fijado una fecha: lo hará a los treinta años. ¿El por qué? Yo que sé, que se lo pregunten a su psicóloga, que por cierto no pudo ni aguantar la risa y le dijo que mejor que lo hiciera a los 80 que así no iba a la cárcel...

En fin... yo ante esto, pensaba si es que van a ser críos como este de los que dependa mi jubilación pero bueh... Total que si ante todo eso Bucay ya flipaba a colorines, el asunto ya se desmadró cuando, viendo que era imposible que el crío se centrara en los textos de comprehensión que tenía que leer, decidió preguntarle al niño a ver qué tema era el que más le interesaba para poder traerle textos sobre eso.

¿Su respuesta? Matar. Bucay, como chico responsable que se nos ha vuelto, le contestó pues que obviamente no podía traerle textos sobre eso que fueran adecuados a su edad. Yo aquí haría una pausa, y es que, qué texto pensaba encontrar Bucay que fuera adecuado para el crío y que fuera sobre matar? Total, sigamos.

Entonces decide preguntarle cuál es la segunda cosa que más le gusta y el niño le dice que pegar. Una vez más, y Bucay cada vez más en estado de shock y yo a carcajada limpia mientras me lo contaba (oye, que tiene su gracia)le dijo pues que de eso tampoco podía encontrar para él.

Y una vez más, insiste en cual es la tercera cosa que más le gusta y el crío contesta simplemente que huir. Aquí ya es cuando Bucay se desespera, porque ni siquiera de eso es capaz de encontrar algo y porque seamos sinceros, la pauta da más miedo que ver IT rodeada de payasos.

Con infinita paciencia, de esa que suele utilizar para aguantar mis desvaríos, nuestro protagonista le pregunta ya sin saber qué esperar, que cuál es la cuarta, sí majos cuarta, cosa que más le interesa. La respuesta da miedito y hace pensar en que en algo estamos fallando muy seriamente: ocultar pruebas. Vale, es aquí ya cuando viendo los antecedentes (matar, pegar, huir) y añadiendo este otro, Bucay empieza a tener los huevos de corbata y a pensarse si presentarse a oposiciones para mártir de la iglesia católica. Sobre este tema, sí es capaz de encontrar textos adaptados a la edad del aspirante a psicópata, pero ¡qué coño! ¡No va a ponérselo más fácil ni a ser cómplice en lo que sea que esté elucubrando la mente del pequeño ser ese! Y por lo tanto le dice que nada, que nanai de la china.

Y le pregunta por la quinta cosa que más le interesa en el mundo mientras duda entre empezar a marcar el número del psiquiátrico más cercano o simplemente echar por patas. Pero el niño, sorprendentemente, le contesta que meditar. Bucay, más aliviado que yo cuando me despierto por la noche y veo que todavía me quedan unas horitas para sobar, le dice que perfecto.

Al día siguiente, Bucay encuentra un texto adaptado sobre el budismo y se lo da al chaval, que después de terminar la clase incluso se queda mirándolo. Algo que enorgullece mucho a Bucay.

Yo, sinceramente... pues ya no duermo tranquila. Si desde que pusieron la nueva ley anti-tabaco voy por la calle alerta ante posibles invasiones de niños y policías lo suficientemente cabrones como para multarme, ahora ya encima me tengo que fijar en si tienen cara de psicópata o no. Y quieras que no a mi desbocada imaginación que su quinta cosa favorita (después de matar,pegar, huir y ocultar pruebas) sea meditar... me da bastantes ideas (y ninguna de ellas buena) sobre qué van a ir sus meditaciones. Pero ¡quién sabe! Igual la próxima semana el crío se rape el pelo, se vista de naranja y decida vivir en el mundo chupi-chupi donde todo es bonito y todos somos felices, pero tengo mis serias dudas.

Los niños son el futuro, los niños son el futuro... ja, pues que lo sean de sus padres, a ver si encima ahora voy a acabar yo muerta porque dos echaran un polvo. Ya sabéis, la próxima temporada, los chalecos anti-balas serán lo último.

Retazos de una vida pasada, pero no por ello menos válido.

Que no te engañen. No existen los cuentos de hadas, las princesas viven en cuentos de terror. Cuentos donde nadie dice lo que piensa, ni hace lo que desea; sino lo que se supone que tiene que decir y hacer. Allí, los vestidos y zapatos son incómodos, no dejan correr; ni vivir en realidad. Los príncipes no son tan buenos y no protegen, solo aprisionan y ahogan. Los dragones a su lado son una bendición, y es que por lo menos a esos puedes odiarlos. Porque el problema comienza cuando quien amas es quien te está matando por dentro.