Soul of music.
astrid.rhys.jones@hotmail.com
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lunes, 12 de diciembre de 2011
Barreras y protecciones
Bucay habla de barreras, yo hablo de protección emocional. Quizás sea lo mismo. Quizás no, lo es. Todo es cuestión de perspectivas. Desde la mía todo está muy claro: protección es seguridad, y seguridad ausencia de dolor. No le tengo ningún miedo al dolor físico, el emocional es otra cosa. No es que le tenga pavor, incluso puedo llegar a disfrutar de él -al fin y al cabo del dolor nacen ciertas cosas únicas- pero mi experiencia me dice que, en mi TODO o NADA emocional actual, sería demasiado.
Desde la de Bucay también está todo muy claro: lucha por lo que quieres, el dolor es pasajero, el triunfo eterno. Vale la pena, déjalo fluir, no te obceques.
Pero es tan fácil decirlo... y tan difícil hacerlo. Supongo que todo irá fluyendo, quiera yo o no. La cuestión es si me voy a dejar arrastrar por la corriente, voy a nadar a favor, o lo voy a hacer contracorriente hasta desfallecer. Primero veremos hacia dónde sopla el viento, será bastante más sencillo así.
Mientras solo queda centrarse, que no se diga que un contratiempo emocional paraliza mi vida. Porque eso sí que no voy a dejar que pase.
Desde la de Bucay también está todo muy claro: lucha por lo que quieres, el dolor es pasajero, el triunfo eterno. Vale la pena, déjalo fluir, no te obceques.
Pero es tan fácil decirlo... y tan difícil hacerlo. Supongo que todo irá fluyendo, quiera yo o no. La cuestión es si me voy a dejar arrastrar por la corriente, voy a nadar a favor, o lo voy a hacer contracorriente hasta desfallecer. Primero veremos hacia dónde sopla el viento, será bastante más sencillo así.
Mientras solo queda centrarse, que no se diga que un contratiempo emocional paraliza mi vida. Porque eso sí que no voy a dejar que pase.
domingo, 4 de diciembre de 2011
Entre tiburones.
Se quedó muy quieta. Como paralizada. No es que lo estuviera en realidad, pero ante un tiburón -como él- es lo que solía aconsejarse. Así que se quedó ahí, parada, al lado suyo pero lejos de él y muy cerca del resto. Sin apenas moverse lo miró de reojo y rápidamente volvió a bajar la vista al suelo. Estaba escuchando al resto.
Se estremeció de arriba a abajo cuando soltó una carcajada, y sin saber muy bien por qué, se sonrojó cuando escuchó su voz replicar con otra broma. Pero siguió sin moverse. Estaba segura de que él -como tiburón experimentado- podría dar con cada una de sus debilidades en menos de un minuto, medio si encima llamaba su atención.
Pero entonces, fue él el que llamó la de ella. La miró, podía sentir su penetrante mirada clavada en ella aunque siguiera con la cabeza gacha. Lentamente la levantó, lo miró y sonrió como pillada in fraganti. Él posaba con su sonrisa de medio lado. Genuina, auténtica. Durante unos segundos solo existían ellos dos.
Y entonces, dentro de su burbuja, él rompió el silencio:
-¿Me acompañas?
Consiguió mantener la compostura, fingió indiferencia, sacudió los hombros y asintió. Muy bien trabajada la pose; pensó para sí misma. Él sin embargo rió por lo bajo, condescendiente. Después se dio la vuelta y, mientras ella todavía trataba de controlar sus nervios, les dijo algo al resto. Alguna excusa, alguna justificación de a dónde iban.
Empezaron a caminar.
-¿A dónde vamos?-Preguntó ella curiosa.
-Eh... pues la verdad es que no lo tengo muy claro.-Respondió él con la vista perdida, para acto seguido mirarla interrogante, como esperando que ella lo retara.
-Eso está bien-Contestó ella sonriendo sin embargo. Al fin y al cabo, pensó, ella tampoco sabía a dónde iba todo esto.
Se estremeció de arriba a abajo cuando soltó una carcajada, y sin saber muy bien por qué, se sonrojó cuando escuchó su voz replicar con otra broma. Pero siguió sin moverse. Estaba segura de que él -como tiburón experimentado- podría dar con cada una de sus debilidades en menos de un minuto, medio si encima llamaba su atención.
Pero entonces, fue él el que llamó la de ella. La miró, podía sentir su penetrante mirada clavada en ella aunque siguiera con la cabeza gacha. Lentamente la levantó, lo miró y sonrió como pillada in fraganti. Él posaba con su sonrisa de medio lado. Genuina, auténtica. Durante unos segundos solo existían ellos dos.
Y entonces, dentro de su burbuja, él rompió el silencio:
-¿Me acompañas?
Consiguió mantener la compostura, fingió indiferencia, sacudió los hombros y asintió. Muy bien trabajada la pose; pensó para sí misma. Él sin embargo rió por lo bajo, condescendiente. Después se dio la vuelta y, mientras ella todavía trataba de controlar sus nervios, les dijo algo al resto. Alguna excusa, alguna justificación de a dónde iban.
Empezaron a caminar.
-¿A dónde vamos?-Preguntó ella curiosa.
-Eh... pues la verdad es que no lo tengo muy claro.-Respondió él con la vista perdida, para acto seguido mirarla interrogante, como esperando que ella lo retara.
-Eso está bien-Contestó ella sonriendo sin embargo. Al fin y al cabo, pensó, ella tampoco sabía a dónde iba todo esto.
viernes, 25 de noviembre de 2011
Excuse moi mais je ne peux pas.
Estoy de una mal humor terrible. Enfadada con todo aquel que respire, pestañee o siquiera exista. Así que respiro despacio, cierro los ojos, cuento hasta diez y me ubico. Aquí, en este mundo. El gps de cinismo estropeado y yo con el nivel de estrógenos a la altura de su ego. Así no se puede, no.
Pero ningún imprevisto -como puede ser mi humor- va a despeinarme hoy. Hoy no. Hoy toca fiesta, aunque estoy preocupada. No por la posible bronca que tanto preocupa a Bucay y Karl para el concierto de esta noche, no. A mí los criajos no me interesan. Estoy expectante. Esperando, no sé. Al fin y al cabo Dex lleva metiéndome fichas tres semanas, al menos. Es encantador, para qué negarlo. Me habla de forma cariñosa e incluso se preocupa por mi día y, aún más importante, por mí.
Mas las circunstancias le van a hacer llevarse un chasco. Porque como siempre digo, los hombres van y vienen, los amigos son para siempre. Y yo tengo muy claro a quién soy fiel. Eso supone que, aunque oficialmente yo soy simple observadora, me importa más mi manicura que sus broncas y no tomo parte en nada eso, extraoficialmente la verdad es que no haría nunca nada que pudiera ir contra Bucay o pudiera llegar a considerarse una traición a nuestra alianza de genios malvados. Soy leal a quien tengo que serlo, eso lo tengo más claro que la incompatibilidad de un chandal con zapatos de tacón.
Por tanto, el flirteo se quedará ahí. Ni affair, ni nada. Quizás en otro momento, en otra vida, en otro universo paralelo. Pero esta noche, soy de mis amigos.
Pero ningún imprevisto -como puede ser mi humor- va a despeinarme hoy. Hoy no. Hoy toca fiesta, aunque estoy preocupada. No por la posible bronca que tanto preocupa a Bucay y Karl para el concierto de esta noche, no. A mí los criajos no me interesan. Estoy expectante. Esperando, no sé. Al fin y al cabo Dex lleva metiéndome fichas tres semanas, al menos. Es encantador, para qué negarlo. Me habla de forma cariñosa e incluso se preocupa por mi día y, aún más importante, por mí.
Mas las circunstancias le van a hacer llevarse un chasco. Porque como siempre digo, los hombres van y vienen, los amigos son para siempre. Y yo tengo muy claro a quién soy fiel. Eso supone que, aunque oficialmente yo soy simple observadora, me importa más mi manicura que sus broncas y no tomo parte en nada eso, extraoficialmente la verdad es que no haría nunca nada que pudiera ir contra Bucay o pudiera llegar a considerarse una traición a nuestra alianza de genios malvados. Soy leal a quien tengo que serlo, eso lo tengo más claro que la incompatibilidad de un chandal con zapatos de tacón.
Por tanto, el flirteo se quedará ahí. Ni affair, ni nada. Quizás en otro momento, en otra vida, en otro universo paralelo. Pero esta noche, soy de mis amigos.
lunes, 21 de noviembre de 2011
¡Oh la la!
Bonjour madames et monsieurs! Como veréis me ha afrancesado mucho últimamente. En realidad todo ha sido coincidencia, afortunada o desafortunada... eso está por ver.
El "quid" de la cuestión radica, como siempre, en los cambios personales que estoy viviendo. En esta nueva etapa de mi vida, más que nunca, me parece oportuno hacer un llamamiento al refinamiento -que no al snobismo-, a los buenos modales, al buen talante y a la elegancia... ¿¡y qué mejor que un aire francés para empaparnos del espíritu!? Y es que quien no conozca la importancia de las formas no merece ni que lo mire desdeñosa por encima de mis gafas de Dior.
Pero no, ahora en serio. La gente tiende a subestimar estos valores, tan necesarios y tan útiles -al menos en mi experiencia-. Aunque debo admitir que eso es solo una razón secundaria. Porque sobre todo, lo que desearía que nos empapara del espíritu francés, es el libertinaje, la pasión, el amor por el arte y la vida, y el amor por el amor.
Por supuesto que no. Por supuesto que esto no significa que a partir de ahora mis apariciones por este mundo vayan a estar cargadas de ñoñerías y sentimentalismos varios. Nada de eso. ¿Entonces qué? Bueno, ya lo iréis viendo. De momento deleitaros con la nueva apariencia de aquí, mi reino mágico; mientras, yo voy a deleitarme con mi último entretenimiento online. Twitter. Dios, es tan... ¡tan! ¡Oh la la! Un ensalzamiento del "yo" sin parangones, y es que cómo me gusta quererme tanto.
lunes, 31 de octubre de 2011
Curado el cuerpo ahora se enferma el alma.
La monótona melodía de una canción cualquiera. Me tranquiliza mientras sostengo el café en mis manos. Hoy es un día extraño, especial quizás. Ni siquiera me he molestado en vestirme correctamente, un pantalón corto de pijama, y por no buscar un sujetador, una camiseta corta de licra con otra de algodón encima. Me siento a gusto, además hay mucho por lo que sonreír hoy.
Son las nueve de la mañana. Me he despertado sola, sin ningún horrible sonido de despertador. Delirante. Me encanta, es la prueba inequívoca de que estoy mucho mejor, casi curada. Eso y la canción, la de la monótona melodía. Porque soy una mentirosa y no es cualquiera. Es LA canción. La que llevo escuchando desde ayer, quizás por autocompadecerme como hace aquí todo hijo de vecino -solo que yo no era así.
¿Qué ha pasado para llegar a esto? Ni idea. Solo sé que hace un día precioso fuera, y todos mis pensamientos debieran estar ahí. ¡Pero no lo están! Shit. Hace falta caer para llegar a donde se quiere, así que me lo tomaré así. Aunque hoy poco me consuela, al fin y al cabo voy a pasar el día sola -porque tú quieres-.
Un compañero me había invitado a una fiesta de Halloween esta noche, no sé si iré. Si eso o preferiré regodearme de modo patético en mi soledad y blah blah blah. Debiera mostrar algo más de amor propio, ¿dónde está la mujer de sonrisa grande y caminar seguro? Se perdió y nos ha dejado a una niña de sustituta. Esperemos que no dure mucho la baja. Porque el catarro es malo, pero el alma enferma peor.
martes, 11 de octubre de 2011
Al futuro.
¿Conocéis esa sensación anterior a la tormenta? ¿Esa calma, esa tranquilidad artificial, ese clima apaciguado que no parece irradiar más que paz y felicidad? Yo sí, y muy bien.
Tan bien que he aprendido a ver las señales, a saber que la ausencia de nubes es en sí una señal, porque se está más tiempo abajo que arriba. O tal vez no, pero lo notamos más. La cuestión es que he desarrollado una sensibilidad especial para estas cosas.
Mientras que al principio me pillaban por sorpresa y no tenía más que conformarme y levantarme, pronto aprendí a visualizarlas en el horizonte y a temerlas. Son detalles imperceptibles a la razón, pero no al subconsciente. Ahora, ya he pasado esa fase. Ya no sólo las veo, sino que las preveo; como cuando te despiertas de repente un minuto antes de que el despertador te taladre los oídos. Y sobre todo, ya no las temo; porque no dejo que me hagan caer.
Ahora me calzo las katiuskas, me pongo el chubasquero y agarro el paraguas con fuerza. Si mantengo la cabeza lo suficientemente fría incluso me acuerdo de subir el volumen de la música para no oír siquiera los truenos. Así que ven, porque no me vas a derribar esta vez.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Cifras y cruces
Ayer hablaba con un amigo y salió el tema de cuántos chicos habían pasado por mi vida. Abrí la boca para contestar convencida, pero tuve que cerrarla de nuevo. No lo recordaba. Me acordaba del primero, de los del último año y para de contar. Pasé la noche intentando recordarlos a todos pero al final decidí abandonar la tarea y concentrarme en un magnífico libro que no pude terminar por exceso de sueño.
Sin embargo, esta mañana sentada en mi sillón negro, con los pies encima de la mesa, un café en una mano y un lápiz en la otra, me he concentrado delante de un papel en blanco. Primero los importantes, ésos que vienen a mi boca tan rápido que parece que nunca abandonaron mi vida -y quizás no lo hayan hecho-. Algunos del principio, otros del final, y luego he ido rellenando huecos.
Al terminar los he contado. No voy a decir la cifra, aunque me ha sorprendido que fueran tantos. De la mitad ni me acordaba, quizás porque fueron amores perfectos, de ésos que duran desde el atardecer de un viernes al amanecer del sábado y nunca vuelves a verlos -¡ni falta que hace!- que precisamente son perfectos porque no dio tiempo a que se fastidiaran. De algunos de ellos no recuerdo ni el nombre -o quizás ni siquiera lo supe en su momento- pero puedo recordar el brillo de sus ojos mientras me acariciaban la cara, o la forma encantadora de decir mi nombre. Otros son de no recordar, errores de los que luego te ríes con tus amigas en una cafetería cualquiera. Hay alguno que otro que todavía hacen que me recorra un escalofrío la columna y me muerda el labio soñadora, está claro que todavía vamos a cruzarnos alguna que otra vez. Y por último está el que parece haber colonizado cada una de tus células, ése que quizás por ser el primero, o por reincidencia sistemática, acapara tantos recuerdos en tu mente; el que provocaba vuelcos en la tripa, tembleque de piernas, sonrisa de boba y lágrimas varias; aquel que hizo que te hizo madurar y al que hoy, después de tanto tiempo, recuerdas con cariño y le deseas lo mejor.
Al final, se lo deseas a todos. Tanto los que se fueron, como los que no. Los que permanecieron como amigos o se convirtieron en ocasionales. Los que apenas recuerdas su nombre o de los que intuyes cada uno de sus pensamientos. Porque si lo pienso bien, en parte -menor o mayor- gracias a ellos -tanto por lo bueno como por lo malo- soy la que hoy soy y por lo que tan orgullosa estoy. Merci.
sábado, 27 de agosto de 2011
Cambié el "felices para siempre" por el cinismo y mi teclado
Hoy pensaba en el amor. En realidad pensaba más bien en qué ponerme esta noche porque ese otro tema llevo esquivándolo prácticamente todo el verano. Hablando con un par de amigas ayer me di cuenta de que hay gente que es feliz estando enamorada ¡es increíble! ¿Yo también lo era antes?
Quiero decir, la vez que estuve enamorada, enamorada de verdad, estuvo marcada por la más absoluta falta de cordura y una ingente cantidad de puñales, esquivas, lloros, inseguridades y al final, más que nada, cosas negativas. Cosas sin embargo que nos hacían funcionar y ser tan felices como cantidad de enfados teníamos. No había ostentosos "te quiero"-s ni halagos, más bien pullas y bromas de doble sentido que nos hacían enervarnos para acabar con un beso. Miradas sí, pero no de ternura, solo de esas a las que seguían una sonrisa torcida y una risa por lo bajo con la ceja levantada. Pero nos entendíamos, funcionábamos.
Sin embargo, pasada página y con ganas de volver a sentir ese vuelco en el corazón y ese temblor de piernas, me encuentro con que soy incapaz de sentirlo, o al menos del modo en el que lo hace la gente normal. La mayoría de las mujeres sueñan con un hombre que las agarre de la mano, las presente a sus amigos, se preocupen por ellas, les digan que están preciosas nada más levantarse y las quieran por encima de todas las cosas. Y voy yo y lo encuentro, una y otra vez. A Karl el último. Debiera ser feliz, debiera querer estar así, comprometerme un poco, y sin embargo huyo como alma que lleva el diablo.
Quizás sea simplemente que hay personas que están hechas para vivir enamoradas, o más bien para que las traten como princesas. Y otras vagamos perdidas por el mundo entre lo que nuestro instinto nos dice y lo que la sociedad nos marca. Siempre en eterno conflicto y nunca contentas. Quién sabe, o quizás simplemente soy una loca.
Sea lo que sea, no importa. Es así y no puedo cambiarlo. Lo único que puedo hacer es tratar de no herir a nadie más, al fin y al cabo, chicas; últimamente he conocido muchos príncipes y me he portado con ellos como la malvada madrastra del cuento. Me gustaría saber... si no es como madrastra, ni como príncipe o princesa,... ¿qué papel tengo yo en este cuento?
jueves, 5 de mayo de 2011
Hoy, acepto
Pongamos que existo. Pongamos que además de existir, vivo. Arriesguémonos un poco más y supongamos que, encima, siento y padezco. Entonces es fácil suponer, que tal como soy, a estas alturas de la primavera, el hastío empieza a hacer mella y la rutina va acortando camino entre ella y yo.
Pero ¿sabes qué? Que no me apetece seguir rehuyéndole, simplemente voy a dejar que todo fluya. Lo siento, me he quitado las deportivas y ya no quiero correr este sprint. Me he puesto unos tacones y pienso matarme a bailar tangos y bulerías con mi hastío. Que me agarre de la cintura y me haga girar, una y otra vez. Con mano firme, con control, sin desviaciones. Me invitará a una copa y saborearé el dulce néctar de la rutina, para emborracharme de costumbre y olvidar que somos nuevos. Noches de pasión con lo conocido, para que me proteja cuando la novedad me agreda.
Y es que se aproximan semanas de duro trabajo, así que... si no puedes derrotarlo, únete a él. Tienes la puerta abierta, entra y cierra con llave.
Pero ¿sabes qué? Que no me apetece seguir rehuyéndole, simplemente voy a dejar que todo fluya. Lo siento, me he quitado las deportivas y ya no quiero correr este sprint. Me he puesto unos tacones y pienso matarme a bailar tangos y bulerías con mi hastío. Que me agarre de la cintura y me haga girar, una y otra vez. Con mano firme, con control, sin desviaciones. Me invitará a una copa y saborearé el dulce néctar de la rutina, para emborracharme de costumbre y olvidar que somos nuevos. Noches de pasión con lo conocido, para que me proteja cuando la novedad me agreda.
Y es que se aproximan semanas de duro trabajo, así que... si no puedes derrotarlo, únete a él. Tienes la puerta abierta, entra y cierra con llave.
lunes, 2 de mayo de 2011
Primero fuego, y después nada.
Mientras mi cuerpo se debilita día a día parece que mi mente es más libre a cada minuto. Como el papel al arrugarse, mi pecho cruje con cada bocanada de aire que cojo; convulsiono entera desde el mismo centro con cada tosido.
Me reclino en la silla y acaricio con la mano izquierda mi cuello. Intento concentrarme en la sensación de cosquilleo que me produce siempre cualquier roce debajo de la mandíbula, pero no hay manera. Siento la fricción, pero no hay emoción. Como sospechaba, vacía. De vuelta al hastío.
No sé si me alegra o entristece. Bah, o simplemente me da igual. Quién sabe, quizás sea mejor así. Porque al final, como dice Bucay, ese mundo me es ajeno. Así que quizás sea mejor ni pisarlo. Y es que quien no sabe la ruta, pisa donde no debe y cuando menos te lo esperas... ¡pum! Primero fuego, y después nada.
Me reclino en la silla y acaricio con la mano izquierda mi cuello. Intento concentrarme en la sensación de cosquilleo que me produce siempre cualquier roce debajo de la mandíbula, pero no hay manera. Siento la fricción, pero no hay emoción. Como sospechaba, vacía. De vuelta al hastío.
No sé si me alegra o entristece. Bah, o simplemente me da igual. Quién sabe, quizás sea mejor así. Porque al final, como dice Bucay, ese mundo me es ajeno. Así que quizás sea mejor ni pisarlo. Y es que quien no sabe la ruta, pisa donde no debe y cuando menos te lo esperas... ¡pum! Primero fuego, y después nada.
domingo, 17 de abril de 2011
Brillante, sin dobleces
Paso el ticket y entro al metro. Mi móvil suena, un número desconocido. Suspiro, sé quién es y sé que me la va a liar como siempre. No me equivoco, Bucay al habla. No sé si es que fue muy persuasivo o yo todavía tenía algo de ganas de fiesta, la cuestión es que como siempre me acabó convenciendo. Me despedí de las chicas y tiré de nuevo para el centro. Allí estaba, en el banco con una litrona mientras yo le miraba severa. Me presentó dos chicos, a los que automáticamente les prohibió siquiera tocarme. Una de sus manías esa de espantarme el género masculino. Pero le miro con cariño, cuánto lo quiero.
Le recuerdo su promesa, habíamos quedado con Karl. Y allá vamos, en la noche, los dos hacia el centro, calles viejas con historia, recónditas esquinas de momentos pasados y posibles futuros. Nos espera a la salida del metro Karl, sonríe, sonreímos.
La noche es joven y toda nuestra. Andamos por calles empedradas hasta llegar a su grupo. Presentaciones varias y anécdotas sexuales por parte de Bucay. Se le va... ¡y mucho! Torbellino de risas, de caladas, de preguntas curiosas.
En el barullo de la calle secuestramos a un hombre con guitarra. Y cantan, y yo río. Calles arriba, calles abajo ¡hasta me beso con Karl! Un beso dulce, sincero, sensible. Debiera encantarme, pero soy atravesada de cojones.
Karl y Bucay me abandonan dejándome a mi suerte con las chicas. ¡Con las chicas! Su charla me agobia, demasiada hormona acumulada y huyo a donde ellos solo para oírles cantar, solo para oírles vivir.
Las horas pasan como los cigarrillos por mis manos, y morfeo me llama a sus brazos. Y al final, algunos antes que otros, Bucay como siempre se queda (para armarla un poquito más), partimos. Contentos, contentos de una noche simple, sincera, brillante.
Le recuerdo su promesa, habíamos quedado con Karl. Y allá vamos, en la noche, los dos hacia el centro, calles viejas con historia, recónditas esquinas de momentos pasados y posibles futuros. Nos espera a la salida del metro Karl, sonríe, sonreímos.
La noche es joven y toda nuestra. Andamos por calles empedradas hasta llegar a su grupo. Presentaciones varias y anécdotas sexuales por parte de Bucay. Se le va... ¡y mucho! Torbellino de risas, de caladas, de preguntas curiosas.
En el barullo de la calle secuestramos a un hombre con guitarra. Y cantan, y yo río. Calles arriba, calles abajo ¡hasta me beso con Karl! Un beso dulce, sincero, sensible. Debiera encantarme, pero soy atravesada de cojones.
Karl y Bucay me abandonan dejándome a mi suerte con las chicas. ¡Con las chicas! Su charla me agobia, demasiada hormona acumulada y huyo a donde ellos solo para oírles cantar, solo para oírles vivir.
Las horas pasan como los cigarrillos por mis manos, y morfeo me llama a sus brazos. Y al final, algunos antes que otros, Bucay como siempre se queda (para armarla un poquito más), partimos. Contentos, contentos de una noche simple, sincera, brillante.
martes, 29 de marzo de 2011
Desde el desastre del domingo al martes sin cordura
Qué pasa. A quién le importa. Preguntas vanas lanzadas al cielo, al aire, al viento de las noches solo alumbrada por parpadeantes farolas. Recojo respuestas de lo que no he preguntado, y mis preguntas se desvanecen en la nada, en la niebla del alma.
Me duele la cabeza, me duele y eso me revela que sigo viva. El insomnio no me da tregua. Y no puedo llorar. Las lágrimas se niegan a salir, quizás Bucay tenga razón. Quizás sea un día, pero desde el desastroso domingo no ha habido tregua. No ha habido notas de colores, no ha habido nada.
No siento amor, no siento odio. Todo me es indiferente, nada me importa. Hago todo como una autómata, sin pararme siquiera a pensarlo. Hago mis quehaceres, cubro mis necesidades físicas, pero no siento. No siento nada y voy sin rumbo.
Quizás mañana luzca el sol, quizás mañana encuentre el timón, encuentre respuestas. Pero no sé si mañana llegaré cuerda para poder entenderlas.
Me duele la cabeza, me duele y eso me revela que sigo viva. El insomnio no me da tregua. Y no puedo llorar. Las lágrimas se niegan a salir, quizás Bucay tenga razón. Quizás sea un día, pero desde el desastroso domingo no ha habido tregua. No ha habido notas de colores, no ha habido nada.
No siento amor, no siento odio. Todo me es indiferente, nada me importa. Hago todo como una autómata, sin pararme siquiera a pensarlo. Hago mis quehaceres, cubro mis necesidades físicas, pero no siento. No siento nada y voy sin rumbo.
Quizás mañana luzca el sol, quizás mañana encuentre el timón, encuentre respuestas. Pero no sé si mañana llegaré cuerda para poder entenderlas.
domingo, 27 de marzo de 2011
Desde mi primer lío lésbico hasta el desastre del domingo
Hoy es uno de esos días en los que me apetece llorar. No entiendo, o no sé manejar, lo que pasa a mi alrededor. Siento a todo el mundo lejos. Me siento diferente. Y quizás lo sea.
He tenido mi primer lío lésbico. Fue extraño como poco. Diferente, en gran medida. Algo inexplicable, labios femeninos y alcohol. Aunque no sea lesbiana, ni siquiera bisexual (que yo sepa), no me arrepiento. Y es que fue divertido, el morbo de lo diferente, de la aventura. Algo que muchos y muchas se niegan a si mismos por prejuicios y demases. El sábado tuve una charla increíblemente larga con Bucay, que me dio muchísimo que pensar.
Ahí todavía la cosa estaba bien, iba bien. Quizás fue cuando me sentí aislada de las chicas, quizás cuando el trabajo empezó a llegarme al cuello y el estrés me comía. Quizás fue entonces, quizás es solo que hoy es domingo. Quizás mañana todo esté bien. O quizás no, lo más terrible es que me da igual.
He tenido mi primer lío lésbico. Fue extraño como poco. Diferente, en gran medida. Algo inexplicable, labios femeninos y alcohol. Aunque no sea lesbiana, ni siquiera bisexual (que yo sepa), no me arrepiento. Y es que fue divertido, el morbo de lo diferente, de la aventura. Algo que muchos y muchas se niegan a si mismos por prejuicios y demases. El sábado tuve una charla increíblemente larga con Bucay, que me dio muchísimo que pensar.
Ahí todavía la cosa estaba bien, iba bien. Quizás fue cuando me sentí aislada de las chicas, quizás cuando el trabajo empezó a llegarme al cuello y el estrés me comía. Quizás fue entonces, quizás es solo que hoy es domingo. Quizás mañana todo esté bien. O quizás no, lo más terrible es que me da igual.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Vivir sin resignarme a solo existir
Porque hay dos clases de personas. Las que se limitan a existir y las que viven, las que viven de verdad. Las que disfrutan y sufren cada segundo de su vida, a las que lo desconocido les da miedo por supuesto, pero eso no les impide intentarlo, las que por vivir extremos saben lo que espera a cada lado, las que piden paz para el mundo y guerra para ellas, las que viven un día diferente a diario y no una rutina, las que ríen sin motivo y le lloran a recuerdos, las que sonríen, aman, odian, besan, hacen el amor, las que de verdad, de verdad, viven y no solo existen.
sábado, 12 de marzo de 2011
Oh nana...
Son casi las once de la mañana. Y me tomo mi café delante de mi amado teclado. Suena Rihanna con su "whats my name?" y desafino mientras la canto.
Estoy tranquila, porque me espera un día largo. Muy largo uff. Último sábado de carnaval y yo todavía tengo que comprar veintemil cosas para esta noche.
Pero me lo tomo con calma. Con un café y el sol entrando por la ventana, el mundo se ve de otro color. Y me gusta.
Juego con la barra de labios entre mis dedos y dibujo un corazón en mi muñeca. ¡Dios cuánto me quiero!
Estoy tranquila, porque me espera un día largo. Muy largo uff. Último sábado de carnaval y yo todavía tengo que comprar veintemil cosas para esta noche.
Pero me lo tomo con calma. Con un café y el sol entrando por la ventana, el mundo se ve de otro color. Y me gusta.
Juego con la barra de labios entre mis dedos y dibujo un corazón en mi muñeca. ¡Dios cuánto me quiero!
viernes, 11 de marzo de 2011
¿Y qué es lo que hemos aprendido hoy?
Hoy, ladies and gentlemen, va una lección que me han enseñado Rafa y Richi:
Hablaban sobre relaciones y gracias a ellos me he dado cuenta de una cosa que me sorprende no haber aprendido antes.
¿Por qué nos ilusionamos pensando que una relación va a ser para siempre si en el fondo de nuestra alma sabemos que puede ser que eso cambie mañana mismo?
Hoy he aprendido que hay relaciones, como esta última, que aunque compartan amor, AMOR con mayúsculas, tienen fecha de caducidad y están destinadas a acabar en una simple amistad. Son divertidas, bonitas y se acaban.
Hay otras, sin embargo, que como un huracán te destruyen entera y te hacen revivir para amar de nuevo, otra vez, de otra manera. Plagadas de malos momentos, y llenas de momentos magníficos. Son tóxicas y quizás por eso me gusten tanto. Son... duraderas, eternas. No en vano dije hace tiempo que había encontrado al amor de mi vida. Son extrañas, y van y vienen como el bravo mar. Es un amor que duele, que te destruye y te eleva al cielo al mismo tiempo.
Ese amor, ése es el que debiéramos preocuparnos en conservar. Porque al final, por mucho que nos acojone, por mucho miedo que nos de, llegará un día en el que tengamos que admitir que aunque no sabemos muy bien por qué, es precisamente ÉSE al que queremos tener y amar.
Hablaban sobre relaciones y gracias a ellos me he dado cuenta de una cosa que me sorprende no haber aprendido antes.
¿Por qué nos ilusionamos pensando que una relación va a ser para siempre si en el fondo de nuestra alma sabemos que puede ser que eso cambie mañana mismo?
Hoy he aprendido que hay relaciones, como esta última, que aunque compartan amor, AMOR con mayúsculas, tienen fecha de caducidad y están destinadas a acabar en una simple amistad. Son divertidas, bonitas y se acaban.
Hay otras, sin embargo, que como un huracán te destruyen entera y te hacen revivir para amar de nuevo, otra vez, de otra manera. Plagadas de malos momentos, y llenas de momentos magníficos. Son tóxicas y quizás por eso me gusten tanto. Son... duraderas, eternas. No en vano dije hace tiempo que había encontrado al amor de mi vida. Son extrañas, y van y vienen como el bravo mar. Es un amor que duele, que te destruye y te eleva al cielo al mismo tiempo.
Ese amor, ése es el que debiéramos preocuparnos en conservar. Porque al final, por mucho que nos acojone, por mucho miedo que nos de, llegará un día en el que tengamos que admitir que aunque no sabemos muy bien por qué, es precisamente ÉSE al que queremos tener y amar.
Reflexiones y sonrisas
Echo un vistazo a mi propio recorrido amoroso, desde el primer beso un domingo hasta el último un viernes... y pienso y reflexiono.
No puedo quejarme, he amado con todas mis fuerzas y creo haber sido correspondida. He disfrutado mucho y he sufrido incluso más. Pero siempre ha valido la pena.
El día 8, día de la mujer, me dejaron. Me dejaron y, en realidad, no dolió. Sentí miedo, quizás miedo de volver a las viejas costumbres de noches locas y mañanas solas. Y es que sí, tengo ganas de disfrutar, de beber, de conocer a un tío y de no pensar en un mañana. Pero también tengo ganas de caricias, de películas aburridas con entretenimientos varios y paseos de la mano.
Hoy, un poco más sabia que ayer, sonrío. Porque me doy cuenta de que lo que tenga que venir vendrá y mientras, esperaré de fiesta con mis chicas y un cigarrillo.
No puedo quejarme, he amado con todas mis fuerzas y creo haber sido correspondida. He disfrutado mucho y he sufrido incluso más. Pero siempre ha valido la pena.
El día 8, día de la mujer, me dejaron. Me dejaron y, en realidad, no dolió. Sentí miedo, quizás miedo de volver a las viejas costumbres de noches locas y mañanas solas. Y es que sí, tengo ganas de disfrutar, de beber, de conocer a un tío y de no pensar en un mañana. Pero también tengo ganas de caricias, de películas aburridas con entretenimientos varios y paseos de la mano.
Hoy, un poco más sabia que ayer, sonrío. Porque me doy cuenta de que lo que tenga que venir vendrá y mientras, esperaré de fiesta con mis chicas y un cigarrillo.
domingo, 6 de marzo de 2011
O ser como todas u olvidarlo.
Quiero correr hasta caer de rodillas dolorida. Quiero fumar hasta marearme. Quiero tomar café y alcohol hasta vomitar. Dios, y quiero golpearlo. Pegarle y sollozar mientras me susurra que me calme. Volverme a pegar, que me inmovilice y que me bese sin permiso. Que sea un beso salado de reconciliación, un beso entre sollozos convulsos por mi parte y caricias en el pelo por la suya.
Quiero dejar atrás toda la mierda y empezar algo nuevo. Ponerme unas gafas de sol, una falda, auriculares y salir a pasear por allí. Cerrar los ojos e inspirar, para al abrirlos encontrármelo de frente. Preguntándose si acaso soy yo de verdad, hasta que le sonría y me acerque rápida a besarle.
Que no queden dudas, que pueda ser como todas. Y que si no... que si no que lo olvide, porque sino no será para mí.
Quiero dejar atrás toda la mierda y empezar algo nuevo. Ponerme unas gafas de sol, una falda, auriculares y salir a pasear por allí. Cerrar los ojos e inspirar, para al abrirlos encontrármelo de frente. Preguntándose si acaso soy yo de verdad, hasta que le sonría y me acerque rápida a besarle.
Que no queden dudas, que pueda ser como todas. Y que si no... que si no que lo olvide, porque sino no será para mí.
jueves, 27 de enero de 2011
Posesivos
Es mi novio. Es mi amiga. Es mi rollo. Es mi hermano. Mío, mío, mío. ¿Por qué nos empeñamos en poseer a las personas más allá del plano físico? Sé perfectamente que no sirve de nada, al fin y al cabo, la llave de mi alma la guardo en una caja fuerte de la que olvidé la contraseña y... no, no existen más copias.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Café por la mañana
Cierra los ojos, posa tus manos sobre el teclado, tararea tu canción y escribe. La poesía saldrá sola.
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Retazos de una vida pasada, pero no por ello menos válido.
Que no te engañen. No existen los cuentos de hadas, las princesas viven en cuentos de terror. Cuentos donde nadie dice lo que piensa, ni hace lo que desea; sino lo que se supone que tiene que decir y hacer. Allí, los vestidos y zapatos son incómodos, no dejan correr; ni vivir en realidad. Los príncipes no son tan buenos y no protegen, solo aprisionan y ahogan. Los dragones a su lado son una bendición, y es que por lo menos a esos puedes odiarlos. Porque el problema comienza cuando quien amas es quien te está matando por dentro.