Soul of music.
astrid.rhys.jones@hotmail.com
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lunes, 26 de diciembre de 2011
Café de navidad
Escribo mientras apuro los últimos sorbos del café. Tengo una reunión en media hora y todavía no estoy ni vestida, menos mal que es cerca de casa. En cinco minutos estoy ahí, corriendo por supuesto -gracias al cielo que no son necesarios tacones!- y es que necesitaba escribir un rato. Simplemente sentir el dulce ticlití bajo mis dedos, no más.
Y es que tampoco es que haya mucho que contar. Van avanzando los días y yo me noto parada, es hora de empezar a moverse ya. A menos de una semana de que termine este año 2011 y cada vez más cerca del final de mis vacaciones, yo todavía sigo sin vestido de Nochevieja y sin haber trabajado nada -esto no puede ser!-. Entre hoy y mañana me pondré las pilas, y de ahí todo hacia arriba, sin problemas.
Me estaba riendo ahora mismo. Recordaba donde estaba hace un año y la verdad es que, sí es verdad, estaba enamorada, lo quería y me quería... y ahora estoy en territorio desconocido sin saber si sí o si no, sin saber nada, sin tener el control de nada, y sin embargo, estoy segura de que soy el doble de feliz que el año pasado. Me gusta. Este 2012 no promete nada, y eso lo va a hacer fantástico.
Y es que tampoco es que haya mucho que contar. Van avanzando los días y yo me noto parada, es hora de empezar a moverse ya. A menos de una semana de que termine este año 2011 y cada vez más cerca del final de mis vacaciones, yo todavía sigo sin vestido de Nochevieja y sin haber trabajado nada -esto no puede ser!-. Entre hoy y mañana me pondré las pilas, y de ahí todo hacia arriba, sin problemas.
Me estaba riendo ahora mismo. Recordaba donde estaba hace un año y la verdad es que, sí es verdad, estaba enamorada, lo quería y me quería... y ahora estoy en territorio desconocido sin saber si sí o si no, sin saber nada, sin tener el control de nada, y sin embargo, estoy segura de que soy el doble de feliz que el año pasado. Me gusta. Este 2012 no promete nada, y eso lo va a hacer fantástico.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
En muy variados procesos.
Lo que escribí ayer es una de las consecuencias del final de mi noche del sábado. Y es que acabé en su casa. Y como mi memoria es tan genial, me dejé una de mis pulseras favoritas. Todavía tenemos que aclarar lo de los pendientes. Pero objetos materiales a parte, supongo que tengo mucho sobre lo que reflexionar. Claro que podría excusarme diciendo que todo es consecuencia de que estoy enferma, y es que cada vez que me toca me pongo mala -tanto metafórica como literalmente!-. Y esta vez ha sido la peor, quizás porque fue la mejor con él. No sé. Estoy confusa. Tampoco quiero darle muchas más vueltas, al fin y al cabo él no tiene ningún tipo de interés en mí más allá de lo del otro día.
Dejando a ese extraño ser a parte, Karl insiste en venir a verme. Que estoy mala, no muriéndome! Lo agradezco muchísimo, es un cielo, pero ahora mismo visitas son lo que menos quiero, solo quiero descansar, recuperarme y estar cuanto antes otra vez al cien por cien. Al fin y al cabo el trabajo se me está acumulando, me ha costado tres llamadas, dos correos electrónicos y unas cuantas comunicaciones dejar todo dispuesto para que mi mundo no se eche a perder en el tiempo que voy a faltar.
Mientras tanto, muchos líquidos, todos sin nada de alcohol -dios mío lo que daría por un vodka con lima ahora mismo- y cero cigarrillos -aunque sé que por muy mal que esté acabaré fumándome uno tarde o temprano-.
Supongo que lo que más me ha complacido de todo esto es ver que mi mundo avanza y se mantiene, aunque tenga que vigilarlo con el termómetro puesto.
Dejando a ese extraño ser a parte, Karl insiste en venir a verme. Que estoy mala, no muriéndome! Lo agradezco muchísimo, es un cielo, pero ahora mismo visitas son lo que menos quiero, solo quiero descansar, recuperarme y estar cuanto antes otra vez al cien por cien. Al fin y al cabo el trabajo se me está acumulando, me ha costado tres llamadas, dos correos electrónicos y unas cuantas comunicaciones dejar todo dispuesto para que mi mundo no se eche a perder en el tiempo que voy a faltar.
Mientras tanto, muchos líquidos, todos sin nada de alcohol -dios mío lo que daría por un vodka con lima ahora mismo- y cero cigarrillos -aunque sé que por muy mal que esté acabaré fumándome uno tarde o temprano-.
Supongo que lo que más me ha complacido de todo esto es ver que mi mundo avanza y se mantiene, aunque tenga que vigilarlo con el termómetro puesto.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Barreras y protecciones
Bucay habla de barreras, yo hablo de protección emocional. Quizás sea lo mismo. Quizás no, lo es. Todo es cuestión de perspectivas. Desde la mía todo está muy claro: protección es seguridad, y seguridad ausencia de dolor. No le tengo ningún miedo al dolor físico, el emocional es otra cosa. No es que le tenga pavor, incluso puedo llegar a disfrutar de él -al fin y al cabo del dolor nacen ciertas cosas únicas- pero mi experiencia me dice que, en mi TODO o NADA emocional actual, sería demasiado.
Desde la de Bucay también está todo muy claro: lucha por lo que quieres, el dolor es pasajero, el triunfo eterno. Vale la pena, déjalo fluir, no te obceques.
Pero es tan fácil decirlo... y tan difícil hacerlo. Supongo que todo irá fluyendo, quiera yo o no. La cuestión es si me voy a dejar arrastrar por la corriente, voy a nadar a favor, o lo voy a hacer contracorriente hasta desfallecer. Primero veremos hacia dónde sopla el viento, será bastante más sencillo así.
Mientras solo queda centrarse, que no se diga que un contratiempo emocional paraliza mi vida. Porque eso sí que no voy a dejar que pase.
Desde la de Bucay también está todo muy claro: lucha por lo que quieres, el dolor es pasajero, el triunfo eterno. Vale la pena, déjalo fluir, no te obceques.
Pero es tan fácil decirlo... y tan difícil hacerlo. Supongo que todo irá fluyendo, quiera yo o no. La cuestión es si me voy a dejar arrastrar por la corriente, voy a nadar a favor, o lo voy a hacer contracorriente hasta desfallecer. Primero veremos hacia dónde sopla el viento, será bastante más sencillo así.
Mientras solo queda centrarse, que no se diga que un contratiempo emocional paraliza mi vida. Porque eso sí que no voy a dejar que pase.
lunes, 21 de noviembre de 2011
¡Oh la la!
Bonjour madames et monsieurs! Como veréis me ha afrancesado mucho últimamente. En realidad todo ha sido coincidencia, afortunada o desafortunada... eso está por ver.
El "quid" de la cuestión radica, como siempre, en los cambios personales que estoy viviendo. En esta nueva etapa de mi vida, más que nunca, me parece oportuno hacer un llamamiento al refinamiento -que no al snobismo-, a los buenos modales, al buen talante y a la elegancia... ¿¡y qué mejor que un aire francés para empaparnos del espíritu!? Y es que quien no conozca la importancia de las formas no merece ni que lo mire desdeñosa por encima de mis gafas de Dior.
Pero no, ahora en serio. La gente tiende a subestimar estos valores, tan necesarios y tan útiles -al menos en mi experiencia-. Aunque debo admitir que eso es solo una razón secundaria. Porque sobre todo, lo que desearía que nos empapara del espíritu francés, es el libertinaje, la pasión, el amor por el arte y la vida, y el amor por el amor.
Por supuesto que no. Por supuesto que esto no significa que a partir de ahora mis apariciones por este mundo vayan a estar cargadas de ñoñerías y sentimentalismos varios. Nada de eso. ¿Entonces qué? Bueno, ya lo iréis viendo. De momento deleitaros con la nueva apariencia de aquí, mi reino mágico; mientras, yo voy a deleitarme con mi último entretenimiento online. Twitter. Dios, es tan... ¡tan! ¡Oh la la! Un ensalzamiento del "yo" sin parangones, y es que cómo me gusta quererme tanto.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Paz
Estaba yo pensando esta mañana en lo genial que soy y fantástica que es mi vida -se nota el café y la mejora de la enferma ¿verdad?- y es que ayer por la tarde, a pesar del trabajo acumulado, seguí a mi instinto y me largué al centro sola. En plan deportista 100%, me puse una falda bonita, medias negras, tal y cual, y con los patines en la mochila me largué a la zona de la Rivera.
Elegí cuidadosamente la hora, ésa a la que ya es de noche -pero solo porque llega el invierno- al tiempo que no hace tanto frío como a las once. Y ahí, entre luces artificiales y alguna que no tanto, paseé. Con todo en contra: el viento en la cara y el agua en la ría. Daba igual, podía con todo, era libre y nadie me lo podía impedir. Tras un buen rato y unas cuantas vueltas acabé en la punta contraria, sentada en un banco, escribiendo.
Notaba la sangre bombear en mis venas, al tiempo que no notaba el frío del refrescar nocturno. Enfrascada, con un pequeño cuaderno en el regazo, sentía que podía ser, hacer y crear todo lo que yo quisiera. No era consciente de nada de lo que ocurría a mi alrededor, lo único que conseguía hacerme levantar la cabeza era el ocasional parpadeo de la farola que alumbraba mi escritura. Aun rodeada de gente hacía tiempo que no tenía un momento tan íntimo, es lo bueno de la gran ciudad, que a todos nos acoge como una puta para recibir al siguiente al rato y no recordar al anterior; lo bueno del anonimato. Hasta permití que se me humedecieran los ojos, tenía mucho que dejar ir y ahí como el agua, se alejó de mí todo ello. Estuve ahí largo rato, hasta que la adrenalina de la carrera dejó de surtir efecto y empecé a ver a mi alrededor. Había alguna especie de feria del libro así que cambié los patines por las botas y ahí me fui, aunque más por curiosear que por comprar realmente algo.
Algo más tarde emprendía la vuelta a casa. Cuánta paz entre el gentío.
Elegí cuidadosamente la hora, ésa a la que ya es de noche -pero solo porque llega el invierno- al tiempo que no hace tanto frío como a las once. Y ahí, entre luces artificiales y alguna que no tanto, paseé. Con todo en contra: el viento en la cara y el agua en la ría. Daba igual, podía con todo, era libre y nadie me lo podía impedir. Tras un buen rato y unas cuantas vueltas acabé en la punta contraria, sentada en un banco, escribiendo.
Notaba la sangre bombear en mis venas, al tiempo que no notaba el frío del refrescar nocturno. Enfrascada, con un pequeño cuaderno en el regazo, sentía que podía ser, hacer y crear todo lo que yo quisiera. No era consciente de nada de lo que ocurría a mi alrededor, lo único que conseguía hacerme levantar la cabeza era el ocasional parpadeo de la farola que alumbraba mi escritura. Aun rodeada de gente hacía tiempo que no tenía un momento tan íntimo, es lo bueno de la gran ciudad, que a todos nos acoge como una puta para recibir al siguiente al rato y no recordar al anterior; lo bueno del anonimato. Hasta permití que se me humedecieran los ojos, tenía mucho que dejar ir y ahí como el agua, se alejó de mí todo ello. Estuve ahí largo rato, hasta que la adrenalina de la carrera dejó de surtir efecto y empecé a ver a mi alrededor. Había alguna especie de feria del libro así que cambié los patines por las botas y ahí me fui, aunque más por curiosear que por comprar realmente algo.
Algo más tarde emprendía la vuelta a casa. Cuánta paz entre el gentío.
martes, 1 de noviembre de 2011
Noche "de tranquis"
Estoy de un humor considerablemente mejor hoy mientras pienso, con el café en la mano, en anoche. Ayer al final decidí dar una vuelta con David y Jon "de tranquis" y tomar algo. Llegué elegantemente tarde -¡toma de tu propia medicina David!- y tras vacilaciones varias sobre a dónde podíamos ir -normalmente estamos más y hay un plan fijo- David comentó que podríamos ir al irlandés con cara de poco convencimiento. Nos quedamos mirándole y él me miró con gesto críptico antes de añadir:
-Está tu ex.
Jon, en su ingenuidad, preguntó si se referían al último. Yo misma pude aclararle que no, que se refería a ÉL, al primero, a ése por el que tantos quebraderos ha visto este blog. Me di la vuelta e increpé a David, ¿qué más me daba? Me daba igual, me llevo bien con él. Somos colegas, sigo sin entender esa reticencia que tienen estos con este tema; creo que he sido suficientemente clara al decir que entre él y yo solo hay ahora algo de amistady que me importa una gran mierda lo que haga en su tiempo libre.
Así que emprendimos la marcha y ahí que nos plantamos. Me hizo ilusión, pude ver a antiguos y antiguas compañeras que no veía desde hace tiempo, charlamos, bebimos un poco y en mi caso, fumé algún que otro cigarrillo a las puertas del garito en buena compañía.
Y es que si algo seguimos teniendo en común él y yo es la adicción a la nicotina. Y ahí estuve, entre piti y piti, explicándole los desvaríos de las generales en el nuevo puesto, de todo el trabajo que acumulábamos los dos, de la pijería, de la tontería y de todo pero de nada. Chachi piruleta. Fue divertido.
Aunque la mejor parte fue desde luego con Jon y David, planeando viajes por tierras desconocidas que quizás algún día se cumplan. Desde luego anoche fue una noche para soñar, sí, soñar despierta. Creo que quizás vaya recuperando esa sensación de independencia, a la par que el vacío del alma -en el estómago- se va llenando de sueños. Quién sabe, quizás esté en pleno proceso de vuelta al romanticismo de ensueño,esperemos que no, pero sea lo que sea parece ser que me llena.
-Está tu ex.
Jon, en su ingenuidad, preguntó si se referían al último. Yo misma pude aclararle que no, que se refería a ÉL, al primero, a ése por el que tantos quebraderos ha visto este blog. Me di la vuelta e increpé a David, ¿qué más me daba? Me daba igual, me llevo bien con él. Somos colegas, sigo sin entender esa reticencia que tienen estos con este tema; creo que he sido suficientemente clara al decir que entre él y yo solo hay ahora algo de amistad
Así que emprendimos la marcha y ahí que nos plantamos. Me hizo ilusión, pude ver a antiguos y antiguas compañeras que no veía desde hace tiempo, charlamos, bebimos un poco y en mi caso, fumé algún que otro cigarrillo a las puertas del garito en buena compañía.
Y es que si algo seguimos teniendo en común él y yo es la adicción a la nicotina. Y ahí estuve, entre piti y piti, explicándole los desvaríos de las generales en el nuevo puesto, de todo el trabajo que acumulábamos los dos, de la pijería, de la tontería y de todo pero de nada. Chachi piruleta. Fue divertido.
Aunque la mejor parte fue desde luego con Jon y David, planeando viajes por tierras desconocidas que quizás algún día se cumplan. Desde luego anoche fue una noche para soñar, sí, soñar despierta. Creo que quizás vaya recuperando esa sensación de independencia, a la par que el vacío del alma -en el estómago- se va llenando de sueños. Quién sabe, quizás esté en pleno proceso de vuelta al romanticismo de ensueño,
martes, 11 de octubre de 2011
Al futuro.
¿Conocéis esa sensación anterior a la tormenta? ¿Esa calma, esa tranquilidad artificial, ese clima apaciguado que no parece irradiar más que paz y felicidad? Yo sí, y muy bien.
Tan bien que he aprendido a ver las señales, a saber que la ausencia de nubes es en sí una señal, porque se está más tiempo abajo que arriba. O tal vez no, pero lo notamos más. La cuestión es que he desarrollado una sensibilidad especial para estas cosas.
Mientras que al principio me pillaban por sorpresa y no tenía más que conformarme y levantarme, pronto aprendí a visualizarlas en el horizonte y a temerlas. Son detalles imperceptibles a la razón, pero no al subconsciente. Ahora, ya he pasado esa fase. Ya no sólo las veo, sino que las preveo; como cuando te despiertas de repente un minuto antes de que el despertador te taladre los oídos. Y sobre todo, ya no las temo; porque no dejo que me hagan caer.
Ahora me calzo las katiuskas, me pongo el chubasquero y agarro el paraguas con fuerza. Si mantengo la cabeza lo suficientemente fría incluso me acuerdo de subir el volumen de la música para no oír siquiera los truenos. Así que ven, porque no me vas a derribar esta vez.
sábado, 25 de junio de 2011
Primer fin de semana de fiesta: S.O.S. y demás fórmulas de emergencia
Este último año estuve en un especie de... ¿cursillo? sí, podríamos llamarlo así, pues eso, estuve en un cursillo para perfeccionar mis ilimitados y geniales conocimientos. La cuestión es que tantas horas semanales, cuando no me lo saltaba porque me aburría bastante -qué queréis que le haga-, hacen que acabes relacionándote con el resto de integrantes. Entre ellos encontré a un forofo del libro IT de Stephen King, que yo misma adoro. No faltaría decir que congeniamos enseguida, era una bonita amistad de cursillo, y solo amistad, porque así a bote pronto calculo que me saca entre diez y 17 años, y aunque tenía barbita y era un encanto yo no tenía mayor interés en él que en el maldito cursillo.
Bien, y qué; diréis. Pues nada, antes de ayer mis chicas y yo iniciamos nuestra marcha a las fiestas de un barrio perdido pero con mucho encanto, tras una sustanciosa cena y grandes cantidades de alcohol. Como dato, solo diré que llegó un momento en el que la cerveza y el vodka me sabían más bien parecidas. Pues estábamos nosotras mezclándonos entre los agraciados por nuestra presencia, desfasando y bailando como si no hubiera mañana, y bebiendo como si intentáramos acabar con la producción rusa de vodka, cuando de repente topé con mi compañero del cursillo forofo de IT.
Lo típico, charla amistosa de qué es de tu vida -mientras yo pensaba a ti qué hostias te importa, pensamiento que me callé porque soy toda una señorita-, qué mona que estás -bueno esto empieza a acojonarme y es que si te has dado cuenta ahora es que tienes problemas de visión- y demases. Cuando el contacto corporal fue a más mis alarmas saltaron, pero como era un tipo majo y todo eso pues no saqué mi instinto homicida a relucir.
A los cinco minutos me metió boca. Me aparté, me escaqueé como pude con promesas vagas de "después del concierto ya nos vemos que yo ahora voy a bailar y tal..." y huí en pos de mis chicas. Las puse rápidamente al corriente de lo ocurrido como buena reportera de guerra que soy, eso sí, restándole importancia -al fin y al cabo el tío era muy majo- y riéndome pensando en lo gracioso de la anécdota.
Todo habría super "funny" sino fuera porque el tío no dejaba de rondarme cuál buitre a un animal moribundo. Agg desde luego mi paciencia ya sí que empezaba a estar moribunda, pero por educación y porque cualquier persona que ame IT merece un poquito de margen, no le di importancia y seguí a lo mío.
Bailando, bailando y bailando. Y de vez en cuando, de reojo, lo veía cerca de mí, demasiado cerca como para ser simple coincidencia. Como a mí hacer paracaidismo sin paracaídas no me gusta demasiado, reuní las chicas y pedí que, en caso extremo, pusieran en marcha el protocolo de emergencia salvar-a-tu-amiga-de-las-garras-de-un-tío-y-que-siga-la-fiesta.
El plan era sencillo, si el tío se me acercaba demasiado o me agarraba o lo que fuera, sin darle tiempo a nada ellas intervendrían. El plan fue todo un éxito, depende por donde se mire. Cuando el tío pasó de "rarito que no deja de mirar" a acosador sexual y no dejaba de venir e intentar abordarme, sin saber yo muy bien por dónde, de repente aparecía un mano que tiraba de mí en dirección contraria y me sacaba del atolladero. Cuando ya me empecé a cabrear con el plasta de turno, las chicas ya ni cortas ni perezosas simplemente se metían en medio y me arrastraban hasta formar una zona segura a mi alrededor. Dios como las quiero.
Risas, muchas risas. El tío confuso -parece ser que el alcohol no dejó supervivientes entre su ejército neuronal- no entendía nada, y el resto de gente miraba divertida la escena entendiéndola de sobra. Póbrecillo, casi me dio hasta pena. Pero es lo que tiene pasearse sudando feromonas y arrimándose a quien te ha dicho que te des la vuelta para no volver. De lo malo, lo mejor: nos reímos mucho, bailamos todavía más y nos sabemos un bloque inquebrantable contra sobones. Girls rocks y punto.
miércoles, 22 de junio de 2011
Obviamente, esto era imprescindible

Hay muchas formas de valorar un regalo, una cosa cualquiera. La gente suele hacerlo por su valor monetario, marca,... yo lo hago por la persona que me lo ha regalado, esto es lo más grande que me podías regalar. Tan grande como tú, Karl.
domingo, 17 de abril de 2011
Brillante, sin dobleces
Paso el ticket y entro al metro. Mi móvil suena, un número desconocido. Suspiro, sé quién es y sé que me la va a liar como siempre. No me equivoco, Bucay al habla. No sé si es que fue muy persuasivo o yo todavía tenía algo de ganas de fiesta, la cuestión es que como siempre me acabó convenciendo. Me despedí de las chicas y tiré de nuevo para el centro. Allí estaba, en el banco con una litrona mientras yo le miraba severa. Me presentó dos chicos, a los que automáticamente les prohibió siquiera tocarme. Una de sus manías esa de espantarme el género masculino. Pero le miro con cariño, cuánto lo quiero.
Le recuerdo su promesa, habíamos quedado con Karl. Y allá vamos, en la noche, los dos hacia el centro, calles viejas con historia, recónditas esquinas de momentos pasados y posibles futuros. Nos espera a la salida del metro Karl, sonríe, sonreímos.
La noche es joven y toda nuestra. Andamos por calles empedradas hasta llegar a su grupo. Presentaciones varias y anécdotas sexuales por parte de Bucay. Se le va... ¡y mucho! Torbellino de risas, de caladas, de preguntas curiosas.
En el barullo de la calle secuestramos a un hombre con guitarra. Y cantan, y yo río. Calles arriba, calles abajo ¡hasta me beso con Karl! Un beso dulce, sincero, sensible. Debiera encantarme, pero soy atravesada de cojones.
Karl y Bucay me abandonan dejándome a mi suerte con las chicas. ¡Con las chicas! Su charla me agobia, demasiada hormona acumulada y huyo a donde ellos solo para oírles cantar, solo para oírles vivir.
Las horas pasan como los cigarrillos por mis manos, y morfeo me llama a sus brazos. Y al final, algunos antes que otros, Bucay como siempre se queda (para armarla un poquito más), partimos. Contentos, contentos de una noche simple, sincera, brillante.
Le recuerdo su promesa, habíamos quedado con Karl. Y allá vamos, en la noche, los dos hacia el centro, calles viejas con historia, recónditas esquinas de momentos pasados y posibles futuros. Nos espera a la salida del metro Karl, sonríe, sonreímos.
La noche es joven y toda nuestra. Andamos por calles empedradas hasta llegar a su grupo. Presentaciones varias y anécdotas sexuales por parte de Bucay. Se le va... ¡y mucho! Torbellino de risas, de caladas, de preguntas curiosas.
En el barullo de la calle secuestramos a un hombre con guitarra. Y cantan, y yo río. Calles arriba, calles abajo ¡hasta me beso con Karl! Un beso dulce, sincero, sensible. Debiera encantarme, pero soy atravesada de cojones.
Karl y Bucay me abandonan dejándome a mi suerte con las chicas. ¡Con las chicas! Su charla me agobia, demasiada hormona acumulada y huyo a donde ellos solo para oírles cantar, solo para oírles vivir.
Las horas pasan como los cigarrillos por mis manos, y morfeo me llama a sus brazos. Y al final, algunos antes que otros, Bucay como siempre se queda (para armarla un poquito más), partimos. Contentos, contentos de una noche simple, sincera, brillante.
miércoles, 6 de abril de 2011
Mañana con ellas, tarde con Bucay, noche con Karl
Hemos sobrepasado los treinta grados... En serio, yo ya no sé ni cómo vestirme. O me congelo de frío o acabo al borde de una lipotimia. Aunque prefiero este calor. Respirar el aire caliente por la nariz, sentir la suave brisa fresca, olvidarme la chaqueta y no necesitarla. Fumarme el piti sin tiritar ni necesidad de sentir miedo por si acabo metiéndomelo por un ojo del tembleque. Charlar con ellas, con ellos, y que nuestras risas se eleven como notas de colores hacia el despejado cielo azul. Desde luego, adoro estos días.
Ha sido una mañana relajada, sin mucho trabajo y muchas charlas femeninas de esas que aunque no suelen interesarme demasiado, me gustan porque las tengo con ellas.
Por la tarde para salir de la monotonía y aburrimiento me he pirado a dar una vuelta con Bucay, como siempre buena charla y pitillos al aire libre. Agradezcamos al señor majo del parque que me ha regalado un mechero, porque yo ya estaba por desatar el estado de alarma viendo que el mío había muerto. Pero mira tú por donde, resulta que todavía queda gente maja en este mundo.
Nos pilla el crepúsculo y volvemos a nuestros quehaceres. Karl online, y me río. Consigue que no me aburra, ya sea política, filosofía o simple charla banal y matutina, sonrío y nadie me quita eso.
Definitivamente, hoy es un buen día.
Ha sido una mañana relajada, sin mucho trabajo y muchas charlas femeninas de esas que aunque no suelen interesarme demasiado, me gustan porque las tengo con ellas.
Por la tarde para salir de la monotonía y aburrimiento me he pirado a dar una vuelta con Bucay, como siempre buena charla y pitillos al aire libre. Agradezcamos al señor majo del parque que me ha regalado un mechero, porque yo ya estaba por desatar el estado de alarma viendo que el mío había muerto. Pero mira tú por donde, resulta que todavía queda gente maja en este mundo.
Nos pilla el crepúsculo y volvemos a nuestros quehaceres. Karl online, y me río. Consigue que no me aburra, ya sea política, filosofía o simple charla banal y matutina, sonrío y nadie me quita eso.
Definitivamente, hoy es un buen día.
sábado, 12 de marzo de 2011
Oh nana...
Son casi las once de la mañana. Y me tomo mi café delante de mi amado teclado. Suena Rihanna con su "whats my name?" y desafino mientras la canto.
Estoy tranquila, porque me espera un día largo. Muy largo uff. Último sábado de carnaval y yo todavía tengo que comprar veintemil cosas para esta noche.
Pero me lo tomo con calma. Con un café y el sol entrando por la ventana, el mundo se ve de otro color. Y me gusta.
Juego con la barra de labios entre mis dedos y dibujo un corazón en mi muñeca. ¡Dios cuánto me quiero!
Estoy tranquila, porque me espera un día largo. Muy largo uff. Último sábado de carnaval y yo todavía tengo que comprar veintemil cosas para esta noche.
Pero me lo tomo con calma. Con un café y el sol entrando por la ventana, el mundo se ve de otro color. Y me gusta.
Juego con la barra de labios entre mis dedos y dibujo un corazón en mi muñeca. ¡Dios cuánto me quiero!
viernes, 11 de marzo de 2011
Reflexiones y sonrisas
Echo un vistazo a mi propio recorrido amoroso, desde el primer beso un domingo hasta el último un viernes... y pienso y reflexiono.
No puedo quejarme, he amado con todas mis fuerzas y creo haber sido correspondida. He disfrutado mucho y he sufrido incluso más. Pero siempre ha valido la pena.
El día 8, día de la mujer, me dejaron. Me dejaron y, en realidad, no dolió. Sentí miedo, quizás miedo de volver a las viejas costumbres de noches locas y mañanas solas. Y es que sí, tengo ganas de disfrutar, de beber, de conocer a un tío y de no pensar en un mañana. Pero también tengo ganas de caricias, de películas aburridas con entretenimientos varios y paseos de la mano.
Hoy, un poco más sabia que ayer, sonrío. Porque me doy cuenta de que lo que tenga que venir vendrá y mientras, esperaré de fiesta con mis chicas y un cigarrillo.
No puedo quejarme, he amado con todas mis fuerzas y creo haber sido correspondida. He disfrutado mucho y he sufrido incluso más. Pero siempre ha valido la pena.
El día 8, día de la mujer, me dejaron. Me dejaron y, en realidad, no dolió. Sentí miedo, quizás miedo de volver a las viejas costumbres de noches locas y mañanas solas. Y es que sí, tengo ganas de disfrutar, de beber, de conocer a un tío y de no pensar en un mañana. Pero también tengo ganas de caricias, de películas aburridas con entretenimientos varios y paseos de la mano.
Hoy, un poco más sabia que ayer, sonrío. Porque me doy cuenta de que lo que tenga que venir vendrá y mientras, esperaré de fiesta con mis chicas y un cigarrillo.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Ela y su carrera amorosa-pseudocirco
Si es que iba siendo ya necesario. Después de estar un poco demasiado desconectada del mundo online, vuelvo con fuerzas renovadas y miles de cosas que teclear.
Dedicaremos el día de hoy, a una mujer que cada día me sorprende más, y es que no gano para sustos cuando de su carrera amorosa se trata. La última brutal y surrealista ocurrió hará ya varios meses (me disculpo por la tardanza) y es hoy cuando me he decidido a hacer una recopilación de sus rollos-líos-o-como-leches-queráis-llamarlos.
En su más tierna infancia (sí, hasta Ela ha tenido de eso) apareció aquel al que llamaremos Berto. Ella era ingenua y él también, por qué no. Tras múltiples charlas online, risitas y todas esas cosas monas que hacíamos por aquél entonces, y alguna que otra intervención de moi aquí presente, pasó lo que tenía que pasar. Un glorioso día, de esos en los que el verano parece cercano, quedaron y Ela tuvo su primer beso. Que no fue tan sencillo eh, ya que fue en casa de ella, y no os hacéis a la idea de lo que cuesta evitar a todo un bloque de vecinas cotillas.
Pero por cosas de la vida, o más bien de la testosterona acumulada del género masculino, el niño decidió pues que él no quería nada ahora que se acercaba el verano ya que iba a estar lejos. ¡Ja! ¿Lejos? ¡Será cerca! Cerca de las tetas y boca de otra porque vamos...
Pero bueno la vida siguió con sus más y sus menos, y Ela y su happy face. Es entonces cuando entrará en escena el siguiente: Héctor. Héctor, un año mayor que Ela, fue su primer rollo casual cargado de drama. La historia fue bien hasta las fiestas de cierto pueblo cercano. Después de habernos pillado la cogorza del mes andábamos por la playa, lo cual en nuestro estado de embriaguez era lo mejor (no duele si te caes al suelo) y el ambiente estaba asegurado. Yo que iba sobria (no, no me amamantaron con alcohol), junto con un par más estábamos intentando que Ela mantuviera las formas, lo cual era complicado porque entre el jaleo que había y que las demás también le habían dado a la botella... Total, que en una de esas la perdimos de vista. Tardamos poco en localizarla (lo que tardé en darme la media vuelta) y ahí estaba, a la entrada de la playa, al lado del paseo. Pero tenía compañía... Nos acercamos, pero para cuando llegué el tío en cuestión ya había puesto sus manos sobre ella. Casi la besa, casi. No llegó a hacerlo porque Ela, sin siquiera saber donde estaba se balanceaba adelante y atrás como un niño con pañales, y llegamos justo justo.
Todo habría quedado en un susto de "qué malvada gente ronda por ahí aprovechándose de chicas inocentes" de no fuera a ser por las malas lenguas. La historia, tergiversada y poniendo a Ela de puta para arriba, llegó a oídos de Héctor, que se enfadó y enrabietó hasta decir basta. Un día de fiesta en una discoteca, tras juegos previos, Héctor y Ela retomaron su rollo casual sin dramas. Y así estuvieron hasta que se acabó, al fin y al cabo, todo lo bueno se acaba ¿no?
Entonces apareció Larson y después otra vez Berto. Y es que Ela, como muchas de nosotras, es reincidente cuando se trata de hombres. Lo de Berto ocurrió en carnavales... y es que ¡ay los carnavales! Porque en los siguientes de otro barrio, fue Iván (novedad, ya que nunca antes se había liado con alguien que no conociera de antes).
Es después de esto, con la llegada de otro verano cuando entra en juego mi juguete favorito. Sí ¿qué pasa? Ela y yo compartimos. Y es que Edgar pasó las fiestas de dos de nuestros barrios habituales con Ela perdidos bajo las estrellas en algún sitio montando su particular fiesta.
Pero ay! la reincidencia... y es que no hay terapia de choque aún contra Berto, y ese mismo verano... Cayeron. Ya con práctica en lo que viene siendo esquivar a las vecinas cotillas y con mucha más experiencia a sus espaldas, y desde luego sin la misma inocencia del principio. Para fumarse un verde decían... fumar al final no sé si lo harían, pero que rememoraron tiempos pasados... seguro.
Bah, al final fue una época de vaivén, sin nada más allá del aquí te pillo aquí te mato si exceptuamos a Héctor.
Pero entonces apareció Iñaki. Casualidades de la vida quisieron que coincidiéramos en otras fiestas con el chaval (¿por qué empiezo a tener la sensación de que nos pasamos la vida de fiesta?)y resultó que una de nuestros contactos lo conocía. Iñaki, que se había encandilado con Ela, consiguió contactar con ella a través de nuestro contacto. Es aquí donde comienza una espiral de adicción para Ela, casi tan fuerte como la que tenemos con los cigarrillos o la fiesta.
Y es que estuvieron una temporada quedando, pero Iñaki que era algo más mayor que Ela, pretendía ir quizás algo rápido. Algo a lo que Ela no estaba dispuesta. Y entre que si sí que si no, Ela decidió que se acabó. Pero la carne es débil y como la mayoría de nosotras, Ela es carnivora a tope. Así que vuelta con él, y fuera otra vez; y así como si fuera uno de esos bailes típicos del oeste: adelante y atrás, adelante y atrás. Asta que paró la música. Todavía hoy hay algo de resentimiento contra Iñaki en Ela por haberla metida en ese círculo vicioso, y todavía hoy las miradas entre ellos cuando se cruzas son bien curiosas. Pero eso es otra historia... ¡así que sigamos!
La vida siguió su curso y llegamos a (como no) un viaje que hicimos con fiesta incluida. Allí fue otro compañero de viaje el que cayó, una bonita cosa de una noche que no volvería a repetirse. Y es así como acabamos en... ¡otros carnavales! Será ahí donde Abel y Ela, en casa de Laura esa noche, iniciarán su lío para seguirlo más tarde en un fin de semana de casa rural. Lo cual es curioso, porque si vemos las vueltas que da la vida, descubriremos que es Laura la que al final mantiene una relación con Abel ahora (pero esa es también otra historia).
Al tiempo y tiempo, y es que entonces entra en juego el tipo más reciente. Quizás con el que ha mantenido la relación más tóxica: Y es que eso era una relación a tres en toda regla. El chaval, al que conoceremos como Blink, no solo andaba metido en un rollo tipo casual con Ela, sino que mantenía una relación estable con otra chica desde hacía tiempo. Cuando nuestra protagonista tuvo noticias de aquello le pidió explicaciones a Blink, que más ancho que largo le dijo que no mantenían una relación que de vez en cuando salían por ahí pero nada más. Ela, cegada en su círculo, aceptó sin darse cuenta de que quizás eso se les estaba yendo de las manos. Y es que la gente es cotilla, de lengua larga y retorcida y afirmaban que Ela era "la otra". Al final, todo quedo como una relación "a trois" que con el tiempo se fue apagando hasta que un buen día, con aplausos por mi parte, eso terminó. Y no es que yo esté en contra de las relaciones liberales ni mucho menos ¡me requeteencantan! Pero siempre y cuando todas las partes lo sepan (cosa que dudábamos sobre la otra chica) y todo el mundo lo acepte. Pues eso, al final terminó y paradojas de la vida, aunque Ela no quiere ver a Blink ni en pintura, ahora mantiene una cordial amistad con la otra chica (que por cierto, dejó a Blink: ¡chicas unidas, jamás serán vencidas!)ya que es camarera de vez en cuando en nuestro bar favorito.
Y así se cerró otro círculo vicioso y otra rana que volvió al lago.
Esta historia termina en el pasado verano, quizás algunas recuerden la entrada que dediqué a nuestros "amigos" holandeses, pues eso, que no solo yo me hice amiga de ellos. Ela está de acuerdo conmigo en que Holanda es un país maravilloso por cuestiones... llamémoslas antropológicas.
En fin... y es que si echamos la vista atrás menudo zoo el de Ela. ¿De dónde han salido semejantes especímenes? Los únicos decentes han sido los de una noche... ¡y quizás porque no les dio tiempo a fastidiarla! La gota que colma el vaso ocurrió hace un par de meses cuando Ela me contó la proposición que le había hecho un antiguo compañero de clase (del que yo no tengo recuerdos, pero esa es mi memoria, nula como siempre). Fue por msn, chat o cualquiera de esas pseudo-formas de comunicación y fue tal cual:
Espécimen de otro planeta: -¿Tienes novio o alguien en mente?
Ela: -No, la verdad
EDOP: -Es verdad, ya me acuerdo que eras un poco rara y tenías carácter...
(Ela en su interior flipando, algo así como... wtf?): ¿rara? ¿por qué?
EDOP: No sé, te recuerdo así pero tenías algo que en su tiempo me gustó. Un día de estos me gustaría dar una vuelta contigo...
Yaaaa claro, ahora se le llama "dar una vuelta"... Supongo que no hará falta decir que la respuesta de Ela fue una negación total y que hizo todo lo posible por evitar nuevos contactos con semejante especimen. No, si ya lo decimos nosotras, nos falta el latigo para ser domadoras en el circo.
Dedicaremos el día de hoy, a una mujer que cada día me sorprende más, y es que no gano para sustos cuando de su carrera amorosa se trata. La última brutal y surrealista ocurrió hará ya varios meses (me disculpo por la tardanza) y es hoy cuando me he decidido a hacer una recopilación de sus rollos-líos-o-como-leches-queráis-llamarlos.
En su más tierna infancia (sí, hasta Ela ha tenido de eso) apareció aquel al que llamaremos Berto. Ella era ingenua y él también, por qué no. Tras múltiples charlas online, risitas y todas esas cosas monas que hacíamos por aquél entonces, y alguna que otra intervención de moi aquí presente, pasó lo que tenía que pasar. Un glorioso día, de esos en los que el verano parece cercano, quedaron y Ela tuvo su primer beso. Que no fue tan sencillo eh, ya que fue en casa de ella, y no os hacéis a la idea de lo que cuesta evitar a todo un bloque de vecinas cotillas.
Pero por cosas de la vida, o más bien de la testosterona acumulada del género masculino, el niño decidió pues que él no quería nada ahora que se acercaba el verano ya que iba a estar lejos. ¡Ja! ¿Lejos? ¡Será cerca! Cerca de las tetas y boca de otra porque vamos...
Pero bueno la vida siguió con sus más y sus menos, y Ela y su happy face. Es entonces cuando entrará en escena el siguiente: Héctor. Héctor, un año mayor que Ela, fue su primer rollo casual cargado de drama. La historia fue bien hasta las fiestas de cierto pueblo cercano. Después de habernos pillado la cogorza del mes andábamos por la playa, lo cual en nuestro estado de embriaguez era lo mejor (no duele si te caes al suelo) y el ambiente estaba asegurado. Yo que iba sobria (no, no me amamantaron con alcohol), junto con un par más estábamos intentando que Ela mantuviera las formas, lo cual era complicado porque entre el jaleo que había y que las demás también le habían dado a la botella... Total, que en una de esas la perdimos de vista. Tardamos poco en localizarla (lo que tardé en darme la media vuelta) y ahí estaba, a la entrada de la playa, al lado del paseo. Pero tenía compañía... Nos acercamos, pero para cuando llegué el tío en cuestión ya había puesto sus manos sobre ella. Casi la besa, casi. No llegó a hacerlo porque Ela, sin siquiera saber donde estaba se balanceaba adelante y atrás como un niño con pañales, y llegamos justo justo.
Todo habría quedado en un susto de "qué malvada gente ronda por ahí aprovechándose de chicas inocentes" de no fuera a ser por las malas lenguas. La historia, tergiversada y poniendo a Ela de puta para arriba, llegó a oídos de Héctor, que se enfadó y enrabietó hasta decir basta. Un día de fiesta en una discoteca, tras juegos previos, Héctor y Ela retomaron su rollo casual sin dramas. Y así estuvieron hasta que se acabó, al fin y al cabo, todo lo bueno se acaba ¿no?
Entonces apareció Larson y después otra vez Berto. Y es que Ela, como muchas de nosotras, es reincidente cuando se trata de hombres. Lo de Berto ocurrió en carnavales... y es que ¡ay los carnavales! Porque en los siguientes de otro barrio, fue Iván (novedad, ya que nunca antes se había liado con alguien que no conociera de antes).
Es después de esto, con la llegada de otro verano cuando entra en juego mi juguete favorito. Sí ¿qué pasa? Ela y yo compartimos. Y es que Edgar pasó las fiestas de dos de nuestros barrios habituales con Ela perdidos bajo las estrellas en algún sitio montando su particular fiesta.
Pero ay! la reincidencia... y es que no hay terapia de choque aún contra Berto, y ese mismo verano... Cayeron. Ya con práctica en lo que viene siendo esquivar a las vecinas cotillas y con mucha más experiencia a sus espaldas, y desde luego sin la misma inocencia del principio. Para fumarse un verde decían... fumar al final no sé si lo harían, pero que rememoraron tiempos pasados... seguro.
Bah, al final fue una época de vaivén, sin nada más allá del aquí te pillo aquí te mato si exceptuamos a Héctor.
Pero entonces apareció Iñaki. Casualidades de la vida quisieron que coincidiéramos en otras fiestas con el chaval (¿por qué empiezo a tener la sensación de que nos pasamos la vida de fiesta?)y resultó que una de nuestros contactos lo conocía. Iñaki, que se había encandilado con Ela, consiguió contactar con ella a través de nuestro contacto. Es aquí donde comienza una espiral de adicción para Ela, casi tan fuerte como la que tenemos con los cigarrillos o la fiesta.
Y es que estuvieron una temporada quedando, pero Iñaki que era algo más mayor que Ela, pretendía ir quizás algo rápido. Algo a lo que Ela no estaba dispuesta. Y entre que si sí que si no, Ela decidió que se acabó. Pero la carne es débil y como la mayoría de nosotras, Ela es carnivora a tope. Así que vuelta con él, y fuera otra vez; y así como si fuera uno de esos bailes típicos del oeste: adelante y atrás, adelante y atrás. Asta que paró la música. Todavía hoy hay algo de resentimiento contra Iñaki en Ela por haberla metida en ese círculo vicioso, y todavía hoy las miradas entre ellos cuando se cruzas son bien curiosas. Pero eso es otra historia... ¡así que sigamos!
La vida siguió su curso y llegamos a (como no) un viaje que hicimos con fiesta incluida. Allí fue otro compañero de viaje el que cayó, una bonita cosa de una noche que no volvería a repetirse. Y es así como acabamos en... ¡otros carnavales! Será ahí donde Abel y Ela, en casa de Laura esa noche, iniciarán su lío para seguirlo más tarde en un fin de semana de casa rural. Lo cual es curioso, porque si vemos las vueltas que da la vida, descubriremos que es Laura la que al final mantiene una relación con Abel ahora (pero esa es también otra historia).
Al tiempo y tiempo, y es que entonces entra en juego el tipo más reciente. Quizás con el que ha mantenido la relación más tóxica: Y es que eso era una relación a tres en toda regla. El chaval, al que conoceremos como Blink, no solo andaba metido en un rollo tipo casual con Ela, sino que mantenía una relación estable con otra chica desde hacía tiempo. Cuando nuestra protagonista tuvo noticias de aquello le pidió explicaciones a Blink, que más ancho que largo le dijo que no mantenían una relación que de vez en cuando salían por ahí pero nada más. Ela, cegada en su círculo, aceptó sin darse cuenta de que quizás eso se les estaba yendo de las manos. Y es que la gente es cotilla, de lengua larga y retorcida y afirmaban que Ela era "la otra". Al final, todo quedo como una relación "a trois" que con el tiempo se fue apagando hasta que un buen día, con aplausos por mi parte, eso terminó. Y no es que yo esté en contra de las relaciones liberales ni mucho menos ¡me requeteencantan! Pero siempre y cuando todas las partes lo sepan (cosa que dudábamos sobre la otra chica) y todo el mundo lo acepte. Pues eso, al final terminó y paradojas de la vida, aunque Ela no quiere ver a Blink ni en pintura, ahora mantiene una cordial amistad con la otra chica (que por cierto, dejó a Blink: ¡chicas unidas, jamás serán vencidas!)ya que es camarera de vez en cuando en nuestro bar favorito.
Y así se cerró otro círculo vicioso y otra rana que volvió al lago.
Esta historia termina en el pasado verano, quizás algunas recuerden la entrada que dediqué a nuestros "amigos" holandeses, pues eso, que no solo yo me hice amiga de ellos. Ela está de acuerdo conmigo en que Holanda es un país maravilloso por cuestiones... llamémoslas antropológicas.
En fin... y es que si echamos la vista atrás menudo zoo el de Ela. ¿De dónde han salido semejantes especímenes? Los únicos decentes han sido los de una noche... ¡y quizás porque no les dio tiempo a fastidiarla! La gota que colma el vaso ocurrió hace un par de meses cuando Ela me contó la proposición que le había hecho un antiguo compañero de clase (del que yo no tengo recuerdos, pero esa es mi memoria, nula como siempre). Fue por msn, chat o cualquiera de esas pseudo-formas de comunicación y fue tal cual:
Espécimen de otro planeta: -¿Tienes novio o alguien en mente?
Ela: -No, la verdad
EDOP: -Es verdad, ya me acuerdo que eras un poco rara y tenías carácter...
(Ela en su interior flipando, algo así como... wtf?): ¿rara? ¿por qué?
EDOP: No sé, te recuerdo así pero tenías algo que en su tiempo me gustó. Un día de estos me gustaría dar una vuelta contigo...
Yaaaa claro, ahora se le llama "dar una vuelta"... Supongo que no hará falta decir que la respuesta de Ela fue una negación total y que hizo todo lo posible por evitar nuevos contactos con semejante especimen. No, si ya lo decimos nosotras, nos falta el latigo para ser domadoras en el circo.
martes, 25 de enero de 2011
Apropiadas coincidencias
Bucay está triste, días grises en su alma, días de lluvia.
Y justo hoy conozco un poquito más otra alma nueva, MMT. Para ella la lluvía tiene otro significado por lo que parece, ¿lo ves Bucay? Todo mejora. Todo va a mejorar. Simplemente quieres quererlo y si no... siempre podemos bailar bajo la lluvia, reiremos tan alto que los truenos quedarán mudos.
Y justo hoy conozco un poquito más otra alma nueva, MMT. Para ella la lluvía tiene otro significado por lo que parece, ¿lo ves Bucay? Todo mejora. Todo va a mejorar. Simplemente quieres quererlo y si no... siempre podemos bailar bajo la lluvia, reiremos tan alto que los truenos quedarán mudos.
miércoles, 5 de enero de 2011
Afrontar y no esconderse
La falta de problemas me lleva siempre a buscar problemas nuevos. Y es que, no puedo vivir sin complicarme la vida. Aunque quizás no sea solo cosa mía, quizás de verdad tenga que hacer frente a un problema. A algo un poco más gordo de lo que pensaba. Algo que no tengo ganas de enfrentar.
Odio sentirme como una cría, y él lo consigue. Agg, eso es un problema, un gran problema. Dios mío, algo empieza a pasar y yo sin mis defensas a punto.
Odio sentirme como una cría, y él lo consigue. Agg, eso es un problema, un gran problema. Dios mío, algo empieza a pasar y yo sin mis defensas a punto.
lunes, 3 de enero de 2011
Rompiendo esquemas
Me mira sonriente. Me agarra la mano. Se inclina y me besa, suave. Después se acerca a mi oreja, mientras yo cierro los ojos, y me susurra algo. Los abro de golpe, él se empieza a reír y yo le empujo bromeando. Sabe que no me gustan las cursilerías.
A él le encantan. Más que las cursilerías, romper mis esquemas. Romper mis reglas, mis fases establecidas, todo lo que hasta ahora he dado por supuesto. Dice que las normas están hechas para romperse y yo sacudo la cabeza. Me desconcierta siempre. Y eso también le encanta.
Siento que no tengo el control, que no sé nada. Ni hacia donde vamos, ni como, ni hasta cuando. Y tengo al mismo tiempo la sensación, de que no me importa demasiado mientras esté a mi lado. Las preocupaciones se desvanecen, los miedos se atenúan y mis inseguridades se quiebran.
Bah, habrá que empezar pronto a encontrarle fallos o acabará volviéndome loca.
A él le encantan. Más que las cursilerías, romper mis esquemas. Romper mis reglas, mis fases establecidas, todo lo que hasta ahora he dado por supuesto. Dice que las normas están hechas para romperse y yo sacudo la cabeza. Me desconcierta siempre. Y eso también le encanta.
Siento que no tengo el control, que no sé nada. Ni hacia donde vamos, ni como, ni hasta cuando. Y tengo al mismo tiempo la sensación, de que no me importa demasiado mientras esté a mi lado. Las preocupaciones se desvanecen, los miedos se atenúan y mis inseguridades se quiebran.
Bah, habrá que empezar pronto a encontrarle fallos o acabará volviéndome loca.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Not regrets
Termino de chuparme los dedos y me paso la lengua por los labios mientras sonrío. Delicioso. Me limpio las manos con una servilleta y comienzo a escribir con Katy perry de fondo. Estoy relajada, sonrío feliz. Las cosas resultan últimamente más fáciles que de costumbre.
Tengo ganas de bailar. Ahora me arrepiento de no haberme ido de fiesta, pero no pasa nada. Habrá otros días, otras noches, muchas más. Hoy escribo, mi segundo placer; justo después de vivir.
Tengo ganas de bailar. Ahora me arrepiento de no haberme ido de fiesta, pero no pasa nada. Habrá otros días, otras noches, muchas más. Hoy escribo, mi segundo placer; justo después de vivir.
domingo, 12 de diciembre de 2010
POR FIN!
Y vuelvo a renacer. Joder, hace meses que no me sentía así. ¿Así cómo? Como yo misma. He necesitado una fiesta y un pequeño empujón para lanzarme, soltarme la melena y ser yo misma.
Me olvidé de él. Por completo. E hice todo eso que tenía ganas de hacer pero que me había prohibido por una vana esperanza de, así, conseguirlo de nuevo. Tonteé, mucho. Bebí y fumé de gorra, mucho. Hablé con todo cristo, y lié a algún que otro, mucho.
Bien, por fin era yo con Ela. Ela y yo sin ataduras. Riéndonos, bebiéndonos el mundo.
¡Joder si! ¡He vuelto! Se acabaron los días grises, los días de lluvia en mi alma. Y volvieron las ganas de fiesta, de explorar lo inexplorado, de hacer lo imposible y volverlo posible.
Queda Astrid para rato.
Me olvidé de él. Por completo. E hice todo eso que tenía ganas de hacer pero que me había prohibido por una vana esperanza de, así, conseguirlo de nuevo. Tonteé, mucho. Bebí y fumé de gorra, mucho. Hablé con todo cristo, y lié a algún que otro, mucho.
Bien, por fin era yo con Ela. Ela y yo sin ataduras. Riéndonos, bebiéndonos el mundo.
¡Joder si! ¡He vuelto! Se acabaron los días grises, los días de lluvia en mi alma. Y volvieron las ganas de fiesta, de explorar lo inexplorado, de hacer lo imposible y volverlo posible.
Queda Astrid para rato.
lunes, 6 de diciembre de 2010
Atrévete
Cierra los ojos. Inspira y sonríe. Ahora empieza a caminar al borde del acantilado.
¿Acaso tienes miedo? ¿Acaso tendrías que tenerlo?
Bah, lleva siempre un arnés de amistad, no dudes de que siempre te recogerá. Así que atrévete a andar, correr e incluso a saltar.
Nunca sabes qué o quién te espera abajo...
¿Acaso tienes miedo? ¿Acaso tendrías que tenerlo?
Bah, lleva siempre un arnés de amistad, no dudes de que siempre te recogerá. Así que atrévete a andar, correr e incluso a saltar.
Nunca sabes qué o quién te espera abajo...
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Retazos de una vida pasada, pero no por ello menos válido.
Que no te engañen. No existen los cuentos de hadas, las princesas viven en cuentos de terror. Cuentos donde nadie dice lo que piensa, ni hace lo que desea; sino lo que se supone que tiene que decir y hacer. Allí, los vestidos y zapatos son incómodos, no dejan correr; ni vivir en realidad. Los príncipes no son tan buenos y no protegen, solo aprisionan y ahogan. Los dragones a su lado son una bendición, y es que por lo menos a esos puedes odiarlos. Porque el problema comienza cuando quien amas es quien te está matando por dentro.