Soul of music.
astrid.rhys.jones@hotmail.com
sábado, 6 de noviembre de 2010
Cuando no se puede, no se puede y...
La noche pudo haber sido perfecta, fui yo quien la cagué. Bueno yo y los dj´s con esa música pro-migraña. Pero sobre todo yo.
Y es que lo tenía todo... ¡menos a él! Maldita de mí por no saber conformarme, pero es que llevo las ganas de lucha en las venas. Todos la tenemos, aunque algunos más marcada que otros.
Como me decía Patri "¡Astrid! ¡Marca territorio!" y juro que lo intenté. Pero en fin, una cosa es marcar territorio, y otra ir a la caza de la zorra de turno o enjaurlarlo entre tus brazos... y ESO NO GRACIAS.
Se hizo lo que se pudo y más. Los tacones, el vestido, el pelo... pero no pudo ser. Lo bueno es que bailé, desfasé y estuve con toda esa gente que adoro.
Y es que cuando no se puede, no se puede y... bailas, sonríes, ríes, bebes, olvidas. MENTIRA. Varias de mis nenas se preocuparon por mi por estar tan upset... pero juro que era más culpa del dolor de pies que por el chaval.
Total, reventadas todas. Cinco y media de la mañana y no podíamos ni con nuestra alma. Así que me colgué a dos de ellas, una de cada brazo, y allá que fuimos a la búsqueda de un taxi.
El taxista, un tío muy cachondo, tenía ganas de charla. Así que entre él y las chicas se pusieron a arreglar mi vida amorosa... ¡o más bien a liarme la cabeza todavía más! Y ya de paso a hundirme en la más mísera misería. Y es que decidieron tras discutirlo mucho que si no me había liado con el chaval, es porque estuvo tonteando con otra. Que si no bailaba conmigo no era porque se encontrara mal y se fuera a ir a casa (se fue a casa), sino porque se encontraba mal porque no se había liado con la otra.
Bueh, porque tenía demasiado sueño para darle vueltas al tema cuando llegué a mi cuarto y caí rendida que sino mi cerebro habría acabado en paralisis o con una trombosis después de ese bombardeo.
Mis amigas, el taxista. Gente maja. Mi amor, chico increíble. Y yo, solo yo. Decididamente seguiré fiándome de mi instinto, pero la verdad es que ya no tengo muchas ganas de luchar ¿o sí? No sé. Quizás haya llegado la hora de simplemente... Estar con quien realmente me quiere. =)
Y es que lo tenía todo... ¡menos a él! Maldita de mí por no saber conformarme, pero es que llevo las ganas de lucha en las venas. Todos la tenemos, aunque algunos más marcada que otros.
Como me decía Patri "¡Astrid! ¡Marca territorio!" y juro que lo intenté. Pero en fin, una cosa es marcar territorio, y otra ir a la caza de la zorra de turno o enjaurlarlo entre tus brazos... y ESO NO GRACIAS.
Se hizo lo que se pudo y más. Los tacones, el vestido, el pelo... pero no pudo ser. Lo bueno es que bailé, desfasé y estuve con toda esa gente que adoro.
Y es que cuando no se puede, no se puede y... bailas, sonríes, ríes, bebes, olvidas. MENTIRA. Varias de mis nenas se preocuparon por mi por estar tan upset... pero juro que era más culpa del dolor de pies que por el chaval.
Total, reventadas todas. Cinco y media de la mañana y no podíamos ni con nuestra alma. Así que me colgué a dos de ellas, una de cada brazo, y allá que fuimos a la búsqueda de un taxi.
El taxista, un tío muy cachondo, tenía ganas de charla. Así que entre él y las chicas se pusieron a arreglar mi vida amorosa... ¡o más bien a liarme la cabeza todavía más! Y ya de paso a hundirme en la más mísera misería. Y es que decidieron tras discutirlo mucho que si no me había liado con el chaval, es porque estuvo tonteando con otra. Que si no bailaba conmigo no era porque se encontrara mal y se fuera a ir a casa (se fue a casa), sino porque se encontraba mal porque no se había liado con la otra.
Bueh, porque tenía demasiado sueño para darle vueltas al tema cuando llegué a mi cuarto y caí rendida que sino mi cerebro habría acabado en paralisis o con una trombosis después de ese bombardeo.
Mis amigas, el taxista. Gente maja. Mi amor, chico increíble. Y yo, solo yo. Decididamente seguiré fiándome de mi instinto, pero la verdad es que ya no tengo muchas ganas de luchar ¿o sí? No sé. Quizás haya llegado la hora de simplemente... Estar con quien realmente me quiere. =)
domingo, 17 de octubre de 2010
El cine de las butacas malas
Está al lado de la academia del British. Ésa a la que iba a estudiar inglés los viernes por las tardes. No es demasiado grande, las butacas son malas y la disposición de la sala todavía peor. Solo he ido una vez en toda mi vida. Aun así guardo un recuerdo increíble y genial de él, de esa vez.
Fui con él. Yo me escapé antes de la clase para llegar a la sesión de las ocho y cuarto, corrí escaleras abajo y por la calle, hasta llegar a la parte delantera. Ahí estaba él, esperándome. Sentado en el banco. Sonrió, sonreí. Como ya he dicho las butacas era incomodas, la película no valía para mucho pero tampoco es que la siguiéramos demasiado. Me bastaba tenerle al lado dándome la mano, besándome, susurrándome hasta hacerme reír. Desde ese momento amé ese cine.
Hacía mucho tiempo que no pasaba por ahí. Hoy lo hice y me paré simplemente a mirarlo, con cariño, con añoranza.
-Qué raro que esté cerrado hoy...-dije extrañada.
-No, es que lo han cerrado para siempre.-Me dijo al oírme una señora que pasaba por ahí.
Me acerqué sin poder creerlo. Pero sí: los carteles de estreno eran de mayo, la ventanilla mostraba una oficina vacía y la parte de dentro se veía llena de basura a través de la reja de la persiana.
Falta de audiencia, supongo. Y ¡pluff! lo cerraron. El tiempo pasa, las cosas cambian. Pero no solo se acabó el cine de las butacas malas... creo que también se me acabó el amor. Yo habría ido todas las semanas de mi vida para que lo mantuvieran abierto... de la misma manera que habría pasado el resto de mi vida con él para poder seguir amándolo cada día un poquito más.
Fui con él. Yo me escapé antes de la clase para llegar a la sesión de las ocho y cuarto, corrí escaleras abajo y por la calle, hasta llegar a la parte delantera. Ahí estaba él, esperándome. Sentado en el banco. Sonrió, sonreí. Como ya he dicho las butacas era incomodas, la película no valía para mucho pero tampoco es que la siguiéramos demasiado. Me bastaba tenerle al lado dándome la mano, besándome, susurrándome hasta hacerme reír. Desde ese momento amé ese cine.
Hacía mucho tiempo que no pasaba por ahí. Hoy lo hice y me paré simplemente a mirarlo, con cariño, con añoranza.
-Qué raro que esté cerrado hoy...-dije extrañada.
-No, es que lo han cerrado para siempre.-Me dijo al oírme una señora que pasaba por ahí.
Me acerqué sin poder creerlo. Pero sí: los carteles de estreno eran de mayo, la ventanilla mostraba una oficina vacía y la parte de dentro se veía llena de basura a través de la reja de la persiana.
Falta de audiencia, supongo. Y ¡pluff! lo cerraron. El tiempo pasa, las cosas cambian. Pero no solo se acabó el cine de las butacas malas... creo que también se me acabó el amor. Yo habría ido todas las semanas de mi vida para que lo mantuvieran abierto... de la misma manera que habría pasado el resto de mi vida con él para poder seguir amándolo cada día un poquito más.
martes, 12 de octubre de 2010
¿Es posible que dos personas se amen y simplemente... no sea suficiente?
Sí, lo es. A veces el amor se nos queda pequeño, inservible y roto de tanto usarlo. Quien sabe, quizás debieramos comprar uno nuevo... ¿o quizás crees que pudieramos renovarlo? Lo vintage siempre ha sido un must...
I love you. =)
Sí, lo es. A veces el amor se nos queda pequeño, inservible y roto de tanto usarlo. Quien sabe, quizás debieramos comprar uno nuevo... ¿o quizás crees que pudieramos renovarlo? Lo vintage siempre ha sido un must...
I love you. =)
sábado, 2 de octubre de 2010
Nadie te prepara nunca para los golpes duros. Esos simplemente tienes que pasarlos tú sola, sin nada bajo tus pies y todo sobre tu cabeza.
No es fácil, ni se te pasa de un día para otro. Ni siquiera de una semana a otra, o de mes a mes. No. No, no. No cuando realmente has sentido de verdad. No cuando realmente has volado alto y sin saber muy bien como, has caído de repente.
Lleva algo más de tiempo, incluso toda una vida. Y tampoco tiene una solución mágica. Es simplemente volver a desear volar.
Pero para volar primero necesitarás levantar los ojos al cielo, arreglar tus alas. Y ahí, tampoco te puede ayudar nadie más. Tú tienes que hacerlo. Tú, y solo tú.
Arregla esas fucking alas, y cósetelas a la espalda. Siente el dolor de la aguja con cada puntada, siente el dolor de tu corazón con cada retazo de él. Y saboréalo. Suena a locura, pero te juro que realmente lo harás. Disfrutarás de ese dolor, porque es todo lo que te ha quedado de ese amor. Serás una completa masoquista y no querrás dejar de serlo...
Hasta que te insensibilices. Dejarás de sentir las puntadas, las agujas no tendrán ningun efecto, su voz no será más que cualquier otra entre tantas otras. Y quizás algún día volverás a volar.
O quizás no. Yo no lo deseo, amo demasiado el dolor que ha sobrevivido de todo ese vuelo pasado. No. Definitivamente yo no quiero insensibilizarme.
Quiero ser la perfecta masoquista adicta a tus puntadas por siempre...
No es fácil, ni se te pasa de un día para otro. Ni siquiera de una semana a otra, o de mes a mes. No. No, no. No cuando realmente has sentido de verdad. No cuando realmente has volado alto y sin saber muy bien como, has caído de repente.
Lleva algo más de tiempo, incluso toda una vida. Y tampoco tiene una solución mágica. Es simplemente volver a desear volar.
Pero para volar primero necesitarás levantar los ojos al cielo, arreglar tus alas. Y ahí, tampoco te puede ayudar nadie más. Tú tienes que hacerlo. Tú, y solo tú.
Arregla esas fucking alas, y cósetelas a la espalda. Siente el dolor de la aguja con cada puntada, siente el dolor de tu corazón con cada retazo de él. Y saboréalo. Suena a locura, pero te juro que realmente lo harás. Disfrutarás de ese dolor, porque es todo lo que te ha quedado de ese amor. Serás una completa masoquista y no querrás dejar de serlo...
Hasta que te insensibilices. Dejarás de sentir las puntadas, las agujas no tendrán ningun efecto, su voz no será más que cualquier otra entre tantas otras. Y quizás algún día volverás a volar.
O quizás no. Yo no lo deseo, amo demasiado el dolor que ha sobrevivido de todo ese vuelo pasado. No. Definitivamente yo no quiero insensibilizarme.
Quiero ser la perfecta masoquista adicta a tus puntadas por siempre...
miércoles, 22 de septiembre de 2010
¿Y esto qué es?
Quemé nuestras fotos, rompí sus regalos, borré sus mensajes. Me deshice de su olor en mi ropa, de sus notas cariñosas. Pero olvidé eliminar lo más importante, lo que más me recordaba a él... A mí misma. A mí y mis veinte mil lunares, a mí y mis labios, a mí y mi pelo enredado.Es imposible que lo llegue nunca a olvidar, que lo llegue a eliminar completamente nunca.
Él es parte de mí, de mi cuerpo, de mi alma. Y yo... yo soy parte de él. ¿Y esto? Esto, ¿qué es? Amor, my darling, amor. Amor del que te hace vibrar, y quizás también morir.
Él es parte de mí, de mi cuerpo, de mi alma. Y yo... yo soy parte de él. ¿Y esto? Esto, ¿qué es? Amor, my darling, amor. Amor del que te hace vibrar, y quizás también morir.
martes, 7 de septiembre de 2010
Amor-odio pero siempre con un poco más de amor
Ella intentó zafarse pero solo consiguió cansarse todavía más.
-¿Ya?- Le preguntó él irónico. Como respuesta Nell le escupió en la cara. Mientras con la izquierda el retenía las manos de ella por encima de su cuerpo con la otra se limpió el escupitajo de los labios. Después, sonriendo; deslizó uno de los dedos por los labios de Nell. Rápida, intentó morderle con una mirada furiosa. Pero él, atento; se apartó antes.
Ella respiraba agitadamente, cansada. Cansada de esa lucha, de ese amor-odio que tanto los envenenaba. Y todo eso lo dijeron sus ojos. Él se asustó, se asustó pensando que pudiera perderla ahí mismo e inmediatamente soltó sus brazos y la agarró delicadamente de la cintura, dejándola protegida entre la pared y él mismo.
Y ella se echó a llorar.
-Déjame irme, quiero irme.-Sollozó sin poder controlar las lágrimas. Él la abrazó asustado, sin poder dejarla marchar porque dolería demasiado y ella se apoyó en su pecho manchándole la camiseta de rímel corrido.
Una vez más serena hizo amago de separarse, pero él seguía abrazándola sin hacer fuerza pero también sin mover un ápice los brazos alrededor de sus hombros.
-Nell...-Empezó a hablar mirando hacia abajo, intentando encontrarse con su mirada.
Como respuesta Nell intentó hacer desaparecer los surcos de rímel y agua salada de su cara, avergonzada por haberse permitido semejante debilidad, sin atreverse a mirarlo. Él la sacudió ligeramente haciéndole levantar la mirada. Sus ojos se encontraron.
-Nell ¿qué nos pasa? ¿por qué no sabemos "estar bien" como los demás?
-Supongo que no somos como los demás-Le responde ella con una sonrisa nerviosa.-Y cada vez nos hacemos más daño...-Su mirada se entristece otra vez y él se da cuenta.
-Pero yo... yo creo que te quiero.-Inspira ante lo que acaba de soltar.
Ella lo mira sorprendida pero se sorprende todavía más cuando de su propia boca salen esas mismas palabras.
-Yo también creo que te quiero.
Se quedan ahí, sin saber cómo continuar, sin saber qué hacer. Nell ve a lo lejos la ciudad encendida, continuando en el tiempo inexorable sin contar con que la vida de ellos dos se hubiera detenido. Suspira.
-Pero nosotros... nosotros nunca conseguimos estar bien y creo que solo acabamos haciéndonos daño.
Una lágrima se desliza por su mejilla. Él se inclina y la besa, justo ahí, atrapando esa gota salada de dolor. Y de repente lo tiene claro.
-Nell, sal conmigo por favor. Sé mi chica. No sé cómo van estas cosas, nunca he sido de estar más de una noche seguida con la misma, pero si hoy me preguntaran quisiera que tú fueras mi presente y futuro. Hagamos que esto funcione, intentemos dejar de hacernos daño.
Ella lo mira sorprendida. Como toda respuesta lo abraza y él suspira aliviado entre el dulce olor de los mechones de su pelo.
-¿Ya?- Le preguntó él irónico. Como respuesta Nell le escupió en la cara. Mientras con la izquierda el retenía las manos de ella por encima de su cuerpo con la otra se limpió el escupitajo de los labios. Después, sonriendo; deslizó uno de los dedos por los labios de Nell. Rápida, intentó morderle con una mirada furiosa. Pero él, atento; se apartó antes.
Ella respiraba agitadamente, cansada. Cansada de esa lucha, de ese amor-odio que tanto los envenenaba. Y todo eso lo dijeron sus ojos. Él se asustó, se asustó pensando que pudiera perderla ahí mismo e inmediatamente soltó sus brazos y la agarró delicadamente de la cintura, dejándola protegida entre la pared y él mismo.
Y ella se echó a llorar.
-Déjame irme, quiero irme.-Sollozó sin poder controlar las lágrimas. Él la abrazó asustado, sin poder dejarla marchar porque dolería demasiado y ella se apoyó en su pecho manchándole la camiseta de rímel corrido.
Una vez más serena hizo amago de separarse, pero él seguía abrazándola sin hacer fuerza pero también sin mover un ápice los brazos alrededor de sus hombros.
-Nell...-Empezó a hablar mirando hacia abajo, intentando encontrarse con su mirada.
Como respuesta Nell intentó hacer desaparecer los surcos de rímel y agua salada de su cara, avergonzada por haberse permitido semejante debilidad, sin atreverse a mirarlo. Él la sacudió ligeramente haciéndole levantar la mirada. Sus ojos se encontraron.
-Nell ¿qué nos pasa? ¿por qué no sabemos "estar bien" como los demás?
-Supongo que no somos como los demás-Le responde ella con una sonrisa nerviosa.-Y cada vez nos hacemos más daño...-Su mirada se entristece otra vez y él se da cuenta.
-Pero yo... yo creo que te quiero.-Inspira ante lo que acaba de soltar.
Ella lo mira sorprendida pero se sorprende todavía más cuando de su propia boca salen esas mismas palabras.
-Yo también creo que te quiero.
Se quedan ahí, sin saber cómo continuar, sin saber qué hacer. Nell ve a lo lejos la ciudad encendida, continuando en el tiempo inexorable sin contar con que la vida de ellos dos se hubiera detenido. Suspira.
-Pero nosotros... nosotros nunca conseguimos estar bien y creo que solo acabamos haciéndonos daño.
Una lágrima se desliza por su mejilla. Él se inclina y la besa, justo ahí, atrapando esa gota salada de dolor. Y de repente lo tiene claro.
-Nell, sal conmigo por favor. Sé mi chica. No sé cómo van estas cosas, nunca he sido de estar más de una noche seguida con la misma, pero si hoy me preguntaran quisiera que tú fueras mi presente y futuro. Hagamos que esto funcione, intentemos dejar de hacernos daño.
Ella lo mira sorprendida. Como toda respuesta lo abraza y él suspira aliviado entre el dulce olor de los mechones de su pelo.
martes, 31 de agosto de 2010
Tener a tu ex cerca y vivir para contarlo Vol. II
Hoy sigo con el manual. Porque más que nunca me viene de perlas. Aunque es difícil hacer un manual de como sobrevivir a tu ex si estás más que nada enamorada de él todavía, y eso incluso después de haber salido luego (fracaso) con otro chico.
Pero la verdad es que estoy aprendiendo a manejar sentimientos que nunca antes había sentido, emociones que nunca había pensado que me golpearían con tanta fuerza y tonterías varias que pensaba que alguien como YO nunca ¡pero nunca! haría.
1. He comprendido que llorar es bueno. Llorar, destrozar cualquier objeto blando que encuentre por la casa (blandos porque si te ensañas con la pared te dolerá, en serio; duele), incluso poner la canción más triste que tengas y cantarla pensando en el por qué de que todo haya salido tan mal.
2. He descubierto que ELLAS siempre están ahí. Da igual lo mal que haya hecho yo también, él es el cerdo, él es el egoísta, y ellas son mis amigas pase lo que pase. Simplemente sentir como te agarran del brazo cuando crees que a las tres de la mañana vas a derrumbarte llorando en mitad de una calle plagada de gente, te da las fuerzas suficientes por lo menos para llegar hasta la esquina.
Están son las dos mejores cosas que estoy sacando de todo esto. Estoy soltando un montón de adrenalina y valorando todavía más (si es que eso es posible) a mis chicas.
Pero también estoy aprendiendo otras cosas.
1. Que llega un momento, cuando ya has llorado y destrozado toda la casa a tu paso; en el que tienes que secarte las lágrimas, ponerte mona, llamar a tus chicas y salir de fiesta hasta que amanezca. Y sobre todo, sonreír.
Y finalmente que NO puedo controlarlo todo. Que hay cosas que simplemente suceden sin que yo no pueda hacer nada, y que si ya he intentado TODO, TODO, TODO para estar con él y no lo he conseguido... Que solo me queda esperar olvidarlo y de mientras, quererle. Porque si él es feliz así, yo no puedo menos que serlo.
Pero la verdad es que estoy aprendiendo a manejar sentimientos que nunca antes había sentido, emociones que nunca había pensado que me golpearían con tanta fuerza y tonterías varias que pensaba que alguien como YO nunca ¡pero nunca! haría.
1. He comprendido que llorar es bueno. Llorar, destrozar cualquier objeto blando que encuentre por la casa (blandos porque si te ensañas con la pared te dolerá, en serio; duele), incluso poner la canción más triste que tengas y cantarla pensando en el por qué de que todo haya salido tan mal.
2. He descubierto que ELLAS siempre están ahí. Da igual lo mal que haya hecho yo también, él es el cerdo, él es el egoísta, y ellas son mis amigas pase lo que pase. Simplemente sentir como te agarran del brazo cuando crees que a las tres de la mañana vas a derrumbarte llorando en mitad de una calle plagada de gente, te da las fuerzas suficientes por lo menos para llegar hasta la esquina.
Están son las dos mejores cosas que estoy sacando de todo esto. Estoy soltando un montón de adrenalina y valorando todavía más (si es que eso es posible) a mis chicas.
Pero también estoy aprendiendo otras cosas.
1. Que llega un momento, cuando ya has llorado y destrozado toda la casa a tu paso; en el que tienes que secarte las lágrimas, ponerte mona, llamar a tus chicas y salir de fiesta hasta que amanezca. Y sobre todo, sonreír.
Y finalmente que NO puedo controlarlo todo. Que hay cosas que simplemente suceden sin que yo no pueda hacer nada, y que si ya he intentado TODO, TODO, TODO para estar con él y no lo he conseguido... Que solo me queda esperar olvidarlo y de mientras, quererle. Porque si él es feliz así, yo no puedo menos que serlo.
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Retazos de una vida pasada, pero no por ello menos válido.
Que no te engañen. No existen los cuentos de hadas, las princesas viven en cuentos de terror. Cuentos donde nadie dice lo que piensa, ni hace lo que desea; sino lo que se supone que tiene que decir y hacer. Allí, los vestidos y zapatos son incómodos, no dejan correr; ni vivir en realidad. Los príncipes no son tan buenos y no protegen, solo aprisionan y ahogan. Los dragones a su lado son una bendición, y es que por lo menos a esos puedes odiarlos. Porque el problema comienza cuando quien amas es quien te está matando por dentro.