-Apóyate aquí-Me dice con esa voz que me vuelve loca. Me apoyo en su pecho y abrazo su cintura con mi brazo izquierdo. Puedo escuchar los latidos de su corazón, acelerados de por sí y frenéticos cada vez que me muevo. El mío propio está igual. Se mueve despacio, con cautela, dudando de si acaso yo quiero o es siquiera el momento de intentarlo.
Su mano me acaricia la cintura, despacio, sin prisas, sin forzar las cosas. Yo recorro el contorno de sus músculos con mis dedos. Seguimos respirando al compás, nuestros corazones latiendo al ritmo.
Los dos estamos impacientes, los dos nos tenemos ganas. Y cuando creo que ya voy a tener que pedirle que me bese, o robarle yo a él un beso... me agarra fuerte, pone mi cara a la altura de la suya y tras esos segundos previos a cualquier beso, sus labios tocan los míos.
Nuestras respiraciones al unísono, nuestros corazones al ritmo, porque en ese momento Saúl y yo somos uno solo; aunque sea solo por una noche, por un instante y mañana nuestro aliento acompañe a otros y nuestros corazones toquen otro ritmo.

1 comentarios:
Dios... estoy desganadísima de hombres... ayer tuve la desgracia de toparme con el mio... y gracias a el me siento como una puta más del monton. fuck off!
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